Nos Queda La Palabra

julio 12, 2010

…que es el pan de mi vida.

 

Hoy el amor es muerte,

y el hombre acecha al hombre.

Miguel Hernández

 
LA NOCHE EN LA ISLA
 
Toda la noche he dormido contigo
junto al mar, en la isla.
Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño,
entre el fuego y el agua.
 
Tal vez muy tarde
nuestros sueños se unieron
en lo alto o en el fondo,
arriba como ramas que un mismo viento mueve,
abajo como rojas raíces que se tocan.
 
Tal vez tu sueño
se separó del mío
y por el mar oscuro
me buscaba como antes,
cuando aún no existías,
cuando sin divisarse navegué por tu lado,
y tus ojos buscaban lo que ahora
-pan, vino, amor y cólera-
te doy a manos llenas
porque tú eres la copa
que esperaba los dones de mi vida.
 
He dormido contigo
toda la noche mientras
la oscura tierra gira
con vivos y con muertos,
y al despertar de pronto
en medio de la sombra
mi brazo rodeaba tu cintura.
Ni la noche, ni el sueño
pudieron separarnos.
 
He dormido contigo
y al despertar tu boca
salida de tu sueño
me dio el sabor de tierra,
de agua marina, de algas,
del fondo de tu vida,
y recibí tu beso
mojado por la aurora
como si me llegara
del mar que nos rodea.

 

 

Fuente l Los versos del Capitán. Pablo Neruda.

                 Ciudad Seva

 

raulphotographe

Paco Ibañez interpreta a Pablo Neruda.
Pablo Neruda: “Para mi corazón basta tu pecho…”

 

“…eternamente en fuga como la ola.”

 

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julio 4, 2010

…en un clamor de victoria y guitarras

   

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallardía! …
.
                        A Córdoba. Luis de Góngora

  

 *

Diez años atrás, al morir Miguel Hernández rodando por los calabozos de la crueldad falangista, ante la indiferencia de los poetas sometidos al gusano entorchado, escribí yo en México una elegía a su gloria de poeta y a su muerte de español enterizo, que después entró a formar parte de uno de mis libros. Ha pasado el tiempo, las cadenas que oprimen a España se han apretado más sobre su cuerpo, y la voz de Miguel Hernández, lejos de apagarse, sigue creciendo, creciendo, como alimentada por una savia juvenil. Vivo está el poeta como cuando cantaba desde el hondón de su sangre ribereña, y vivo está el pueblo que lo vio subir al árbol de la poesía, a pesar de los martirios que sobre él han caído. Y en esta fusión de vida, de vidas inagotables y altas, está la íntima razón de la esperanza: nuestro mañana deslumbrante, en cuyos destellos seguirá brillando, entre su pueblo liberado, la frente del poeta, como la paloma en el cielo estival.

Miguel fue entre nosotros el mejor. Y, al decir nosotros, me refiero a los poetas y escritores españoles de mi generación. El más entrañable, el más sincero, el más heroico también. Distante del señoritismo poético, que abrevábase, entonces como ahora, en las virtuosidades de la técnica y no en el latido del hombre, lo genuino de España afloraba en su verso con una violencia y una diafanidad de borbotón serrano, y la experiencia sub­jetiva, que en él era íntima comunión con la naturaleza y con los humil­des hombres del terrón, se volcaba generosamente hacia afuera buscando la ronda de manos fraternales.

De la mano áurea de nuestros grandes clásicos -Garcilaso, Lope, Góngora, Quevedo- llegó Miguel a la poesía. Era en la edad rural de su iniciación, en la natal y levantina Orihuela. Lecturas y rebaños. El despertar a un mundo mágico, desde el aciago mundo del trabajo, con la raíz hincada en la soledad vegetal. Un sosegado y verde río llenaba de esme­raldas errátiles sus pupilas. “Lo fugitivo permanece y dura”, que dijo transido de eternidad el otro gran poeta de la Torre de Juan Abad. Al fondo unos montes como descarnados por amarillos desgarrones, montes secos y violentos…

 

 Juan Rejano. El Nacional, (México), 14 de diciembre 1952

(Fragmento) Biblioteca Hernandiana , documento 5. pág.116,  recopilación de Alberto Enrique Perea.

 

Escribe Rejano “…escribí yo en México una elegía a su gloria de poeta y a su muerte de español enterizo, que después entró a formar parte de uno de mis libros”. aquí la elegía:

AL MORIR EL POETA MIGUEL HERNÁNDEZ

               (1942)

DOS TIEMPOS DE LLANTO

                            1

Como un terrón que escapa del surco hacia los cielos,

cargado de asperezas y fragancias,

apareciste, hermano.

Contigo se elevaron la espiga y la paloma,

el íntimo perfume del romero,

el balido inocente de la oveja más tierna.

Te recuerdo invadido de rumores

 como un olivar triste,

con la frente combada hacia la aurora

y un clavel horadándote las manos.

Te recuerdo de miel y espino seco.

En tus abarcas de pastor llevabas

todo el rocío virgen, todo el fuego

increado del alba;

en tu zamarra un áspero rumor de encinas graves

y más adentro,

sobre tu corazón, la voz del río

donde, embriagado ruiseñor, creciste.

Oh, cantor milagroso de la ternura agreste,

un mastín te guardaba la osamenta

 y a la puerta encrespada de tus venas

 suspiraba una alondra.

 Eras una raíz tan amorosa,

erguida con tal furia entre los hombres,

que se te oía correr la sangre hermosa

 como un galope de caballos jóvenes

sujetos por un freno de alhelíes.

Un temblor de amapolas y trigales maduros

se asomaba a tus ojos

y una violenta sed te rodeaba,

una sed escondida

en los siglos de llanto,

en el hombre, en la piedra, en las retamas

que a nuestros campos dieron

su inmemorial tristeza.

Tierra tú mismo te nombraste, tierra,

y de la tierra fuiste a despertar al pueblo,

a ceñirle coronas,

a restañarle heridas

cuando la soledad y la agonía

como rosas de espanto a su sien se asomaban.

Ay, tu gloria fue entonces,

tus matinales nupcias con lo eterno.

Nadie puede decir cuándo morimos

para nacer al alba perdurable,

pero en aquella unión de sangre y tierra

te brotaron entrañas en la entraña,

alas crecieron de la pana honrada

que tu cuerpo vestía,

y tu canción se alzó sobre la muerte,

heroica, deslumbrante,

porque a la muerte misma se ofrendaba.

Solitario cabrero del verbo apasionado,

allí sigues viviendo, en ese instante

conmovido respiras,

sueñas,

cantas.

No has muerto, no pudieron

matarle los que a golpes de rencor te mataron.

