Nos Queda La Palabra

enero 9, 2010

…algo más lejos en la nada

 

15 de enero

Debería abrir una lata. O prepararme un baño. Pero entonces seguiría dando vueltas con mi pensamiento. Si escribo, me ocupo en algo, eso me permite huir. ¿Cuántas horas sin comer? ¿Cuántos días sin lavarme?  (…) , me he encerrado, han llamado al timbre en dos oportunidades, han llamado por teléfono con frecuencia, no respondo nunca, salvo a las ocho de la noche, a Maurice. Llama todos los días, puntualmente, con voz ansiosa:

-¿Qué has hecho hoy?

Contesto que que voy a ver a Isabel, Diana o Colette, que he estado en un concierto, en el cine.

-¿Y qué haces esta noche?

Digo que voy a ver a Diana o Isabelle, que iré al teatro. Insiste:

-¿Estás bien? ¿Duermes bien?

Lo tranquilizo y pregunto como está la nieve: nada extraordinario; y el tiempo tampoco brillante. Hay morosidad en su voz, como si ejecutara en Courchevel una obligación bastante agotadora. Y sé que tan pronto como cuelgue llegará riendo al bar en que Noëllie lo espera y beberán Martinis mientras comentan con animación los incidentes del día.

Eso es lo que he querido, ¿no es cierto?

He elegido enterrarme en mi sepulcro; ya no veo el día ni la noche; cuando ando demasiado mal, cuando todo se vuelve intolerable, trago alcohol, sedantes o somníferos. Cuando va un poco mejor, tomo estimulantes y me zambullo en una novela policiaca: estoy bien abastecida. Cuando el silencio me ahoga, enciendo la radio y me llegan de un planeta lejano voces que apenas comprendo: ese mundo tiene su tiempo, sus horas, sus leyes, su lenguaje, sus preocupaciones, diversiones que me son radicalmetne extraños. ¡A qué grado de abandono se puede llegar cuando se está totalmente sólo, encerrado! La habitación apesta a tabaco y a alcohol, hay ceniza por todas partes, estoy sucia, las sábanas estan sucias, el cielo está sucio, los cristales están sucios, esta suciedad es un caparazón que me protege, no saldré de ella nunca más. Sería fácil deslizarse algo más lejos en la nada, hasta el punto sin retorno. En mi cajón tengo lo que hace falta. ¿Pero no quiero, no quiero! ¡Tengo cuarenta y cuatro años, es demasiado pronto para morir, es injusto! Ya no puedo vivir más. No quiero morir.

Durante dos semanas no he escrito nada en este cuaderno porque me he releído. Y he visto que las palabras no dicen nada. Las rabias, las pesadillas, el horror escapan a las palabras. Pongo cosas en el papel cuando recupero fuerzas. En la desesperación o en la esperanza. Pero la decepción, el embrutecimiento, la descomposición no están anotadas en estas páginas. Y además ¡mienten tanto, se equivocan tanto! ¡Cómo he sido manipulada! Despacio, despacio, Maurice me llevó a decirle: “¡Elige!”, a fin de contestarme: “No renunciaré a Noëllie.” ¡Oh!, no voy a volver a comentar esta historia. No hay una sola linea de este diario que requiera una corrección o un desmentido. Por ejemplo, si lo empecé, en las Salinas, no es a causa de una juventud repentinamente recuperada ni para poblar mi soledad, sino para conjurar una cierta ansiedad que no se confesaba. Estaba oculta en el fondo del silencio y del calor de esa inquietante siesta, ligada a las morosidades de Maurice a su partida. Sí, a todo lo largo de estas páginas yo pensaba lo que escribía y pensaba lo contrario; y  al releerlas me siento completamente perdida. Hay frases que me hacen ruborizar de vergüenza… “Siempre quise la verdad, si la obtuve es porque la quería”. ¡Puede alguien engañarse hasta ese punto respecto a su vida! ¿Todo el mundo es tan ciego o soy tonta entre las tontas? No solamente una tonta. Yo me mentía. ¡Cómo me he mentido! Me relataba que Noëllie no contaba para nada, que Maurice me prefería y sabía perfectamente que era falso. Volví a tomar la pluma no para volver hacia atrás sino porque el vacio era tan inmenso en mí, a mi alrededor, que era preciso este gesto de mi mano para asegurarme de que aún estaba viva.

