Nos Queda La Palabra

marzo 18, 2010

…a lo inmóvil que vibra.

 

-Emoción-

 

 Los dibujos de G. Celaya

48 estados de ánimo:

         Actividad     Borrachera    Desesperación  Espanto   Hipocresia  Luz   Perspicacia

         Romanticismo     Admiración    Brutalidad   Desilusión   Esperanza    Indiferencia

             Memoria      Pesadilla      Sensualidad      Altivez     Colombina     Dificultad

         Excitación   Indignación     Monotonía     Pierrot   Sorpresa    Arlequín   Chic

Emoción

         Fatiga    Insistencia   Orden  Precisión  Trabajo  Astucia   Confusión  Energía

         Fiebre   Inspiración   Pasión    Rabia    Tranquilidad    Benevolencia   Dejadez

                  Esfuerzo   Franqueza   Intuición   Peligro   Resolución   Voluntad

 

 

En el Origen nada existía sino Atman.
Miró en torno a sí, y sólo se vio a sí mismo.
Entonces tuvo miedo: por eso el hombre tiene miedo cuando
 está solo.
Después pensó: «¿De qué tener miedo, puesto que nada existe
sino yo?»
Pero estaba triste: por eso el hombre está triste cuando está
solo.
Entonces deseó un segundo ser.

                                                                                              Upanishad-Brihadaranyaka.

 

EL AMOR Y LA TIERRA

El amor y la tierra se abrazan sollozando,
y la arcilla y el ansia, y el hombre nuevo nace.
-¿De dónde vienes, dime ; di, amigo, adónde vienes?
(Unos pájaros largos volaban sobre el llano.)

-¿De dónde vienes, dime?
                                                              -De un ansia atormentada,
de vidas que prometen, y duelen, y no brotan,
con un paso cansado y un peso resignado
a reposar tranquilo en tu oscuro silencio.

Tierra, no palpites, guárdame en tu tumba.
Traigo los labios blancos de avidez y de espanto.
Mi dolor es tan grande como aquella esperanza
me dio tanto amor y hoy me pesa tan hondo.

Creía que unos brazos en cruz abren los mares,
que unos ojos dan luz al cielo estremecido,
que unos labios que tiemblan pronuncian ya palabras.
Creía que las cosas nacen sólo del ansia.

Ahora vengo cansado, dulcísimo y sumiso,
con un peso de gritos que no han podido huir,
y te encuentro a ti, tierra, y en tu oscuro latido

perpetúo la angustia que heredé de tus muertos.

El amor y la tierra se abrazaban convulsos;
se abrazaban las ansias palpitantes e informes
y la tierra que sube mojada, espesa y fría
y abandona en mi cuerpo su eternidad sin alma:

su yerta eternidad de extensión desolada,
de cielo en desvarío que no encuentra sus nubes,
de una luz que se sufre como muerte desnuda
que despoja de gritos y sueños confundidos.

-¿De dónde vienes, dime ; di, amigo, adónde vienes?
-De una vida que duele porque ignora sus gritos
vengo a tu muerte, tierra, de eternidad dormida ;
de un correr detenido a lo inmóvil que vibra.

Mis brazos se han abierto con deseo de alas
y hoy abrazan la tierra, cuna y tumba del ansia.
Un hombre nuevo nace sobre otros hombres muertos.
Hombres muertos descansan bajo el hombre que nace.

Voy por el mundo y canto. Voy por el mundo y lloro.
De tanto como amo no comprendo las cosas:
esta vida voraz que me espanta y me llama,
me da dolor y rabia, y me aterra, y me absorbe.

Tierra, guárdame contigo, con tu muerte caliente,
con tu sueño materno de gritos sofocados ;
que un puñado de barro me tapone esta boca
que se abre y se abre, y no encuentra su grito.

Celaya, Gabriel
La soledad cerrada / Rafael Múgica.- San Sebastián: Gráfico-Editora, 1947.- 93 p.; 17 cm.- (Cuadernos de poesía “Norte”)

 

A Gabriel

 

Fuente l Gabriel Celaya

                http://www.gabrielcelaya.com/index.php

     2007 Kultura Zuzendaritza Nagusia – Gipuzkoako Foru Aldundia.

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diciembre 16, 2009

…y es bastante si se sabe

A RAFAEL ALBERTI

A veces-lo confieso-, como un niño

lloro a solas y pienso en el fracaso:

Esta vida gastada en calderilla,

la espuma de unas olas de aparato.

.

Llorar es no entender. Sí. Lo comprendo.

Pero yo estoy mirando el precipicio

de los años que pasan y no cuentan,

y  todo ante este horror se vuelve grito.

.

Puede ser cualquier gesto no explicable

o llanto y risa juntos: El gemido

de una hiena en la noche. Y el recuerdo

que entra por la espiral en el abismo.

.

Me han dicho que tú lloras fácilmente.

Yo lloro sin saber lo que me digo.

Y río como creo que tú ríes

en el trueno de un vino con amigos.

.

La desesperación de la alegría,

el caer y caer en la nostalgia,

los hipnóticos giros de los buitres

en torno a una carroña que así imantan.

.

De todo lo intentado,  ¿qué nos queda?

Una tranquilidad hasta la muerte.

Hicimos cuanto estuvo a nuestro alcance

y  hoy va, bien afluido, en la corriente.

.

Nos quedan además unos amores

perdidos y ganados con la vida:

Amigos esparcidos y sin nombre

que un poema feliz no ganó un día.

.

Mas nos queda también una amargura,

Porque un día nacimos como dioses

y  todo lo que dimos ha quedado

en nobleza de sólo pobres hombres.

.

Entonces, renunciamos a la lucha

y  para ser felices como Lope

pedimos, y es bastante si se sabe,

“dos libros, tres pinturas, cuatro flores”.

.

(Poema no recogido en libro.)

 

Otras cartas. Las cartas boca arriba. Gabriel Celaya

 

Fuente original

LAS CARTAS BOCA ARRIBA

Gabriel Celaya

© Ediciones TURNER S.A., Madrid, 1974.

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