La tierra no perece, y tú eres tierra,

toda la noble tierra de España que ahora cubre

tantos sueños tronchados.

Tú eres, niño de fuego, la esperanza.

                               2

Como un lucero herido que a la tierra desciende

después de dar su luz al mundo ciego,

partiste hacia las sombras.

Mírame aquí cantando con mis lágrimas

tu ausencia irreparable,

los enlutados ecos de tu canto.

Entre mis manos guardo su fulgor que no cesa :

España, tu gemido de fruto desangrado.

 Juan Rejano 1942.  

 

 (Tambien en el Nacional el 29-XI-42,  en “Libro de los homenajes” 1961, y otras ediciones)
    Del Archivo Histórico de Radio España Independiente, fue entregada en los 80 en el Archivo Central del P.C.E.: en ella y precedida de unas palabras de Juan Rejano figura la voz de Miguel Hernández recitando la Canción del esposo soldado.

 

BIBLIOGRAFIA DE JUAN REJANO

1921 “Pandereta andaluza”.
1928 “El Modernísmo en la literatura y en el arte” (ensayo).
1943 “Fidelidad del Sueño”.
1944 “El poeta y su pueblo”.
1944 “El Genil y los Olivos”.
1944 “El poeta y su pueblo. Un símbolo Andaluz: Federico García Lorca”.
1945 “La esfinge Mestiza. Crónica menor de México”.
1947 “Víspera heroica. Canto a las guerrillas de España”.
1948 “El Oscuro límite”.
1949 “Noche adentro”.
1949 “Oda Española”.
1950 “Constelación menor”.
1953 “Poemas de la Nueva Polonia”.
1953 “Poemas de Adam Mickewicz”.
1955 “Canciones de la Paz”.
1956 “La respuesta. En memoria de Antonio Machado”.
1958 Prologa” EL CIERVO”, de León Felipe.
1959 “Diario de China”.
1960 “El Río y la Paloma”.
1961 “Libro de los homenajes”.
1963 “Elegía rota para un himno. En la muerte de Julián Grimau”.
1966 “El Jazmín y la Llama”.
1971 “Antonio Rodríguez Luna”.
1975 “Alas de Tierra” (selección antológica).
1976 “Antología” (póstuma).
1976 “La tarde” (póstuma).
1977 “Elegías Mexicanas” (póstuma).
1977 “Poesías” (póstuma).
1978 “La Mirada del Hombre” (Antología póstuma).
1983 “Antología de la ausencia” (póstuma).
1987 “Poemas” (póstuma).
1988 “La mirada del hombre” (póstuma).
1989 “Siete poemas inéditos” (póstuma).
1989 “Acordes. Las cuatro estaciones” (póstuma).
1991 “Antología poética” (póstuma).
1991 “Diario de China” (póstuma).
1993 “Entre dos reinos”(contiene los poemas “Entre dos reinos”, “El Genil”,
“Los olivos” y “Plenitud”). (póstuma).
 

 NOTAS

1) -La edición del libro homenaje a Juan Rejano de Litoral y el Ayuntamiento de Málaga, deja mucho que desear. No le consta año de publicación,no tiene Depósito Legal, carece de índice de poemas y nombres de personas que participaron en este homenaje, nombres que en justo reconocimiento me permito recoger.

 Nombres para un homenaje a Juan Rejano [1980].

 Textos:

Pablo Neruda

José Herrera Petere

Rafael Alberti

Dolores Ibarruri

Jorge Guillén

Francisco Ayala

Manuel Andújar

Jacinto Luis Guereña

Javier Villán

Simón García Montero

Francisco Giner de los Ríos

María Teresa Hernández

José Luis Cano

Etelvina Astrada

Aurora de Albornoz

Mariano Roldán

Alfonso Yuste Alvarez

Enrique de Rivas

Teresinka Pereisa

Antonio Rodríguez Jiménez.

Juvenal Soto

Juan Carlos Millán Rejano

Francisco Peinado

Ilustradores:

Picasso

José Bergamín

Miguel  Prieto

Lorenzo Saval

Rafael Pérez Estrada

Santiago

Elvira Gascón

Manuel Ángeles Gascón

Santarén

José Antonio Díaz del Teixidor

Darío Carmona

Ana Casals

López de Moral

 2).- Nombres que aparecen en  el diario “El Sol”, correspondiente al 19 de noviembre de 1936: José Bergamín, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Miguel Prieto, Alberto Sánchez, Salvador Bacarisse, Gabriel García Maroto, María Teresa León, Rafael Dieste, Arturo Souto, Arturo Serrano Plaja, Felipe Camarero, Rafael Alberti y Emilio Prados.

 …………………………………………………………………

 

Fuente l  Miguel Hernández en Juan Rejano , por Juan Fernández Palmeral

                  Revista Perito 

Los derechos de los trabajos publicados en este sitio corresponden a sus respectivos autores. A su vez, todos los textos reflejan, única y exclusivamente,  las opiniones de sus autores. Se permiten las copias sin fines lucrativos o editoriales.
 
***
 LinnieK9

Alicia de Larrocha was filmed at the Alhambra by Larry Weinstein and Nev Fichman in the late 1980s.

Nights in the Gardens of Spain, Manuel de Falla, Part 3
Symphonic impressions for piano and orchestra.

1. In the Generalife

2. Distant dance

3. In the Gardens of the Sierra de Córdoba

Alicia de Larrocha, piano

Orchestre Symphonique de Montréal
Charles Dutoit, conductor

 

“Lo fugitivo permanece y dura”…

 

 

abril 26, 2010

…al único amor que no muere.

  

( …) 

“No olvidemos que los “garcilasistas” desconocían todas las lenguas extranjeras, y creían -en serio- que Aleixandre era un camelo.” 

Las cartas boca arriba. Noticia. Gabriel Celaya 

 

 

Al cielo 

El puro azul ennoblece
mi corazón. Sólo tú, ámbito altísimo
inaccesible a mis labios, das paz y calma plenas
al agitado corazón con que estos años vivo.
Reciente la historia de mi juventud, alegre todavía
y dolorosa ya, mi sangre se agita, recorre su cárcel
y, roja de oscura hermosura, asalta el muro
débil del pecho, pidiendo tu vista,
cielo feliz que en la mañana rutilas,
que asciendes entero y majestuoso presides
mi frente clara, donde mis ojos te besan.
Luego declinas, ¡oh sereno, oh puro don de la altura!,
cielo intocable que siempre me pides, sin cansancio, mis besos,
como de cada mortal, virginal, solicitas.
Sólo por ti mi frente pervive al sucio embate de la sangre.
Interiormente combatido de la presencia dolorida y feroz,
recuerdo impío de tanto amor y de tanta belleza,
una larga espada tendida como sangre recorre
mis venas, y sólo tú, cielo agreste, intocado,
das calma a este acero sin tregua que me yergue en el mundo.
Baja, baja dulce para mí y da paz a mi vida.
Hazte blando a mi frente como una mano tangible
y oiga yo como un trueno que sea dulce una voz
que, azul, sin celajes, clame largamente en mi cabellera.
Hundido en ti, besado del azul poderoso y materno,
mis labios sumidos en tu celeste luz apurada
sientan tu roce meridiano, y mis ojos
ebrios de tu estelar pensamiento te amen,
mientras así peinado suavemente por el soplo de los astros,
mis oídos escuchan al único amor que no muere.
 