 

 La mujer rota. Simone de Beauvoir

 

He querido hacer escuchar aquí las voces de tres mujeres que se debaten con palabras en situaciones sin salida. Una tropieza con una ineluctable fatalidad, la de la edad. La segunda conjura por medio de un monólogo parafrenético la soledad adonde la ha arrojado su egoísmo exacerbado. La mujer rota es la víctima estupefacta de la vida que ella misma se eligió: una dependencia conyugal que la deja despojada de todo y de sus ser mismo cuando el amor le es rehusado. Sería en vano buscar moralejas en estos relatos: proponer lecciones , no; mi intención ha sido totalmente diferente. No se vive más que una sola vida, pero, por la simpatía, a veces es posible salirse de de la propia piel. He querido comunicar a mis lectores ciertas experiencias de las cuales participé de esa manera. Me siento solidaria de las mujeres que han asumido su vida y luchan por logar sus objetivos; pero eso no me impide -al contrario- interesarme por aquellas que, de un modo u otro, han fracasado.

  Simone de Beauvoir

 

Fuente original

Simone de Beauvoir

La mujer rota

Título original:

L´age de la discretion   Monologue   La femme rompue

Traducción de Dolores Sierra y N. Sánchez

Revisión de J. Sanjosé-Carvajosa

 

© Editions Gallimard, 1968

© Edhsa, 1980

 

 

Simone de Beauvoir, foto tomada de: http://www.cityofwomen.org

 

Foto l La Jornada Semanal  

Víal  Algún día en alguna parte: Las otras mujeres de Simone de Beauvoir.

 

enero 2, 2010

01022010

 

Alberto Caeiro é mais pagão que o paganismo, porque é mais inconsciente da essência do paganismo do que qualquer outro escritor pagão.

 

Sobre Alberto Caeiro. Textos de Ricardo Reis.

 

diciembre 18, 2009

…una idea elevada

 

 

Singularidades de uma rapariga loura

Antestreia Nacional no Festival Indie Lisboa 09

Realizador: Manoel de Oliveira
Ano:2009

Adaptação do livro de Eça de Queiroz.

 

Singularidades de una chica rubia

  • Dirección: Manoel de Oliveira.
  • Nacionalidad: Portugal, Francia y España.
  • Año: 2009.
  • Género: Drama, romance.
  • Guión: Manoel De Oliveira
  • Reparto: Ricardo Trêpa, Catarina Wallenstein

 

Adaptación del libro de Eça de Queiroz, Singularidades de uma rapariga loura 

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  Cines Renoir Plaza de España

  • Localidad: Madrid
  • Teléfono: 91 541 41 00
  • Cines Renoir Les Corts

  • Localidad: Barcelona
  • Teléfono: 934 905 510
  • Cines Alexandra

  • Localidad: Barcelona
  • Cines Truffaut

  • Localidad: Girona
  • Teléfono: 972225044
  •  

     “Un poeta portugués dijo que el espíritu escapa cuando respiramos. Vi morir a mi padre, vi su último suspiro. Y en ese soplo se iba su espíritu. Ahí pierdes tu personalidad, queda la materia inanimada. También dicen que en esa expiración se iba la maldad, hay expiación. Así que cuando fallezca, en ese suspiro último al fin podré perder toda mi maldad”.

    Manoel de Oliveira

    Entrevista a Manoel de Oliveira, “Si paro de rodar me muero”, de Gregorio Belinchón. ELPAIS.com

     

    ARoublev68

     

    “Llamarás bella a la película que te dé una idea elevada del cinematógrafo.”

    Robert Bresson

     

    In Memorian

      

    diciembre 17, 2009

    queestasleyendo

     

    queestasleyendo

    León está leyendo un libro de Marcos Ana sobre la guerra civil española, las poesías de Bob Dylan y de Olga Orozco.

     

    EN EL UMBRAL

    Deseché las respuestas
    para quedarme sin preguntas.
    Estoy golpeando las puertas del cielo.

    Daniel Chirón. “Candelabros”, 1994.

