Nos Queda La Palabra

junio 7, 2011

Tengo que fabricar vida…

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“Tengo que fabricar vida con tanta muerte. Y la mejor forma de conseguirlo es la escritura. En eso estoy: solo puedo vivir asumiendo esta muerte mediante la escritura, pero la escritura me prohíbe literalmente vivir”.

La escritura o la vida. Jorge Semprún

 

In memorian

octubre 6, 2010

…en el pecho lo que soy

 

FlamencoDeLaHistoria

 

Dios de la nada

(Camarón-Tomatito-Paco de Lucía)

 

Tengo en vez de un corazón

no sé cuantos corazones

Tengo en vez de un corazón

en el pecho lo que soy

Y todos me piden amor

y  uno a uno se lo doy

 

Dios de la nada,

fuera del espino,

prepárame un laíto´

pa´que yo pueda llevar

al que allí quiera mi sitio

 

Dulce hada

que me estás haciendo volar

te doy la via´

y la muerte que me das

Reforzaré las venas con mi piel

tengo mi sangre en las venas cargás´

 

Solo, me encuentro mu´solo,

cuando me miro al espejo

ya no sé ni lo que digo:

vivo con el pensamiento,

Sin un amigo, sin un amigo.

Sólo palabras

que se lleva el viento

vuelvo a cantarle

al mundo que yo siento:

vuelvo a vivir con mis alegrías

sin olviar´que yo vivo sufriendo

 

Salí de la tierra,

nací de tu vientre

Ay, mare Juana,

que me quitan la vía´

sólo quieren mi muerte.

 

 

Palabras clave l   GALERÍA DE FOTOS. PACO DE LUCÍA & FLAMENCO SOY

                                   Flamenco-world.com

 

mayo 29, 2010

…y en la sombra lloró.

 

Fortalecido estoy contra tu pecho

y augusta piedra fría,

bajo tus ojos crepusculares,

¡oh madre inmortal!

 

Himno a la tristeza.  La realidad y el deseo. Luis Cernuda

 

*

Bien pudiera ser que todo lo que en verso he sentido

no fuera más que aquello que nunca pudo ser,
no fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer.

Dicen que en los solares de mi gente, medido
estaba todo aquello que se debía hacer…
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna… Ah, bien pudiera ser…

A veces en mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero, se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloró.

Y todo esto mordiente, vencido, mutilado,
todo esto que se hallaba en su alma encerrado,

pienso que sin quererlo lo he libertado yo.

 

Alfonsina Storni, Bien pudiera ser

 

 

Fuente l Wikipedia

*

 Fragensteller56

 Stan Getz-Autumn Leaves

 

Las hojas muertas   

Oh, me gustaría tanto que recordaras
Los días felices cuando éramos amigos…
En aquel tiempo la vida era más hermosa
Y el sol brillaba más que hoy.
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo…
¿Ves? No lo he olvidado…
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo
Los recuerdos y las penas, también.
Y el viento del norte se las lleva
En la noche fría del olvido
¿Ves? No he olvidado
la canción que tú me cantabas.

Es una canción que nos acerca
Tú me amabas y yo te amaba
Vivíamos juntos
Tú, que me amabas, y yo, que te amaba…
Pero la vida separa a aquellos que se aman
Silenciosamente sin hacer ruido
Y el mar borra sobre la arena
El paso de los amantes que se separan.

Las hojas muertas se recogen con un rastrillo.
Los recuerdos y las penas, también.
Pero mi amor, silencioso y fiel
Siempre sonríe y le agradece a la vida.
Yo te amaba, y eras tan linda…
¿ Cómo crees que podría olvidarte ?
En aquel tiempo la vida era más hermosa
Y el sol brillaba más que hoy
Eras mi más dulce amiga,
Mas no tengo sino recuerdos
Y  la canción que tú me cantabas,
¡Siempre, siempre la recordaré!

                                         Jacques Prévert

 

 Fuente l  A Media Voz

 

Comment veux-tu que je t’oublie?