                                                          

                                                                           Vicente Aleixandre 

Fuente l A Media Voz 

 

 

Vicente Aleixandre
Declaraciones a El País
(1984)
 

En esta casa, desde la que le hablo a Ud., vivo yo desde el año 1927. Siempre digo, como un recuerdo querido, que a esta casa vine siendo un poeta inédito. Después, en ella, he ido haciendo las cosas de mi vida a través de los sucesivos años.
Esta casa tiene un pequeño jardincito, donde yo por las mañanas, con un pequeño capote que tengo para esto, paseo por el jardín y leo un largo rato. Entonces aprovecho y cuido un cedro, no digamos pequeño, porque es muy grande hoy día. Pero yo lo planté hace ya 30 años, y este cedro es un arbolito que era de 30 centímetros cuando yo lo planté y hoy tiene una cantidad de metros inmensa. Lo tenemos que podar constantemente porque, si no, se come y derriba la casa. 

 

Fuente l La soledad de Velintonia. Asunción García Iglesias 
                   Algunos textos sobre Velintonia…
                  Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre 

  

 …”Yo le evoco en aquella primera temporada como una fuerza de primavera metida en la primavera: abril, mayo, junio. Primavera de campo.  En esos casi comienzos de verano, cuando han brotado los árboles y el aire brilla con potestad de cielo y la naturaleza parece poderle a la ciudad, Miguel era más Miguel que nunca. También él, al ritmo natural, semejaba arribado en esa onda de verdad que enverdecía Madrid y lo coloreaba.” 
 Vicente Aleixandre. Evocación de Miguel Hernández

 

Fuente l Vicente Aleixandre. Evocación de Miguel Hernández (pdf)

                  Coetáneos de Miguel Hernández. 

                  Vicente Aleixandre Merlo 

                  ©Fundación Cultural Miguel Hernández   

 

enero 28, 2010

…queriendo a los que quiero.

 

esta ofelia no es la prisionera de su propia voluntad
ella sigue a su cuerpo
espléndido como un golpe de vino en medio de
los hombres
su cuerpo estilo renacimiento lleno de sol de
Italia pasa por buenos aires
ofelia yo en tus pechos fundaría ciudades y
ciudades de besos
hermosas libres con su sombra a repartir con los
amantes mundiales
ofelia por tus pechos pasa como un temblor de
caballadas a medianoche por Florencia
tus pechos altos duros come il palazzo vecchio
una tarde del verano de 1957
iba yo por Florencia rodeado de tus pechos sin
saberlo
era igual la delicia la turbación el miedo
las sombras empezaban a andar por las callejas
con un olor desconocido
algo como tus pechos después de haber amado
eras oscura ofelia para entonces y enormemente
triste
una adivinación una catástrofe
un oleaje de olvido después de la ternura
una especie de culpa sin castigo
de furia en paz con su gran guerra
andabas por Florencia con tus pechos yendo
viniendo por las sombras
con saudade de mí seguramente
tu hombro izquierdo digamos
lloraba a tus espaldas o largaba sus ansias lentas
en el crepúsculo y ellas venían a mi sangre
o era un temblor como un presagio
gracias te sean dadas ojos míos
yo les beso las manos bésoles muy los pies
gracias narices mías muchas gracias oídos con
que escucho los ruidos de la ofelia
antes apenas era una ciudad de Italia
sus tiros me llenaban de otra desgracia el
corazón.

Juan Gelman

Incluido en Debí decir te amo. Sus mejores poemas de amor. Antología Personal. Juan Gelman.
Editorial Planeta. Poesía Planeta. Madrid. 1997.

 

Fuente l Poesía en español

.

“¿Quién dice que la poesía es inútil?”

Juan Gelman, premio Cervantes, es considerado uno de los más importantes poetas en lengua española. Aquí habla de su vida, su infancia, su juventud, su familia, su nieta y el oficio de escribir maravillas en forma de verso