     

     Por mucho que nos duela

    a  Josefina Susana Fragueiro

    ¿Y ahora dónde estás,
    expulsada de todos los paraísos de este mundo,
    sin haber encontrado tu lugar ni en el bosque de la cigarra ni en la torre de la hormiga,
    y ni siquiera en un páramo de soledad que se amoldara como un hecho resignado a tu cuerpo,
    como una almohada de renunciamiento a tu cabeza?
    Ya habrás cruzado lúcida, con tus ojos de lámpara votiva,
    ese punto de fuga del que hablabas,
    donde empieza a invertirse la distancia y a ensancharse la tierra de la promisión.
    Ahora, cuando podrías enseñarme todos los subterfugios del camino,
    simularás sin duda no saberlos para exaltar las orgullosas tentativas de mis pies
    y erigirme un sitial de reina en mis errores,
    igual que de este lado.
    ¡Hemos andado juntas tantos años palpando las costuras que nos unieron a este trama!
    Tú cortaste los nudos y soltaste de un golpe todas las puntadas,
    con ese mismo exceso con que repartías tu pan y te precipitabas en el abismo y en la hoguera
    -sí, el desmedido amor, la pasión desmedida,
    la desmedida inercia frente al rito vampiro de la fatalidad-.
    Te arrancaste tu bolsa de intemperies, tu ropaje de huesos,
    el puñado de grises piedrecitas adheridas al último pliegue del destino,
    la mordaza de arena,
    y huíste por las vertiginosas galerías sin otro sol que tu alma
    ni más abrigo que dos o tres nombres apretujados contra tu desnudez
    igual que relicarios.
    ¿Y no podremos ya entreabrir otra vez los bordes de las sombras
    como los de una brecha por donde vida y muerte intercambian piadosas sus rehenes
    en forma de fantasmas?
    ¿Alguna vez podríamos tomarnos de la mano,
    cuando estemos muy solas,
    cuando el pavor recubra con pelambre de tigre todas las ventanas?
    Mi mano, al encuentro de la tuya, no recibe respuesta,
    como si resbalara por la desnuda y ciega superficie de un espejo que borra.
    Mis ojos sólo registran el ardor de una inmersión sin fin en el vacío inexorable.
    Mis palabras son como vidrios transparentes trizados contra el muro.
    ¿Puede ser que no vengas, tú, que siempre acudías antes de ser llamada,
    tú, que te adelantabas como un atajo a la necesidad
    y que volabas como un pájaro blanco atraído por el sahumerio de un deseo?
    ¿Puede ser, mensajera de los desayunos, vigía en la epidemia y la tormenta?
    Quizás te hayas confundido otra vez el lugar y las horas
    y antes como viajera perdida nuevamente entre dunas errantes y encrucijadas circulares,
    con ese aire confuso de los que no se sienten esperados,
    de los que van hacia ninguna parte.
    Acaso te detengas en esos sitios como catedrales en los que resonó tu voz de Piaf,
    ese grito subiendo en borbotones desde el amor herido hasta la desagarrada garganta el perdón:
    o en esas habitaciones miserables que aspiraban tu vida en un negro bostezo
    y te arrojaban al azar y al desorden como a dos ventisqueros;
    o junto a esas mesas en las que bebías tu alcohol a grandes llamaradas,
    no para ver el mundo a través de una fiesta, sino para quemarle la pial al infortunio;
    o en ese altillo donde me dejaste un árbol de alucinada Navidad
    como un angel posado para siempre sobre cualquier rincón inhóspito del año;
    o allá mucho más lejos, en casas que hoy son nubes,
    donde podías extraer la dicha de un perfume, una cabeza de una piedra,
    cuando aún no tenías esa doble visión de los que perfeccionan el fracaso como un huecograbado,
    cuando aún no asfixiabas con rejas los retratos,
    cuando te arrebujabas en el porvenir bajo el manto de Donatello y Miguel Ángel,
    y aún era temprano.
    ¿Y estarás ajustando más las cuentas,
    borroneando tu torturada biografía con tachaduras que son un signo menos?
    ¿O te retienen por un ala desde arriba,
    mientras pugnas por desasirte con esos tormentosos aleteos,
    con esa fuerza de bestezuela exasperada con que te resistías a las jaulas de cualquier ordenanza,
    acumulando sólo lastimaduras y castigos, con extraña paciencia?
    ¿O aún no has logrado entrar y no puedes adelantarte a la salida?
    No puedo suponer que estás sentada en tu silla de Van Gogh haciendo otra durísima antesala,
    repasando los agujeros de tu historia en busca de las llaves,
    como si no estuvieran estampadas con fuego en tus dos manos,
    como si fueran necesarias;
    o que esperas entre celestes agapantos soñando que te despiertas en el alba harapienta,
    de cara a la pared,
    donde había una puerta que acaban de tapiar y una cortina que se desvanece,
    y giras la cabeza y no aciertas a distinguir tus pobres pertenencias,
    la exigua certidumbre que te amparaba cada día.
    No puedo soportar que veles suspendida de un reflejo, acorralada en lo imposible.
    Soy yo quien anda a tientas sin hallar la consigna,
    o quien fragua visiones con el humo que exhalan sus propias pesadillas.
    ¡Tanto velo ilusorio para cubrir los huecos de tu ausencia!
    No, no te esfuerces más por hacerte visible probándote los vendajes de la niebla,
    no trates de secarme cada lágrima con un soplo de invierno,
    no intentes susurrar con el chisporroteo de los leños las viejas melodías.
    Tú y yo no precisamos más evidencia que la sed
    para saber que en algún lado gorgotean las aguas subterráneas.
    ¡Hemos andado juntas tantos años bajo estas pavorosas ruedas fulgurantes esperando un milagro!
    Ahora donde quiera que estés está el milagro:
    ésa es “la tierra de ninguna parte, tu verdadera patria”.
    Allá está la flor de oro, la corona de luz,
    el corazón secreto de la joya que late con tu corazón y alumbra las tinieblas.
    No mires hacia atrás.
    Asciende, asciende hasta perdernos de vista como a las migraciones de este último otoño,
    como a los huesos que se disgregan en la playa.
    Y olvídanos junto a la loza rota, los calendarios muertos, los zapatos;
    olvídanos tiernamente, con esa fervorosa obstinacion que tú sabes,
    pero olvídanos, por mucho que te cueste,
    por mucho que nos duela todavía.