 

 

marzo 20, 2010

Hacia el último cielo…

 

(…)

Tan sólo un breve espacio

De amor esperanzado,

 

Antes que el plazo acabe

De vivir, a tu imagen

 

Tan querida me vuelvo

Aquí, en el pensamiento.

 

Y aunque tú no has de verlas,

Para hablar con tu ausencia

 

Estas líneas escribo

Únicamente por estar contigo.

 

Para ti, para nadie. Poemas para un cuerpo. Luis Cernuda

 

 

 

 Todo esto por amor

Derriban gigantes de los bosques para hacer un durmiente,

Derriban los instintos como flores,

Deseos como estrellas,

Para hacer sólo un hombre con su estigma de hombre.

 

Qué derriben también imperios de una noche,

Monarquías de un beso,

No significa nada;

Que derriben los ojos, que derriben las manos como

             estatuas vacías,

Acaso dice menos.

 

Mas este amor cerrado por ver sólo su forma,

Sus formas entre las brumas escarlata

Quiere imponer la vida, como otoño ascendiendo tantas

             hojas

Hacia el último cielo,

Donde estrellas sus labios dan a otras estrellas,

Donde mis ojos, estos ojos,

Se despiertan en otros.

 

De Un río, un amor (1929). Luis Cernuda.

 

 

Entonces hubo suspiros, tanto más hondos cuanto más ahogados,

y miradas de reojo, tanto más dulces cuanto ocultas,

y rubores, aunque no los rubores de la culpa.

 

Don Juan, C.I. est, est. 74. Lord Byron

 

Pequeños acontecimientos. Rojo y negro. Stendhal

 

 

 

saoriminami

Esta Tarde Vi Llover – Trio Los Panchos

 (Autor: Armando Manzanero)

 

Amigo,  hermano. Compañero

No, no es el amor quien muere. 

 

 

febrero 6, 2010

«Surge amica mea et veni»

 

 «Cuando iba Jaime Gil de Biedma a Roma solíamos pasear por la Via Apia, donde todavía tengo un amante que me espera (…) Mi enamorado (…) sigue allí, es una estatua».

María Zambrano

 

La llama 

     Asisitida por mi alma antigua, por mi alma primera al fin recobrada, y por tanto tiempo perdida. Ella, la perdidiza, al fin volvió por mí. Yentonces comprendí que ella había sido la enamorada. Y yo había pasado por la vida tan sólo de paso, lejana de mí misma .Y de ella venían las palabras sin dueño que todos bebían sin dejarme apenas nada a cambio. Yo era la voz de esa antigua alma. Y ella, a medida que consumaba su amor, allá, donde yo no podía verla; me iba iniciando a través del dolor del abandono. Por eso nadie podía amarme mientras yo iba sabiendo del amor. Y yo misma tampoco amaba. Sólo una noche hasta el alba. Y allí quedé esperando. Me despertaba con la aurora, si es que había dormido. Y creía que ya había llegado, yo, ella, él… Salía el Sol y el día caía como una condena sobre mí. No, no todavía.

Zambrano, M.:  Diotima de Mantinea, en Hacia un saber sobre el alma, Madrid,
Ed. Alianza, 1989, p. 197

Cita  l  Roma, matria nutricia de María Zambrano

                Por Rogelio Blanco Martínez

                Cervantes Virtual

Texto l  A media voz

Palabras clave l    Algún día en alguna parte l María Zambrano 

.

.

Yo sé que ver y oir a un triste enfada
cuando se viene y va de la alegría
como un mar meridiano a una bahía,
a una región esquiva y desolada.

.

Lo que he sufrido y nada todo es nada
para lo que me queda todavía
que sufrir el rigor de esta agonía
de andar de este cuchillo a aquella espada.

.

Me callaré, me apartaré si puedo
con mi constante pena instante, plena,
a donde ni has de oírme ni de de verte.

.

Me voy, me voy, me voy, pero me quedo,
pero me voy, desierto y sin arena:
adios, amor, adios hasta la muerte.

 

El rayo que no cesa. Miguel Hernández.