Por Rodolfo Braceli
Para LA NACION – Buenos Aires, 2010

La conversación, esta conversación, empezó en 1965. Entretanto, media vida. O un pestañeo de tiempo, si es el sol el que mira.
(…)
Traigo yo un par de fotos del encuentro de hace 44 años. Se las mostraré más tarde. Empiezo con una pregunta grave:
-¿Cómo te llevás, Juan, con eso que llamamos “el tiempo”?
-El único consuelo es que envejece con uno.
-Los años vienen más cortos, ¿nos están afanando? A vos, ¿cuántos meses te duró este año?
-Esto depende de lo que pase, viejo, a mí me resultó muy largo. Es lo que llaman el tiempo psicológico. Pero si pienso que voy a cumplir 80, digo ¡pucha, qué rápido pasó!
-¿Cómo es eso de tener 80?
-Lo estoy averiguando.
-¿Te jode si hablamos lo menos posible de literatura?
-De lo que quieras. Vos preguntá.
(…)
-¿Te recordás naciendo?
-¡Por supuesto! Lo que me costó. Parece que mi madre estaba bien conmigo y no me dejaba afuera. Estuvo veintiséis horas en lo que se llamaba la cama dura, hasta que yo, peleando un poco, pude salir, con cinco kilos y medio. Me llamaban el torito de la sala y según mi mamá, me quiso robar una monja.
-Una monja, casualmente.
-Creo que esto pertenece a la leyenda familiar.
-Por ahí no es leyenda. Alguna vez Bradbury me contó que chequeó con su madre cosas que él recordaba de su cuarto día. Por ejemplo, al doctor que se inclinaba sobre él con el bisturí para la circuncisión.
-No sé, no sé…
-¿Te suena a mentira?
-Más bien me resulta no cierto.
(…)
-Para muchos no de carne, de fútbol somos. ¿El fútbol te interesa?
-Sí, claro, por supuesto.
-Seguro hincha de Atlanta.
-Sí, hombre, no me lo recuerdes. Siempre de Atlanta, ¡aunque ganara!
(…)
-¿Y tu mamá?
-Ella apoyó esta pequeña empresa. Mi padre enfermó, años padeció lo que supongo que era un cáncer, porque lo tuvieron que operar, y ella sostuvo la casa. Por otra parte, era una mujer culta, leía mucho. No sé cómo hacía, pero a mi hermana y a mí nos llevaba una vez por año al Colón, al paraíso. No sé, juntaría los centavitos. Ahí escuché a lo mejor de la época. Un acontecimiento para los hijos era. Cuando las cosas mejoraron, nos puso a estudiar piano y demás… me llevaba al cine…
-Siempre hay una película iniciática.
-Sí, me acuerdo que me llevó a ver… esa película del panadero que quiere suicidarse porque lo engaña la mujer… También me llevaba al teatro. En su juventud estudiaba medicina; se produce la revolución rusa y cambia todo. Y mi papá también era un hombre culto, participó en la revolución rusa de 1905. Cosa que nunca me dijeron en casa pero que yo averigüé con la familia en Moscú, cuando fui. Él era uno de esos obreros activistas del centro de Europa y del Este, que sabían de todo: política, economía, historia, literatura, lingüística… Dirigentes obreros así raro que haya.
(…)
-No te queda otra que ser ciudadano del mundo.
-Vos sabés que eso no existe, porque, mirá, yo no creo que exista tampoco el amor a la humanidad.
-¿Y aquello del amor universal?
-Uno no puede querer a la humanidad entera, no existe el amor universal; no puedo querer a los militares que mataron a mi hijo. Entonces mi amor es bastante selectivo.
(…)
-¿Cuál fue el libro que primero te sacudió?
-Mirá, leía las cosas escolares, pero a los 8 o 9 años empecé con los clásicos españoles, no Quevedo sino los poetas del siglo XIX. El primer libro que me produjo una emoción muy grande fue Humillados y ofendidos, de Dostoievski, que tenía mi hermano… Él tenía una habitación arriba, con una escalera de hierro. Un domingo se fue y subí y le saqué ese libro. Me senté en la escalera y me lo leí de arriba a abajo. Después estuve en cama dos días con fiebre. Tenía 14 años. Y no era que estuviera resfriado ni nada por el estilo. Eso fue una conmoción tremenda. Seguramente tuve lecturas superiores, pero ésa fue la que… no sé, me impresionó de un modo muy particular.
-¿En qué momento te das cuenta de tu vínculo con la poesía?
-Vos sabés que eso no es fácil, ¿no? En el Colegio Nacional de Buenos Aires conocí al que después se convirtió en una especie de hermano, Marcelo Ravoni, un poeta italiano que ya falleció. Nos mostrábamos las cosas, pero, bueno, uno entonces no pensaba que iba a ser poeta ni nada por el estilo.
(…)
-Aparte del emprendimiento familiar, ¿por dónde se te dio?
-Mirá, cuando tenía 19, trabajé para una revista de las aseguradoras. Iba adonde pasaba algo, a ver si tenían seguro o no. En general tenían. Pero una vez me tocó ir al puerto porque se había incendiado una lancha que era de dos hermanos; llego y estaban de lo más alicaídos. Ahí les digo: “Ustedes tenían seguro, ¿no?” “Se venció ayer”, me dicen. Volví con esa historia, agobiado, y el director se restregó las manos y “¡Fantástico, escribila ya!”. La escribí y me fui. Terrible.
-Más que amarillo, periodismo sádico.
-Sí, crónicas sádicas… Voy a pedir otro café… (Hace una seña, “Cortado con espuma de leche, por favor. Y agua”.) Bueno, después trabajé de camionero.
(…)
-¿Cuándo te das cuenta de que lo tuyo es la poesía?
-Con este amigo Marcelo, a los 17, merodeaba por revistas literarias. Había un grupo de poetas que andaban por los 23, incluso habían publicado; se reunían en un café, les presentábamos poemas ¡y siempre desaprobaban los míos! Entonces un día dije esto no puede ser, tan malo no soy. Escribí uno y se lo atribuí a un poeta hebreo del siglo XII. Llegué al café y les dije “Miiiren, traje este poema; no sé si lo quieren leer…” “Sí, sí, cómo no.” Se deshicieron en elogios. Ahí me di cuenta de varias cosas y de la más importante: lo único que vale es la escritura. Nada más. Me di cuenta de la vanidad que rodea a toda esta historia.
-Hablando de la utilidad de la poesía se dice que sirve para “levantar mujeres”. ¿Vos le diste ese uso alguna vez?
-Cuando tenía 9 años. Quería enganchar a una vecinita de 11 y yo le mandaba poemas de Almafuerte como si fueran míos.
-¿Y?
-No pasaba nada, entonces dije bueno voy a escribir yo.
-¿Y?
-Nada, pero yo seguí. Me consta que hay gente que ha usado mi poesía. Yo escribí un poema que se llama “Ofelia” y que empieza diciendo “Esta Ofelia no es la prisionera de su propia voluntad…”. Un día me invita un cubano, en México, a una fiesta, y voy con mi mujer. Se acercan dos mujeres a saludarla y me dice una: “Le quiero presentar a mi esposo, porque después va a contarle algo”. Y viene el tipo y me cuenta: que él primero había conocido a la amiga de su mujer, la que estaba ahí con ella, y le había enchufado el poema con su nombre, suponete, Patricia: “Esta Patricia no es la prisionera…”. La cosa no caminó. Después conoció a la que fue su mujer, no sabía que eran amigas, y le enchufa el poema: “Esta Carolina no es la prisionera…”. Ja, otra que me pasó fue una vez que justo salió un libro de Benedetti y uno mío, entonces nos hicieron una entrevista radial, pero en un café. Nos piden que cada uno lea un poema. Él leyó el suyo; yo, el mío, de amor. Termina la entrevista. Se me acerca una chica y me dice: “¿Ese poema es suyo?”. Digo sí. “¡Hijo de puta!” “Mire, disculpe, el poema no será muy bueno pero yo soy un hombre decente.” “No -me dice-, hijo de puta el novio que tuve, que me lo mandó como que era de él.”
-A veces uno no puede usar ni su propio poema.
-Pero a mí eso me alegra, porque ¿quién dice que la poesía no sirve, que la poesía es inútil? Además, en el siglo II un filósofo chino, no me acuerdo el nombre, decía que todo el mundo habla de la utilidad de lo útil, pero nadie repara en la utilidad de lo inútil.
-Volvamos al eterno “para qué sirve la poesía”.