     

    Olga Orozco. Por mucho que nos duela. Num. 15 de La noche a la deriva (1984)

     
    .

    Las chicas habían hecho que le cayera el pañuelo sobre un ojo y tenía problemas para ver por dónde caminaba.

    -Ustedes, gentes destempladas, apenas conseguiran votos de los electores.

    Le empujaron a través del portón a la acera. Las pitas de la entrada le picotearon dolorosamente las pantorrillas  y dió un traspiés hacia adelante.

    – Bueno, compadre- dijo Frieda desde el otro lado de la puerta, mientras la cerraba-. Te damos diez minutos de ventaja. Luego, empezamos a peinar el Barrio Francés.

    – Y mejor será que no demos con ese culo gordo- dijo Liz.

    -Desparece gordinflón- añadió Betty-. Hace mucho que no tenemos una buena pelea. Estamos deseando tener una.

    -Vuestro movimiento está condenado-balbuceó Ignatius a las chicas, que se empujaban entre sí desandando por el camino-. ¿Me oís? Con-de-na-do. No sabéis nada de política ni de cómo hay que convencer a los electores. No ganaréis ni en un sólo distrito del país. ¡Ni siquiera en el Barrio Francés!

    La puerta se cerró de golpe y las chicas volvieron a la fiesta, que parecía haber recuperado impulso. Sonaba la música de nuevo e Ignatius oyó gritos y chillidos aún más estrepitosos que antes. Golpeó las persiansas negras con el sable, gritando: “¡Perdereis!”.

    Respondieron a su grito los taconazos de muchos pies danzantes.

     

    La conjura de los necios. John Kennedy Toole.

     
     

    Fuente original

    Título de la edición original:

    A Confederacy of Dunces

    Lousiana State University Press

    Baton Rouge, 1980

    © Thelmna D. Toole, 1980

    © EDITORIAL ANAGRAMA, 1982

    ISBN: 84-339-3014-1

     
    avalorio24
     
    .
     
    El sabio es sabio de acuerdo con la prudencia que lo exorne, se dice… 

     

    José Saramago. Todos los nombres. 

     
     
     

    diciembre 13, 2009

    Un loco

     

    Es una tarde mustia y desabrida

    de un otoño sin frutos, en la tierra

    estéril  y raída

    donde la sombra de un centauro yerra.

    Por un camino en la árida llanura,

    entre álamos marchitos,

    a solas con su sombra y su locura

    va el loco, hablando a gritos.

    Lejos se ven sombríos estepares,

    colinas con malezas y cambrones,

    y ruinas de viejos encinares,

    coronando los agrios serrijones.

    El loco vocifera

    a solas con su sombra y su quimera.

    Es horrible y grotesca su figura:

    flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,

    ojos de calentura

    iluminan su rostro demacrado.

    Huye de la ciudad…Pobres maldades,

    misérrimas virtudes y quehaceres

    de chulos aburridos, y ruindades

    de ociosos mercaderes.

