Nos Queda La Palabra

diciembre 14, 2010

…con la luz de la mañana

 

 «Yo soy el barbero de Picasso y canto las letras que el artista malagueño escribió, cante jondo»

Enrique Morente

 

porverita

Con las guitarras de Juan y Pepe Habichuela, los tangos de Morente, en una actuación el la Plaza de los Aljibes de La Alhambra de Granada (1994), adaptación del poema “La fonte que mane y correde San Juan de la Cruz.
 

La fonte que mane y corre

San Juan de la Cruz

.

Aquella eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche

Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen de ella tiene,
aunque es de noche.

Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben de ella,
aunque es de noche.

Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.

Su claridad nunca es oscurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.

Sé ser tan caudalosos sus corrientes.
que infiernos, cielos riegan y las gentes,
aunque es de noche.

El corriente que nace de esta fuente
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.

El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.

Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.

Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras
porque es de noche.

Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.

 

Fuente l A media voz

 

 

El flamenco sin límites

El 1 de agosto de 1970, en la página 41 de la revista Triunfo, Paco Almazán daba noticia de un homenaje que se le tributaría al cantaor Pepe de la Matrona, con motivo de la celebración de la 1ª Porra de Archidona, festival flamenco que creara ese año José Luis Ortiz Nuevo. En ese homenaje participaban Morente y Menese. El 16 de agosto, en el 600 familiar llegamos a Archidona mi mujer y yo.
Hace mes y medio tuvimos a Ortiz Nuevo en el curso sobre flamenco en la Sede de la Universidad y hoy el Aula de la CAM nos gratifica con la actuación Morente. Se inscriben en el registro 37 años. ¿Qué ha pasado desde entonces? Pues que Enrique Morente es la levadura que fermenta, la bisagra desde la que gira el desarrollo del cante flamenco. Y esto dicho con palabras inmediatas, con metáforas de signo muy sencillo y legible.
Le trajimos a cantar a Alicante, en la calle San Fernando, en 1973, cuando le acompañaba a la guitarra Manzanita, para seguir muy afecto a esta ciudad hasta en cinco ocasiones, bien en los Encuentros de Flamenco en el Aula de Cultura, bien cantando saetas en el Barrio de Santa Cruz, bien interpretando la misa flamenca en Santa María. En todas esas ocasiones, un referente nuevo había incorporado a la masa constitutiva del flamenco. Cantó en el 71 al oriolano Miguel antes que lo hiciera Serrat; en el 77 sustituyó a la guitarra por órgano sintético para entonar la siguiriya al tiempo que le premiaban con el Nacional de Música por su ortodoxia para con Chacón; paseó por los teatros y el cine, musicó desde Bergamín a Lope de Vega y en el 96 hizo temblar las murallas del templo viajando con el Federico neoyorkino hacia un hito revolucionario en el flamenco: “OMEGA”.
El flamenco, como universo de signos donde la música se convierte en un “medio de unión simbólica y un acontecimiento social de identificación” permeable desde que, a mediados del siglo XIX se hiciera luz visible, nos parece a muchos protagonista de “modelo comunicativo en proceso abierto , en el que el mensaje varía según los códigos, los códigos entran en acción según las ideologías y las circunstancias, y todo el sistema de signos se va reestructurando continuamente sobre la base de la experiencia de descodificación que el proceso instituye” (Umberto Eco).
Pues bien, con motivo de una intervención de Morente en el III Encuentro de Flamenco (1975) en el Aula de Cultura (de la entonces Caja de Ahorros del Sureste de España) dejamos constancia de que era el tiempo de “la conjunción más fructífera que se le ha dado pasar al cante: con situaciones objetivas radicalmente nuevas en el ámbito de la estructura social; el inicio de una clarificación y transparencia en la misión de los aparatos ideológicos y, finalmente, la práctica introductoria de una creativa artística en gestación, que se atreve a la remodelación de las formas expresivas”, concluyendo que la factura creativa de Enrique Morente participaba de esos tres principios sustentadores del cante jondo.
En ese universo de signos, Morente ha incidido en los valores conceptuales incorporando condiciones de reconocimiento a fórmulas personales para diversos cantes (materia que precisamente está analizando Balbino Gutiérrez, a quien tendremos la semana próxima en el curso de la Sede), dejando obsoleta la falacia sobre pureza-heterodoxia, manejando la argumentación persuasiva del buscador, del curioso hipersensible avanzando los tiempos, (recuerdo la ocasión en que -hace ya muchos años- mi hijo Pablo le enfrascó con Tom Waits y Van Morrison). Enrique Morente es hoy el activo obligado para quienes vemos el flamenco como arte.

José A. Martínez Bernicola es profesor de la Universidad de Alicante.
 

 

Fuente l Información.es

                    (Jueves 28 de febrero de 2008)

 

Ay, mare…”cuando se mecen las ramas”…

In memorian

 

 

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enero 9, 2010

…algo más lejos en la nada

 

15 de enero

Debería abrir una lata. O prepararme un baño. Pero entonces seguiría dando vueltas con mi pensamiento. Si escribo, me ocupo en algo, eso me permite huir. ¿Cuántas horas sin comer? ¿Cuántos días sin lavarme?  (…) , me he encerrado, han llamado al timbre en dos oportunidades, han llamado por teléfono con frecuencia, no respondo nunca, salvo a las ocho de la noche, a Maurice. Llama todos los días, puntualmente, con voz ansiosa:

-¿Qué has hecho hoy?