-Ésa es una pregunta que se hizo, sobre todo, Hölderlin: ¿para qué poetas en estos tiempos mezquinos y miserables?
-Justamente.
-Sí, justamente.
-La abundancia de poetas abonará la teoría de las compensaciones.
-Mirá, los poemas son botellas al mar que por ahí llegan a la playa de un alma.
-Un alma, nada menos.
(…)
-Según pasan los años, ¿tus obsesiones se han ido modificando?
-Mirá, no se han modificado. Yo creo que todos los artistas pueden cambiar la expresión de sus obsesiones, pero por lo menos en mi caso, las obsesiones no cambian. Siempre tengo la imagen de sor Juana Inés de la Cruz de la espiral como definición de la belleza. Es decir, como si desde el punto donde esa espiral se inicia, también una obsesión se inicia en ese punto y da lugar a la espiral. Después, como si se mirara desde sus distintos puntos, cada vez más alto, cada vez más lejos, a la derecha, a la izquierda y todo lo demás… Mis obsesiones siguen siendo la niñez, el otoño, la muerte, el amor, la justicia social, la revolución. Pero además los hechos hacen que la calidad de la obsesión, su intensidad, se modifique; una cosa era cuando yo creía que estaba haciendo la revolución y otra cosa es lo que veo que pasó y está pasando. Entonces, en mi libro más reciente hay un poema que dice: “la revolución se paró en algún lado”.
-¿Se paró o se bajó del mundo?
-Yo no he dicho eso, he dicho que se paró en algún lado… Yo ya sé que yo no la voy a vivir ni la voy a hacer.
-Pero sentís que alguna vez va a suceder.
-Después de tantos fracasos y errores, lo único que puedo decir es que es imposible mutilar en los seres humanos la capacidad de sueños, el deseo de cambio… Hay épocas muy grises, como la actual, que vivimos desde hace años y que viviremos unos años más todavía. Pero la historia enseña que al final algo cambia. Yo creo que en cada caso se cambia de una manera diferente y eso no lo puedo predecir. A pesar de todo el esfuerzo que este mundo globalizado, entre comillas, hace para manufacturar nuestra subjetividad a nivel mundial, para amansarnos, para convertirnos en tierra fértil para los autoritarismos… a pesar de todo yo creo que hay momentos en los que la gente dice basta. La historia muestra eso. ¿Cuándo, cómo, dónde va a ocurrir? No lo sé.
-Eso que llamamos condición humana, ¿ha avanzado al menos un centímetro? Hay hasta genocidios preventivos…
-Yo también digo ¿cómo es posible? Eso no creo que haya cambiado mucho, han cambiado sistemas sociales, pero no sé, no sé… He leído a Freud que habla del instinto de muerte y una cantidad de cosas como componente de la subjetividad humana. No lo veo ese cambio. Desde el comienzo de la historia que conocemos, esto viene ocurriendo. Si es posible que deje de ocurrir, no lo sé.
(…)
-¿La suposición del después de la muerte te sirve de algún consuelo?
-Bueno, yo no creo en la otra vida.
-¿Y si la hubiese?
-Bienvenida, no me voy a negar.
-Con Dios, ¿cómo te llevás?
-Hay una creencia que respeto, de mucha gente. Pero yo no creo en Dios, creo que es la creación de los hombres y no al revés… Soy ateo.
-Ateo, ¿nunca agnóstico?
-No, ateo. Lo que no quita que los místicos que te mencioné o toda esa indagación, empezando por la Biblia, siempre me ha interesado. Es un tema serio, más allá de la creencia o no creencia.
(…)
-En los años 70 se solía elegir entre Neruda y Vallejo. Vos ibas por Vallejo.
-Mirá, yo creo que Neruda es, evidentemente, un gran poeta. Pero hay poesía más afín a uno o menos afín. Hay grandes poetas que yo leo y no me tocan nada; no es culpa de ellos, es culpa mía. No hay que hablar de culpas en esto. Es una cuestión de afinidad espiritual, experiencia y todo eso.
-Ya Adán y Eva, parece, discutían qué es poesía. Para algunos, la palabra menos pensada. Para otros, la más pensada.
-Yo te hablo de mí: la escritura de un poema empieza por el primer verso, y hay que poder encontrarlo. Y después ya sigue sigue, sigue, sigue y cuando estás en un poema no es lo mismo que cuando lo terminaste o lo dejaste y lo ves desde otro lugar.
-¿Te das cuenta cuando te sucede el poema?
-Cuando estás en el poema, no sabés bien qué estás diciendo… simplemente me doy cuenta de que lo escribo, pero no de lo que escribo. Y después, cuando uno lo lee, dice bueno, esto está más o menos, esto suena mal, o este poema no se logró y va a la basura.
-¿El trabajo de corrección sobre el texto puede llegar a ser otra etapa de la inspiración?
-En mí no. Corrijo poco; es decir, tiro aquello que me parece que no salió. El poema está o no está. Y después soy consciente de que tiene imperfecciones pero no me pongo a componerlo.
-Entrarías así en la fabricación del poema.
-Claro, pero, te hablo de mí, hay otros poetas que no, y no es que sean malos poetas, todo lo contrario, son muy buenos y es probable que si yo me dedicara a corregir, mis cosas saldrían mejor. Pero a mí lo que me interesa es el acto de la poesía, y siento que lo traiciono si me pongo a corregir mucho… Como el que escribe es otro, cuando yo corrijo siento que estoy corrigiendo a otro. Y eso no se hace.
(…)
-Graham Greene insistía en que la naturaleza humana no es blanca y negra, sino negra y gris. Para Gelman, ¿cómo es?
-Negra, gris y de todos los colores, hasta los que no existen en la naturaleza.
-Cuando te nombran como un “poeta político”, ¿cómo te suena?
-¿Dirías que Arquíloco fue un poeta político? Y sin embargo, escribió poemas pacifistas. ¿Dirías que Shakespeare fue un poeta político? Y sin embargo, nadie como él indagó las crueldades y las infamias de la lucha por el poder. No me estoy comparando, desde luego, no hay que hacer comparaciones, como decía Gardel. Creo que la poesía es palabra calcinada, que su único tema es la poesía.
-Entonces se puede hablar de todo en la poesía.
-Se puede hablar de todo. Hasta de amor.
-¿Cómo imaginás la literatura argentina si Borges no hubiera nacido?
-No me la puedo imaginar. Como no me la puedo imaginar sin Cortázar y tantos otros. La literatura es un tejido. Si alguno falta, queda un agujero.
(…)
Ya en la vereda, caminamos por Castro Barros. Una cuadra y doblamos por Don Bosco, paredes sembradas con escrituras en aerosol. Su semblante lo dice: a Gelman esta ciudad le produce alegría. Mientras el fotógrafo hace, me pongo a conversar con hebras entresacadas de un libro suyo. Gelman se retrata en una línea:
-“Miro mi corazón hinchado de desgracias…”
-Pese a todo, pese a tanto, Juan, con nosotros el amor.
-“Somos los que encendimos el amor para que dure, para que sobreviva a toda soledad. Hemos quemado el miedo, hemos mirado frente a frente al dolor antes de merecer esta esperanza.”
-La esperanza, ¿derecho o deber? ¿Podemos elegir?
-“Si me dieran a elegir, yo elegiría esta salud de saber que estamos muy enfermos, esta dicha de andar tan infelices.”
-¿Sólo eso?
-“Si me dieran a elegir, yo elegiría esta inocencia de no ser inocente, esta pureza en que ando por impuro… este amor con que odio, esta esperanza que come panes desesperados.”
(…)
¿Podría ser ahora, Juan, que suspendiéramos toda palabra dicha en voz alta, dicha en grito o dicha en escritura?
¿Podría ser que nos diéramos aquí mismo un abrazo a pleno sol en la plena noche?
A este encuentro le queda todavía media hora. Luego nos llevará un viejo Peugeot 404 modelo 69. La ciudad atorada, espesa de autos y bocinazos. Pero la alegría del poeta no amaina. Imperdonable lo mío, empecé con pregunta grave, concluyo con otra semejante:
-Hace un rato, Juan, me dijiste que la muerte te molestaba. No me dijiste por qué.
-Porque no me va a permitir que siga queriendo a los que quiero.