    Por los campos de Dios el loco avanza.

    Tras la tierra esquelética y sequiza

    -rojo de herrumbre y pardo de ceniza-

    hay un sueño de lirio en lontananza.

    Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!

    -¡carne triste y espíritu villano!-.

    No fue por una trágica amargura

    esta alma errante desgajada y rota;

    purga un pecado ajeno: la cordura,

    la terrible cordura del idiota.

    Campos de Castilla (1907-1917). Antonio Machado

     

    Vía l  Algún día en alguna parte:  13 de diciembre 2009. Homenaje a Antonio Machado.

     

     

    diciembre 12, 2009

    … el aquí que ignoro

    Sin querer 

    Sin querer,
    sin encontrar una niebla de olvido
    que me haga extraviarme en mi presente,
    que no recuerdo
    porque la luz es excesiva;

    sin querer,
    sin desaprender esa música
    lejana -y conseguir,
    en el día brumoso,
    escuchar al silencio lleno de alas.

    Sin querer
    -nunca queréis, no quiero-,
    vamos impulsados por remos
    de una leña que no consume
    el fuego que nos arde.

    Sin querer,
    caminamos hacia un final
    que nos aguarda indiferente
    -no es cazador- con su sima de olas
    sin sal y sin espumas.

    Sin querer,
    ignoro si es posible
    recobrar el aquí que ignoro,
    o, ciego y en silencio,
    sumergirme en el río
    que me niegue a vosotros,
    sin querer.

    Ángel Crespo

    Fuente l A Media Voz  

     

    El hombre es un animal incoherente, y es incoherente porque es dúplice. Tiene una vida de sentidos, que le liga, mediante procesos que van desde la percepción hasta la vida social, al mundo, inhumano y humano, que le rodea; tiene una vida de inteligencia que le encierra en sí mismo, y así le separa de este mundo. En el hombre en quien la vida de la inteligencia está apgada, la filosofía de la vida procede de los sentidos y de los influjos exteriores: su ideal será aquel que unos y otros le impongan. Ese hombre, que es el hombre vulgar, se acerca a los animales por la unidad de su ser, hija legítima de la inconsciencia. Sin embargo, desde que el hombre despierta y vivie el pensamiento abstracto, se ha formado en él una dualidad. No puede hurtarse a la vida de los sentidos; no puede negarse a la vida de la razón.

     

    El artista y los dioses. Fernando Pessoa

     

    Fuente original

    Fernando Pessoa, El regreso de los dioses, Barcelona: Seix-barral, 1986

    © 1986: Editorial SeixBarral, S.A.

    © de la traducción e introducción: Ángel Crespo  1986

     

     

     

     

    diciembre 8, 2009

    … hacia el ridículo absoluto.

    Filed under: actualidad, Cultura, Educación — Etiquetas: , , , , , , — labalaustra @ 2:09 pm

      

     

    starbug1313 

     

    There are places I’ll remember
    All my life, though some have changed
    Some forever, not for better.

      In My Life.  John Lennon 

     

    No-B day

    Si Cicerón todavía viviera entre vosotros, italianos, no diría “¿Hasta cuando, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? y sí: “¿Hasta cuando, Berlusconi, atentarás contra nuestra democracia?”. De eso se trata. Con su peculiar idea sobre la razón de ser y el significado de la institución democrática, Berlusconi ha transformado en pocos años a Italia en una sombra grotesca de país y a una gran parte de los italianos en una multitud de títeres que lo siguen aborregadamente sin darse cuenta de que caminan hacia el abismo de la dimisión cívica definitiva, hacia el descrédito internacional, hacia el ridículo absoluto.

    Con su historia, con su cultura, con su innegable grandeza, Italia no merece el destino que Berlusconi le ha trazado con frialdad canalla y sin el menor vestigio de pudor político, sin el más elemental sentimiento de vergüenza. Quiero pensar que la gigantesca manifestación contra la “cosa” Berlusconi, donde serán leídas estas palabras, se convertirá en el primer paso para la libertad y la regeneración de Italia. Para eso no son necesarias armas, bastan los votos. En vosotros deposito mi confianza.

    José Saramago

     

    noviembre 21, 2009

    …vous pleurez comme nous.