 

Foto: Maruja Mallo en su estudio. Madrid, 1936 

 

Imagen l Mujeres en el Arte

 

 

enero 9, 2010

…algo más lejos en la nada

 

15 de enero

Debería abrir una lata. O prepararme un baño. Pero entonces seguiría dando vueltas con mi pensamiento. Si escribo, me ocupo en algo, eso me permite huir. ¿Cuántas horas sin comer? ¿Cuántos días sin lavarme?  (…) , me he encerrado, han llamado al timbre en dos oportunidades, han llamado por teléfono con frecuencia, no respondo nunca, salvo a las ocho de la noche, a Maurice. Llama todos los días, puntualmente, con voz ansiosa:

-¿Qué has hecho hoy?

Contesto que que voy a ver a Isabel, Diana o Colette, que he estado en un concierto, en el cine.

-¿Y qué haces esta noche?

Digo que voy a ver a Diana o Isabelle, que iré al teatro. Insiste:

-¿Estás bien? ¿Duermes bien?

Lo tranquilizo y pregunto como está la nieve: nada extraordinario; y el tiempo tampoco brillante. Hay morosidad en su voz, como si ejecutara en Courchevel una obligación bastante agotadora. Y sé que tan pronto como cuelgue llegará riendo al bar en que Noëllie lo espera y beberán Martinis mientras comentan con animación los incidentes del día.

Eso es lo que he querido, ¿no es cierto?

He elegido enterrarme en mi sepulcro; ya no veo el día ni la noche; cuando ando demasiado mal, cuando todo se vuelve intolerable, trago alcohol, sedantes o somníferos. Cuando va un poco mejor, tomo estimulantes y me zambullo en una novela policiaca: estoy bien abastecida. Cuando el silencio me ahoga, enciendo la radio y me llegan de un planeta lejano voces que apenas comprendo: ese mundo tiene su tiempo, sus horas, sus leyes, su lenguaje, sus preocupaciones, diversiones que me son radicalmetne extraños. ¡A qué grado de abandono se puede llegar cuando se está totalmente sólo, encerrado! La habitación apesta a tabaco y a alcohol, hay ceniza por todas partes, estoy sucia, las sábanas estan sucias, el cielo está sucio, los cristales están sucios, esta suciedad es un caparazón que me protege, no saldré de ella nunca más. Sería fácil deslizarse algo más lejos en la nada, hasta el punto sin retorno. En mi cajón tengo lo que hace falta. ¿Pero no quiero, no quiero! ¡Tengo cuarenta y cuatro años, es demasiado pronto para morir, es injusto! Ya no puedo vivir más. No quiero morir.

Durante dos semanas no he escrito nada en este cuaderno porque me he releído. Y he visto que las palabras no dicen nada. Las rabias, las pesadillas, el horror escapan a las palabras. Pongo cosas en el papel cuando recupero fuerzas. En la desesperación o en la esperanza. Pero la decepción, el embrutecimiento, la descomposición no están anotadas en estas páginas. Y además ¡mienten tanto, se equivocan tanto! ¡Cómo he sido manipulada! Despacio, despacio, Maurice me llevó a decirle: “¡Elige!”, a fin de contestarme: “No renunciaré a Noëllie.” ¡Oh!, no voy a volver a comentar esta historia. No hay una sola linea de este diario que requiera una corrección o un desmentido. Por ejemplo, si lo empecé, en las Salinas, no es a causa de una juventud repentinamente recuperada ni para poblar mi soledad, sino para conjurar una cierta ansiedad que no se confesaba. Estaba oculta en el fondo del silencio y del calor de esa inquietante siesta, ligada a las morosidades de Maurice a su partida. Sí, a todo lo largo de estas páginas yo pensaba lo que escribía y pensaba lo contrario; y  al releerlas me siento completamente perdida. Hay frases que me hacen ruborizar de vergüenza… “Siempre quise la verdad, si la obtuve es porque la quería”. ¡Puede alguien engañarse hasta ese punto respecto a su vida! ¿Todo el mundo es tan ciego o soy tonta entre las tontas? No solamente una tonta. Yo me mentía. ¡Cómo me he mentido! Me relataba que Noëllie no contaba para nada, que Maurice me prefería y sabía perfectamente que era falso. Volví a tomar la pluma no para volver hacia atrás sino porque el vacio era tan inmenso en mí, a mi alrededor, que era preciso este gesto de mi mano para asegurarme de que aún estaba viva.