  

© LA NACION

 

Entrevista íntegra :

lanacion.com - Noticias actualizadas las 24hs
adn Cultura

 

enero 20, 2010

Homenaje a voz ahogada…

 

 

“Mi vida,

 os la puedo contar en dos palabras:

 Un patio.

 Y un trocito de cielo

por donde a veces pasan

una nube perdida

y algún pájaro huyendo de sus alas”.

 

Marcos Ana

 

La cárcel fue mi universidad. Conocí a mucha gente. Coincidí con Buero Vallejo y con Miguel Hernández entre otros muchos. Miguel Hernández era una persona entrañable, murió de franquismo en la prisión de Alicante en el año 42. Unos años después le hicimos uno de nuestros homenajes: Esperábamos a la noche, a que cerraran las galerías. Entonces montábamos un pequeño escenario con mantas y sábanas. En las ventanas algunos presos se dedicaban de la vigilancia y así, en el silencio terrible de la cárcel, hacíamos los homenajes. El de Miguel Hernández lo titulamos Sino sangriento, que es el nombre de uno de sus versos. Tenía tres actos, con los nombres de tres de sus libros: El rayo que no cesa, Vientos del pueblo, que trata de la guerra y Cancionero y romancero de ausencias, que era el de la cárcel. Unos narradores relataban los hechos y una pequeña banda de música se colocaba detrás del escenario con sus instrumentos realizados con los palos de las escobas y con cosas así. Era muy ingenioso: se cortaba un trozo de escoba de caña. Unas gomas sujetaban un papel de fumar en cada punta y se le abrían unos orificios. Sólo con eso salía una música preciosa, que era como un zumbido, pero muy bonito. Una cosa tremenda. Esa bandita, compuesta por cuatro o cinco personas, iba poniendo música a determinados pasajes. Cuando los locutores contaban la parte de la guerra de España y de los soviéticos se oía La Internacional. Con los franceses y André Martí… se oía La Marsellesa. Los mexicanos con Siqueiros y tal… Se oía La Cucaracha. Todo a media voz. Se titulaba Homenaje a voz ahogada a Miguel Hernández. Fue algo impresionante, en medio del silencio de la prisión. De vez en cuando, oías el «alerta» de los centinelas desde las garitas. Toda la noche: «¡Alerta el uno!, ¡Alerta el dos!, ¡Alerta el tres!» Eso se hacía para que el cabo de guardia supiera que no se había dormido ninguno de los centinelas. Hicimos otros homenajes a Rafael Alberti y Neruda. Creo que jamás se podrá concebir un homenaje más emocionante que éste.

 

Texto    Blog de Marcos Ana ENTREVISTA PUBLICADA EN LA PRENSA LATINOAMERICANA
Poema  Blog de Marcos Ana
Imagen Dibujikos. Kalvellido  www.kalvellido.net

 

 .

Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del
                                                                        Partido
ni asiste a sus mítines
ni se sienta en la mesa con los gangsters
ni con los Generales en el Consejo de Guerra
Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano
ni delata a su compañero de colegio
Bienaventurado el hombre que no lee los anuncios
                                                        comerciales
ni escucha sus radios
ni cree en sus slogans
 Será como una árbol plantado junto a la fuente

 

Salmos. Ernesto Cardenal.

 

Fuente original

Salmos

Ernesto Cardenal

© Ernesto Cardenal

 © Ediciones Endymion. 1990

 

 

Firme en sus convicciones políticas, pero sin permitir que su juicio crítico sea afectado, Marcos Ana transmite a aquel que se le aproxima un irreprimible sentimiento de esperanza, como si pensásemos: “Si él es así, yo también lo puedo ser”.

 José Saramago

Marcos Ana. El Cuaderno de Saramago

 

  “Ernesto Cardenal, uno de los más extraordinarios hombres que el sol calienta, ha sido víctima de la mala conciencia de un Ortega indigno de su propio pasado, incapaz ahora de reconocer la grandeza de alguien a quien hasta un papa, en vano, intentó humillar. Si Ortega no tiene la valentía de pedir perdón a Cardenal, sabremos que sus méritos humanos y políticos han caído a cero”.

José Saramago

 

Extraído de Notas de Ernesto Cardenal (Facebook)

 

 

diciembre 16, 2009

…y es bastante si se sabe

A RAFAEL ALBERTI

A veces-lo confieso-, como un niño

lloro a solas y pienso en el fracaso:

Esta vida gastada en calderilla,

la espuma de unas olas de aparato.

.

Llorar es no entender. Sí. Lo comprendo.

Pero yo estoy mirando el precipicio

de los años que pasan y no cuentan,

y  todo ante este horror se vuelve grito.

.

Puede ser cualquier gesto no explicable

o llanto y risa juntos: El gemido

de una hiena en la noche. Y el recuerdo

que entra por la espiral en el abismo.

.

Me han dicho que tú lloras fácilmente.

Yo lloro sin saber lo que me digo.

Y río como creo que tú ríes

en el trueno de un vino con amigos.

.

La desesperación de la alegría,

el caer y caer en la nostalgia,

los hipnóticos giros de los buitres

en torno a una carroña que así imantan.

.

De todo lo intentado,  ¿qué nos queda?

