Nos Queda La Palabra

abril 14, 2010

…al sol y a la luna.

 

alonekk 

A galopar

Rafael Alberti- Paco Ibáñez

 Concierto en el teatro Alcalá de Madrid en mayo de 1991.

 

 

 “El olvido de la historia reciente de España es algo programado, porque para algunos el recuerdo de esta historia puede ser peligroso”.

Ángel González

 

Cita l “Lo que empezó en Rivas es imparable”

            Público.es

 

¡ Salud y República !…

 

Anuncios

marzo 28, 2010

…y van a la canción, y van al beso

 

dinoranoe

Por una senda- Miguel Hernández

Amancio Prada

 

 

Modelo de la declaración de reparación y reconocimiento personal que concede
el Ministerio de Justicia a los represaliados del franquismo.

 

Fuente l Miguel Hernández y 567 represaliados más

                   ELPAÍS.COM

 

 

diciembre 17, 2009

queestasleyendo

 

queestasleyendo

León está leyendo un libro de Marcos Ana sobre la guerra civil española, las poesías de Bob Dylan y de Olga Orozco.

 

EN EL UMBRAL

Deseché las respuestas
para quedarme sin preguntas.
Estoy golpeando las puertas del cielo.

Daniel Chirón. “Candelabros”, 1994.

 