 

 La mujer rota. Simone de Beauvoir

 

He querido hacer escuchar aquí las voces de tres mujeres que se debaten con palabras en situaciones sin salida. Una tropieza con una ineluctable fatalidad, la de la edad. La segunda conjura por medio de un monólogo parafrenético la soledad adonde la ha arrojado su egoísmo exacerbado. La mujer rota es la víctima estupefacta de la vida que ella misma se eligió: una dependencia conyugal que la deja despojada de todo y de sus ser mismo cuando el amor le es rehusado. Sería en vano buscar moralejas en estos relatos: proponer lecciones , no; mi intención ha sido totalmente diferente. No se vive más que una sola vida, pero, por la simpatía, a veces es posible salirse de de la propia piel. He querido comunicar a mis lectores ciertas experiencias de las cuales participé de esa manera. Me siento solidaria de las mujeres que han asumido su vida y luchan por logar sus objetivos; pero eso no me impide -al contrario- interesarme por aquellas que, de un modo u otro, han fracasado.

  Simone de Beauvoir

 

Fuente original

Simone de Beauvoir

La mujer rota

Título original:

L´age de la discretion   Monologue   La femme rompue

Traducción de Dolores Sierra y N. Sánchez

Revisión de J. Sanjosé-Carvajosa

 

© Editions Gallimard, 1968

© Edhsa, 1980

 

 

Simone de Beauvoir, foto tomada de: http://www.cityofwomen.org

 

Foto l La Jornada Semanal  

Víal  Algún día en alguna parte: Las otras mujeres de Simone de Beauvoir.

 

septiembre 21, 2009

…melancholicos esse

  

Te quiero

 
Te quiero.

Te lo he dicho con el viento
jugueteando tal un animalillo en la arena
o iracundo como órgano tempestuoso;
              
te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;
              
te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;
              
te lo he dicho con las plantas,
leves caricias transparentes
que se cubren de rubor repentino;
              
te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
              
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta;
más allá de la vida
quiero decírtelo con la muerte,
más allá del amor
quiero decírtelo con el olvido.

 

La realidad y el deseo. Luis Cernuda

 

Fuente l A media voz

  

Aristóteles ait: omnes ingeniosos melancholicos esse .

 

Fuente l Lecciones sobre metafísica de lo bello.   Arthur Schopenhauer

 

agosto 25, 2009

En torno a Galileo…

 

Tenemos miedo a nuestra vida que es soledad y huimos de ella, de su auténtica realidad, del esfuerzo que reclama, y escamoteamos nuestro auténtico ser por el de los otros, por la sociedad. Pero esta sociedad no es la compañía efectiva de que en otra jornada hablé: aquélla, por ejemplo, la compañía o sociedad que intenta ser el amor, que era el ensayo de unir mi soledad, la autenticidad de mi vida, a la soledad de otro -que era fundir dos soledades como tales en una como soledad de dos. Mas esta sociedad a que me entrego implica que previamente he renunciado a mi soledad, que me he embotado y cegado para ella , que huyo de ella y de mi mismo para hacerme “los otros”.

Mis opiniones consisten en repetir lo que oigo decir a otros. Pero ¿quién es ese o esos otros a quienes encargo de ser yo? ¡Ah! , nadie determinado: ¿ quién es el que dice lo que se dice? ¿Quién es el sujeto responsable de ese decir social, el sujeto impersonal del se dice? ¡Ah!, pues…la gente. Y la gente no es éste ni aquél- la gente es siempre el otro que no es precisamente éste ni áquél-, es el puro otro, el que no es nadie. La gente es un yo irresponsable, el yo de la sociedad- o social. Y al vivir yo de lo que se dice, y llenar con ello mi vida, he sustituido el yo mismo que soy en mi soledad por el yo-gente  – me he hecho “gente”- en vez de ser mi auténtica vida me la desvivo alterándola.

 

Leer texto completo En torno a Galileo. José Ortega y Gasset

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