Una tranquilidad hasta la muerte.

Hicimos cuanto estuvo a nuestro alcance

y  hoy va, bien afluido, en la corriente.

.

Nos quedan además unos amores

perdidos y ganados con la vida:

Amigos esparcidos y sin nombre

que un poema feliz no ganó un día.

.

Mas nos queda también una amargura,

Porque un día nacimos como dioses

y  todo lo que dimos ha quedado

en nobleza de sólo pobres hombres.

.

Entonces, renunciamos a la lucha

y  para ser felices como Lope

pedimos, y es bastante si se sabe,

“dos libros, tres pinturas, cuatro flores”.

.

(Poema no recogido en libro.)

 

Otras cartas. Las cartas boca arriba. Gabriel Celaya

 

Fuente original

LAS CARTAS BOCA ARRIBA

Gabriel Celaya

© Ediciones TURNER S.A., Madrid, 1974.

septiembre 22, 2009

…y es distante el otoño

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Te recuerdo como eras
Pablo Neruda

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

 

agosto 18, 2009

La noche no quiere venir…

 

Gacela del amor desesperado. Federico García Lorca

 Amancio Prada

La noche no quiere venir
para que tu no vengas,
ni yo pueda ir.

Pero yo iré,
aunque un sol de alacranes me coma la sien.

Pero tu vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.

El día no quiere venir
para que tu no vengas,
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.

Pero tu vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.

Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.

 

Fuentel edicionesCaseras

VIEJA 1ª-Está bien que una casada quiera hijos, pero si no los tiene, ¿por qué esa ansia de ellos? Lo importante de este mundo es dejarse llevar por los años. No te critico. Ya has visto cómo he ayudado a los rezos. Pero, ¿qué vega esperas dar a tu hijo ni qué felicidad, ni qué silla de plata?

YERMA.-Yo no pienso en el mañana, pienso en el hoy. Tú estás vieja y lo ves ya todo como un libro leído. Yo pienso que tengo sed y no tengo libertad. Yo quiero tener a mi hijo en los brazos para dormir tranquila, y óyelo bien y no te espantes de lo que digo: aunque yo supiera que mi hijo me iba a martirizar después y me iba a odiar y me iba a llevar de los cabellos por las calles, recibiría con gozo su nacimiento, porque es mucho mejor llorar por un hombre vivo que nos apuñala, que llorar por este fantasma sentado año tras año encima de mi corazón.

VIEJA 1ª-Eres demasiado joven para oír consejo. Pero mientras esperas la gracia de Dios debes ampararte en el amor de tu marido.

YERMA.-¡Ay! Has puesto el dedo en la llaga más honda que tienen mis carnes.

DOLORES.-Tu marido es bueno.

YERMA. – (Se levanta.) ¡Es bueno! ¡Es bueno! ¿Y qué? Ojalá fuera malo. Pero no. El va con sus ovejas por sus caminos y cuenta el dinero por las noches. Cuando me cubre cumple con su deber, pero yo le noto la cintura fría como si tuviera el cuerpo muerto y yo, que siempre he tenido asco de las mujeres calientes, quisiera ser en aquel instante como una montaña de fuego.

DOLORES.-iYerma!

YERMA.-No soy una casada indecente; pero yo sé que los hijos nacen del hombre y de la mujer. ¡Ay, si los pudiera tener yo sola!

DOLORES. – Piensa que tu marido también sufre.

YERMA.-No sufre. Lo que pasa es que él no ansía hijos.

VIEJA 1ª-¡No digas eso!

YERMA.-Se lo conozco en la mirada, y como no los ansía no me los da. No lo quiero, no lo quiero y, sin embargo, es mi única salvación. Por honra y por casta. Mi única salvación.

  Tercer Acto,Yerma,de Federico García Lorca  

 

 “ Federico García Lorca no fue fusilado, fue asesinado. Naturalmente nadie podría pensar que le matarían alguna vez. De todos los poetas de España era el más amado, el más querido, y el más semejante a un niño por su maravillosa alegría. ¿Quién pudiera creer que hubiera sobre la tierra, y sobre su tierra, monstruos capaces de un crimen tan inexplicable?”

Pablo Neruda

 

Fuente l Neruda y los poestas andaluces. Andalucia Comunidad Cultural

 

julio 12, 2009

por la ternura que nos distes

Filed under: Uncategorized — Etiquetas: , , , , , — labalaustra @ 12:01 am

 

 

Silencio, silencio, silencio…

 

Me gustas cuando callas porque estás como ausente
y me oyes desde lejos y mi voz no te toca,
parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Me gustas cuando callas y estas como distante
y estas como quejándote, mariposa en arrullo,
y me oyes desde lejos y mi voz no te alcanza
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo,
te pareces a la noche callada y constelada
tu silencio, otra estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
distante y dolorosa como si hubieras muerto,
una palabra entonces una sonrisa bastan
y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

 

 

julio 6, 2009

…un sentido a todo esto.

  

 
“Dinos cómo es un árbol para que no dudemos de que algo en el mundo, fuera de estos muros, sigue luchando contra la infamia, contra la mentira, contra la crueldad demencial de los enemigos de la vida, dinos cómo es y dónde está la justicia para que le arranquemos la venda de los ojos y así pueda ver, por fin, a quienquiera que, de verdad, ha estado sirviendo, pero no nos digan cómo es la dignidad porque ya lo sabemos, porque incluso cuando parecía que no eran nada más que una palabra, comprendimos que era la pura esencia de la libertad en su sentido más profundo, ése que nos permite decir contra la propia evidencia de los hechos, que estábamos presos, pero éramos libres.”

                                                 

 José Saramago. (Prólogo del libro “Decidme cómo es un árbol” de Marcos Ana)

DECIDME-COMO-ES-UN-ARBOL-i0n1200127

http://es.wikipedia.org/wiki/Marcos_Ana

http://decidmecomoesmarcos.blogspot.com/

Marcos Ana (grupo en facebook)

http://marcos-ana.blogspot.com/

http://www.unpremioparamarcosana.org/

 

Ángel y Marina me regalaron el viernes pasado el libro de Marcos Ana “Decidme cómo es un árbol”. Les agradezco el regalo porque me ha permitido conocer un texto prodigioso y recuperar una parte de la historia de mi país contada en primera persona por el autor, un preso político del franquismo al que las más de dos décadas en distintas cárceles fortalecieron en su arraiga convicción del valor supremo de la libertad y la dignidad de los hombres y mujeres. El narrador opta conscientemente, sin embargo, por convertir su peripecia personal en el testimonio de toda una generación y en la voz de cientos de personas a las que les fue arrebatada.