Contesto que que voy a ver a Isabel, Diana o Colette, que he estado en un concierto, en el cine.

-¿Y qué haces esta noche?

Digo que voy a ver a Diana o Isabelle, que iré al teatro. Insiste:

-¿Estás bien? ¿Duermes bien?

Lo tranquilizo y pregunto como está la nieve: nada extraordinario; y el tiempo tampoco brillante. Hay morosidad en su voz, como si ejecutara en Courchevel una obligación bastante agotadora. Y sé que tan pronto como cuelgue llegará riendo al bar en que Noëllie lo espera y beberán Martinis mientras comentan con animación los incidentes del día.

Eso es lo que he querido, ¿no es cierto?

He elegido enterrarme en mi sepulcro; ya no veo el día ni la noche; cuando ando demasiado mal, cuando todo se vuelve intolerable, trago alcohol, sedantes o somníferos. Cuando va un poco mejor, tomo estimulantes y me zambullo en una novela policiaca: estoy bien abastecida. Cuando el silencio me ahoga, enciendo la radio y me llegan de un planeta lejano voces que apenas comprendo: ese mundo tiene su tiempo, sus horas, sus leyes, su lenguaje, sus preocupaciones, diversiones que me son radicalmetne extraños. ¡A qué grado de abandono se puede llegar cuando se está totalmente sólo, encerrado! La habitación apesta a tabaco y a alcohol, hay ceniza por todas partes, estoy sucia, las sábanas estan sucias, el cielo está sucio, los cristales están sucios, esta suciedad es un caparazón que me protege, no saldré de ella nunca más. Sería fácil deslizarse algo más lejos en la nada, hasta el punto sin retorno. En mi cajón tengo lo que hace falta. ¿Pero no quiero, no quiero! ¡Tengo cuarenta y cuatro años, es demasiado pronto para morir, es injusto! Ya no puedo vivir más. No quiero morir.

Durante dos semanas no he escrito nada en este cuaderno porque me he releído. Y he visto que las palabras no dicen nada. Las rabias, las pesadillas, el horror escapan a las palabras. Pongo cosas en el papel cuando recupero fuerzas. En la desesperación o en la esperanza. Pero la decepción, el embrutecimiento, la descomposición no están anotadas en estas páginas. Y además ¡mienten tanto, se equivocan tanto! ¡Cómo he sido manipulada! Despacio, despacio, Maurice me llevó a decirle: “¡Elige!”, a fin de contestarme: “No renunciaré a Noëllie.” ¡Oh!, no voy a volver a comentar esta historia. No hay una sola linea de este diario que requiera una corrección o un desmentido. Por ejemplo, si lo empecé, en las Salinas, no es a causa de una juventud repentinamente recuperada ni para poblar mi soledad, sino para conjurar una cierta ansiedad que no se confesaba. Estaba oculta en el fondo del silencio y del calor de esa inquietante siesta, ligada a las morosidades de Maurice a su partida. Sí, a todo lo largo de estas páginas yo pensaba lo que escribía y pensaba lo contrario; y  al releerlas me siento completamente perdida. Hay frases que me hacen ruborizar de vergüenza… “Siempre quise la verdad, si la obtuve es porque la quería”. ¡Puede alguien engañarse hasta ese punto respecto a su vida! ¿Todo el mundo es tan ciego o soy tonta entre las tontas? No solamente una tonta. Yo me mentía. ¡Cómo me he mentido! Me relataba que Noëllie no contaba para nada, que Maurice me prefería y sabía perfectamente que era falso. Volví a tomar la pluma no para volver hacia atrás sino porque el vacio era tan inmenso en mí, a mi alrededor, que era preciso este gesto de mi mano para asegurarme de que aún estaba viva.

 

 La mujer rota. Simone de Beauvoir

 

He querido hacer escuchar aquí las voces de tres mujeres que se debaten con palabras en situaciones sin salida. Una tropieza con una ineluctable fatalidad, la de la edad. La segunda conjura por medio de un monólogo parafrenético la soledad adonde la ha arrojado su egoísmo exacerbado. La mujer rota es la víctima estupefacta de la vida que ella misma se eligió: una dependencia conyugal que la deja despojada de todo y de sus ser mismo cuando el amor le es rehusado. Sería en vano buscar moralejas en estos relatos: proponer lecciones , no; mi intención ha sido totalmente diferente. No se vive más que una sola vida, pero, por la simpatía, a veces es posible salirse de de la propia piel. He querido comunicar a mis lectores ciertas experiencias de las cuales participé de esa manera. Me siento solidaria de las mujeres que han asumido su vida y luchan por logar sus objetivos; pero eso no me impide -al contrario- interesarme por aquellas que, de un modo u otro, han fracasado.

  Simone de Beauvoir

 

Fuente original

Simone de Beauvoir

La mujer rota

Título original:

L´age de la discretion   Monologue   La femme rompue

Traducción de Dolores Sierra y N. Sánchez

Revisión de J. Sanjosé-Carvajosa

 

© Editions Gallimard, 1968

© Edhsa, 1980

 

 

Simone de Beauvoir, foto tomada de: http://www.cityofwomen.org

 

Foto l La Jornada Semanal  

Víal  Algún día en alguna parte: Las otras mujeres de Simone de Beauvoir.

 

noviembre 6, 2008

Te despertaste tú…

Filed under: Uncategorized — Etiquetas: , , , , , , , — labalaustra @ 7:50 pm

Y así pasaron muchas horas…

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