 Por mucho que nos duela

a  Josefina Susana Fragueiro

¿Y ahora dónde estás,
expulsada de todos los paraísos de este mundo,
sin haber encontrado tu lugar ni en el bosque de la cigarra ni en la torre de la hormiga,
y ni siquiera en un páramo de soledad que se amoldara como un hecho resignado a tu cuerpo,
como una almohada de renunciamiento a tu cabeza?
Ya habrás cruzado lúcida, con tus ojos de lámpara votiva,
ese punto de fuga del que hablabas,
donde empieza a invertirse la distancia y a ensancharse la tierra de la promisión.
Ahora, cuando podrías enseñarme todos los subterfugios del camino,
simularás sin duda no saberlos para exaltar las orgullosas tentativas de mis pies
y erigirme un sitial de reina en mis errores,
igual que de este lado.
¡Hemos andado juntas tantos años palpando las costuras que nos unieron a este trama!
Tú cortaste los nudos y soltaste de un golpe todas las puntadas,
con ese mismo exceso con que repartías tu pan y te precipitabas en el abismo y en la hoguera
-sí, el desmedido amor, la pasión desmedida,
la desmedida inercia frente al rito vampiro de la fatalidad-.
Te arrancaste tu bolsa de intemperies, tu ropaje de huesos,
el puñado de grises piedrecitas adheridas al último pliegue del destino,
la mordaza de arena,
y huíste por las vertiginosas galerías sin otro sol que tu alma
ni más abrigo que dos o tres nombres apretujados contra tu desnudez
igual que relicarios.
¿Y no podremos ya entreabrir otra vez los bordes de las sombras
como los de una brecha por donde vida y muerte intercambian piadosas sus rehenes
en forma de fantasmas?
¿Alguna vez podríamos tomarnos de la mano,
cuando estemos muy solas,
cuando el pavor recubra con pelambre de tigre todas las ventanas?
Mi mano, al encuentro de la tuya, no recibe respuesta,
como si resbalara por la desnuda y ciega superficie de un espejo que borra.
Mis ojos sólo registran el ardor de una inmersión sin fin en el vacío inexorable.
Mis palabras son como vidrios transparentes trizados contra el muro.
¿Puede ser que no vengas, tú, que siempre acudías antes de ser llamada,
tú, que te adelantabas como un atajo a la necesidad
y que volabas como un pájaro blanco atraído por el sahumerio de un deseo?
¿Puede ser, mensajera de los desayunos, vigía en la epidemia y la tormenta?
Quizás te hayas confundido otra vez el lugar y las horas
y antes como viajera perdida nuevamente entre dunas errantes y encrucijadas circulares,
con ese aire confuso de los que no se sienten esperados,
de los que van hacia ninguna parte.
Acaso te detengas en esos sitios como catedrales en los que resonó tu voz de Piaf,
ese grito subiendo en borbotones desde el amor herido hasta la desagarrada garganta el perdón:
o en esas habitaciones miserables que aspiraban tu vida en un negro bostezo
y te arrojaban al azar y al desorden como a dos ventisqueros;
o junto a esas mesas en las que bebías tu alcohol a grandes llamaradas,
no para ver el mundo a través de una fiesta, sino para quemarle la pial al infortunio;
o en ese altillo donde me dejaste un árbol de alucinada Navidad
como un angel posado para siempre sobre cualquier rincón inhóspito del año;
o allá mucho más lejos, en casas que hoy son nubes,
donde podías extraer la dicha de un perfume, una cabeza de una piedra,
cuando aún no tenías esa doble visión de los que perfeccionan el fracaso como un huecograbado,
cuando aún no asfixiabas con rejas los retratos,
cuando te arrebujabas en el porvenir bajo el manto de Donatello y Miguel Ángel,
y aún era temprano.
¿Y estarás ajustando más las cuentas,
borroneando tu torturada biografía con tachaduras que son un signo menos?
¿O te retienen por un ala desde arriba,
mientras pugnas por desasirte con esos tormentosos aleteos,
con esa fuerza de bestezuela exasperada con que te resistías a las jaulas de cualquier ordenanza,
acumulando sólo lastimaduras y castigos, con extraña paciencia?
¿O aún no has logrado entrar y no puedes adelantarte a la salida?
No puedo suponer que estás sentada en tu silla de Van Gogh haciendo otra durísima antesala,
repasando los agujeros de tu historia en busca de las llaves,
como si no estuvieran estampadas con fuego en tus dos manos,
como si fueran necesarias;
o que esperas entre celestes agapantos soñando que te despiertas en el alba harapienta,
de cara a la pared,
donde había una puerta que acaban de tapiar y una cortina que se desvanece,
y giras la cabeza y no aciertas a distinguir tus pobres pertenencias,
la exigua certidumbre que te amparaba cada día.
No puedo soportar que veles suspendida de un reflejo, acorralada en lo imposible.
Soy yo quien anda a tientas sin hallar la consigna,
o quien fragua visiones con el humo que exhalan sus propias pesadillas.
¡Tanto velo ilusorio para cubrir los huecos de tu ausencia!
No, no te esfuerces más por hacerte visible probándote los vendajes de la niebla,
no trates de secarme cada lágrima con un soplo de invierno,
no intentes susurrar con el chisporroteo de los leños las viejas melodías.
Tú y yo no precisamos más evidencia que la sed
para saber que en algún lado gorgotean las aguas subterráneas.
¡Hemos andado juntas tantos años bajo estas pavorosas ruedas fulgurantes esperando un milagro!
Ahora donde quiera que estés está el milagro:
ésa es “la tierra de ninguna parte, tu verdadera patria”.
Allá está la flor de oro, la corona de luz,
el corazón secreto de la joya que late con tu corazón y alumbra las tinieblas.
No mires hacia atrás.
Asciende, asciende hasta perdernos de vista como a las migraciones de este último otoño,
como a los huesos que se disgregan en la playa.
Y olvídanos junto a la loza rota, los calendarios muertos, los zapatos;
olvídanos tiernamente, con esa fervorosa obstinacion que tú sabes,
pero olvídanos, por mucho que te cueste,
por mucho que nos duela todavía.

 

Olga Orozco. Por mucho que nos duela. Num. 15 de La noche a la deriva (1984)

 
.

Las chicas habían hecho que le cayera el pañuelo sobre un ojo y tenía problemas para ver por dónde caminaba.

-Ustedes, gentes destempladas, apenas conseguiran votos de los electores.

Le empujaron a través del portón a la acera. Las pitas de la entrada le picotearon dolorosamente las pantorrillas  y dió un traspiés hacia adelante.

– Bueno, compadre- dijo Frieda desde el otro lado de la puerta, mientras la cerraba-. Te damos diez minutos de ventaja. Luego, empezamos a peinar el Barrio Francés.