Mis amigos Ángel y Marina, que tuvieron ocasión de conversar con el autor tras asistir a un coloquio recientemente celebrado en La Cabrera, me trasladaron la inmensa humanidad y la fuerza de los ideales que trasmite Marcos Ana. Todo eso se transparenta con nitidez en el libro.

La lectura me ha llevado a reflexionar sobre la enorme contribución que los comunistas españoles han realizado a la historia de nuestro país y, especialmente a la larga lucha por la recuperación de las libertades. En muchas ocasiones, incluso en ámbitos progresistas, he escuchado feroces proclamas anticomunistas, de una ferocidad sólo proporcional a la abismal ignorancia que exhiben sus autores sobre el papel del PCE en la historia de nuestro país. Un partido que cargó sobre sus hombros con la mayor parte del peso de la resistencia contra el franquismo gracias a cientos de miles de hombres y mujeres que llevaron su compromiso con la libertad a sus últimas consecuencias.

Para todos aquellos que alguna vez han escuchado estas soflamas, y más aún para aquellos que las repiten y las esgrimen como arma arrojadiza, es muy aconsejable la lectura de este libro.

Por último, hay una iniciativa en marcha para que se conceda a Marcos Ana el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Si quieres sumar tu firma a esta iniciativa puedes hacerlo pinchando aquí.

 

Decidme cómo es un árbol. Nadie yerra voluntariamente.Bitácora de Manuel Granda

 

Con Marcos Ana vengo sintiendo desde hace hace tanto tiempo que la memoria se confunde. Un vez escribí que a Antonio Machado lo conocía sin conocerlo cuando, siendo un adolescente perplejo, miraba la guerra de España en un mapa que me había fabricado y en el que ponía banderitas de papel según iba avanzando el ejército de Franco, que ganaba siempre, o al menos eso decían las radios de la dictadura de mi país. Entonces también debí de conocer a Marcos Ana porque ya ambos estábamos en el mismo lugar. Luego, mucho más tarde, cuando supe que Marcos Ana preguntaba, y no a gritos, sino directamente a nuestros corazones, tal vez al mío, cómo es un árbol, he de reconocer que no pude decírselo aunque quizá él me oyera y diera por buena la respuesta de que un árbol, amigo mío, es lo que estamos haciendo para que salgas de la cárcel, para que no haya presos políticos, para poder ser, en tu país y en el mío, a pleno pulmón, militantes de todos los partidos, ya sin miedos y sin complejo, seres libres gozando de árboles que crezcan con nosotros, que nos pongan sombra al caer la tarde y nosotros los regaremos cada mañana para que el mundo no se acabe. Eso le decía a Marcos Ana y es probable que me oyera, porque lo poetas conocen lo que no se dice con palabras, pero está y ellos lo saben. Por eso cuando escriben nos hacen más humanos.
Con Marcos Ana, ya digo, vengo sintiendo hace tanto que no se mide por años. A Marcos Ana, que es nombre de hombre y de mujer juntos, le hemos oído las mejores palabras y hemos sido más buenos. ¿A Marcos Ana le falta el Premio Príncipe de Asturias? No: al Premio Príncipe de Asturias le falta Marcos Ana y ese premio nunca estará completo sin el luchador español, el hombre sin rencor que amó la libertad desde la cárcel y que hoy, desde la vida recuperada, sigue honrando la libertad, que no es un concepto sino un modo de estar en el mundo que a todos nos dignifica.
Marcos Ana, Premio Príncipe de Asturias. Cuando oigamos esa proclamación nos saludaremos en la calle, aplaudiremos en las plazas y en las casas y diremos, haciendo sonar las bocinas de nuestros coches, que hemos ganado la batalla contra el olvido y a la inercia, que somos, por fin, protagonistas de la historia, porque somos, hombres y mujeres, dueños de nuestro tiempo y tenemos voz y la usamos. Como estamos haciendo ahora.

José Saramago

 

 José Saramago con Marcos Ana . El blog de Javier López.

 

Hay personas que parecen no pertenecer al mundo y al tiempo en que viven. Marcos Ana es una de esas personas. Como tantos de su generación, arrastrados por prisiones del fascismo español, sufrió lo indecible en el cuerpo y en el espíritu, escapó in extremis a dos condenas a muerte, es, en el mayor sentido de la expresión, un superviviente. La prisión no pudo nada contra él, y fueron 23 los años que estuvo privado de libertad. El libro que acaba de presentar en Portugal es el relato simultáneamente objetivo y apasionado de ese tiempo negro. El título de las memorias, Decidme como es un árbol, no podría ser más significativo. Con el tiempo, la dura realidad de la prisión acaba sobreponiéndose a la realidad exterior, diluyéndose en una imprecisa neblina que es preciso expulsar de la mente cada día que pasa para no perder la seguridad en uno mismo, por más frágil que se torne. Marcos Ana no sólo se salvó a sí mismo, salvó también a muchos de sus compañeros de cárcel, transmitiéndoles ánimo, solucionando problemas y conflictos, como un juez de paz de nueva especie. Firme en sus convicciones políticas, pero sin permitir que su juicio crítico sea afectado, Marcos Ana transmite a aquel que se le aproxima un irreprimible sentimiento de esperanza, como si pensásemos: “Si él es así, yo también lo puedo ser”. Recuperada la libertad, no se quedó en casa para descansar. Volvió a la lucha política, con riesgo de ser nuevamente encarcelado, y dio inicio a un notable trabajo de asistencia y ayuda a los que continuaban en prisión. En España, unos cuantos amigos y admiradores de su singular personalidad (el premio Nobel Wola Soiynka es un de ellos) lo presentamos como candidato al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Nada sería más justo. Y más necesario para mostrarle al pueblo español que la memoria histórica sigue viva.

Marcos Ana. El Cuaderno de Saramago

 

 “En esta noche central del mundo […] aqui estoy con mi poesía y mi bandera”.

Extracto del discurso del Premio Nobel . Pablo Neruda

 

Teodulfo Lagunero: “Marcos Ana no sólo merece el premio Príncipe de Asturias, sino también el Premio Nobel de la Paz” (Javier Parra. laRepública.es)

 

“He sido testigo de una revolución, hecho la guerra,

he sido hecho prisionero, conocido el hambre,

el trabajo físico hasta el agotamiento, me he fugado,

he estado al borde de la muerte, frecuentado

tanto sacerdotes como incendiarios de iglesias,

apacibles burgueses y anarquistas, filósofos

e iletrados, compartido mi pan con bandidos, …

y sin embargo, en 72 años nunca le he encontrado un sentido a todo esto.”

Extracto del discurso del Premio Nobel. Claude Simon (1913/2005)

 

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