    Filed under: Uncategorized — Etiquetas: , , , , , , , — labalaustra @ 11:53 pm

     

     

    Poème sur le désastre de Lisbonne

             Voltaire

    O malheureux mortels! ô terre déplorable!
    O de tous les mortels assemblage effroyable!
    D’inutiles douleurs éternel entretien!
    Philosophes trompés qui criez: “Tout est bien”
    Accourez, contemplez ces ruines affreuses
    Ces débris, ces lambeaux, ces cendres malheureuses,
    Ces femmes, ces enfants l’un sur l’autre entassés,
    Sous ces marbres rompus ces membres dispersés;
    Cent mille infortunés que la terre dévore,
    Qui, sanglants, déchirés, et palpitants encore,
    Enterrés sous leurs toits, terminent sans secours
    Dans l’horreur des tourments leurs lamentables jours!
    Aux cris demi-formés de leurs voix expirantes,
    Au spectacle effrayant de leurs cendres fumantes,
    Direz-vous: “C’est l’effet des éternelles lois
    Qui d’un Dieu libre et bon nécessitent le choix”?
    Direz-vous, en voyant cet amas de victimes:
    “Dieu s’est vengé, leur mort est le prix de leurs crimes”?
    Quel crime, quelle faute ont commis ces enfants
    Sur le sein maternel écrasés et sanglants?
    Lisbonne, qui n’est plus, eut-elle plus de vices
    Que Londres, que Paris, plongés dans les délices?
    Lisbonne est abîmée, et l’on danse à Paris.
    Tranquilles spectateurs, intrépides esprits,
    De vos frères mourants contemplant les naufrages,
    Vous recherchez en paix les causes des orages:
    Mais du sort ennemi quand vous sentez les coups,
    Devenus plus humains, vous pleurez comme nous.
    Croyez-moi, quand la terre entrouvre ses abîmes
    Ma plainte est innocente et mes cris légitimes
    Partout environnés des cruautés du sort,
    Des fureurs des méchants, des pièges de la mort
    De tous les éléments éprouvant les atteintes,
    Compagnons de nos maux, permettez-nous les plaintes.
    C’est l’orgueil, dites-vous, l’orgueil séditieux,
    Qui prétend qu’étant mal, nous pouvions être mieux.
    Allez interroger les rivages du Tage;
    Fouillez dans les débris de ce sanglant ravage;
    Demandez aux mourants, dans ce séjour d’effroi
    Si c’est l’orgueil qui crie “O ciel, secourez-moi!
    O ciel, ayez pitié de l’humaine misère!”

     

     

    noviembre 10, 2009

    …dans la santé essentielle

     

    raulphotographe

    Conte

           Un Prince était vexé de ne s’être employé jamais qu’à la perfection des générosités vulgaires. Il prévoyait d’étonnantes révolutions de l’amour, et soupçonnait ses femmes de pouvoir mieux que cette complaisance agrémentée de ciel et de luxe. Il voulait voir la vérité, l’heure du désir et de la satisfaction essentiels. Que ce fût ou non une aberration de piété, il voulut. Il possédait au moins un assez large pouvoir humain.      Toutes les femmes qui l’avaient connu furent assassinées. Quel saccage du jardin de la beauté! Sous le sabre, elles le bénirent. Il n’en commanda point de nouvelles. – Les femmes réapparurent.      Il tua tous ceux qui le suivaient, après la chasse ou les libations. – Tous le suivaient.      Il s’amusa à égorger les bêtes de luxe. Il fit flamber les palais. Il se ruait sur les gens et les taillait en pièces. La foule, les toits d’or, les belles bêtes existaient encore.      Peut-on s’extasier dans la destruction, se rajeunir par la cruauté! Le peuple ne murmura pas. Personne n’offrit le concours de ses vues.      Un soir il galopait fièrement. Un Génie apparut, d’une beauté ineffable, inavouable même. De sa physionomie et de son maintient ressortait la promesse d’un amour multiple et complexe! d’un bonheur indicible, insupportable même! Le Prince et le Génie s’anéantirent probablement dans la santé essentielle. Comment n’auraient-ils pas pu en mourir. Ensemble donc ils moururent.      Mais ce Prince décéda, dans son palais, à un âge ordinaire. Le prince était le Génie. Le Génie était le Prince. – La musique savante manque à notre désir.

     

    Les Illuminations. Arthur Rimbaud

    Fuente l Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

    La música sabia no acude a nuestro deseo…

     

    Sostiene Pereira…

     

    Sostiene Pereira (piano solo) Ennio Morricone

    Mercuziopianist

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