– Y mejor será que no demos con ese culo gordo- dijo Liz.

-Desparece gordinflón- añadió Betty-. Hace mucho que no tenemos una buena pelea. Estamos deseando tener una.

-Vuestro movimiento está condenado-balbuceó Ignatius a las chicas, que se empujaban entre sí desandando por el camino-. ¿Me oís? Con-de-na-do. No sabéis nada de política ni de cómo hay que convencer a los electores. No ganaréis ni en un sólo distrito del país. ¡Ni siquiera en el Barrio Francés!

La puerta se cerró de golpe y las chicas volvieron a la fiesta, que parecía haber recuperado impulso. Sonaba la música de nuevo e Ignatius oyó gritos y chillidos aún más estrepitosos que antes. Golpeó las persiansas negras con el sable, gritando: “¡Perdereis!”.

Respondieron a su grito los taconazos de muchos pies danzantes.

 

La conjura de los necios. John Kennedy Toole.

 
 

Fuente original

Título de la edición original:

A Confederacy of Dunces

Lousiana State University Press

Baton Rouge, 1980

© Thelmna D. Toole, 1980

© EDITORIAL ANAGRAMA, 1982

ISBN: 84-339-3014-1

 
avalorio24
 
.
 
El sabio es sabio de acuerdo con la prudencia que lo exorne, se dice… 

 

José Saramago. Todos los nombres. 

 
 
 

octubre 16, 2009

Vientos del pueblo…

Filed under: actualidad — Etiquetas: , , , , , — labalaustra @ 10:58 pm

 

 GuerraCivilTV2

 

 

“Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido…

…jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños”.

 

(Miguel… en los muros de la carcel de Alicante, poco antes de morir)

 

agosto 18, 2009

La noche no quiere venir…

 

Gacela del amor desesperado. Federico García Lorca

 Amancio Prada

La noche no quiere venir
para que tu no vengas,
ni yo pueda ir.

Pero yo iré,
aunque un sol de alacranes me coma la sien.

Pero tu vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.

El día no quiere venir
para que tu no vengas,
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.

Pero tu vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.

Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.

 

Fuentel edicionesCaseras

VIEJA 1ª-Está bien que una casada quiera hijos, pero si no los tiene, ¿por qué esa ansia de ellos? Lo importante de este mundo es dejarse llevar por los años. No te critico. Ya has visto cómo he ayudado a los rezos. Pero, ¿qué vega esperas dar a tu hijo ni qué felicidad, ni qué silla de plata?

YERMA.-Yo no pienso en el mañana, pienso en el hoy. Tú estás vieja y lo ves ya todo como un libro leído. Yo pienso que tengo sed y no tengo libertad. Yo quiero tener a mi hijo en los brazos para dormir tranquila, y óyelo bien y no te espantes de lo que digo: aunque yo supiera que mi hijo me iba a martirizar después y me iba a odiar y me iba a llevar de los cabellos por las calles, recibiría con gozo su nacimiento, porque es mucho mejor llorar por un hombre vivo que nos apuñala, que llorar por este fantasma sentado año tras año encima de mi corazón.

VIEJA 1ª-Eres demasiado joven para oír consejo. Pero mientras esperas la gracia de Dios debes ampararte en el amor de tu marido.

YERMA.-¡Ay! Has puesto el dedo en la llaga más honda que tienen mis carnes.

DOLORES.-Tu marido es bueno.

YERMA. – (Se levanta.) ¡Es bueno! ¡Es bueno! ¿Y qué? Ojalá fuera malo. Pero no. El va con sus ovejas por sus caminos y cuenta el dinero por las noches. Cuando me cubre cumple con su deber, pero yo le noto la cintura fría como si tuviera el cuerpo muerto y yo, que siempre he tenido asco de las mujeres calientes, quisiera ser en aquel instante como una montaña de fuego.

DOLORES.-iYerma!

YERMA.-No soy una casada indecente; pero yo sé que los hijos nacen del hombre y de la mujer. ¡Ay, si los pudiera tener yo sola!

DOLORES. – Piensa que tu marido también sufre.

YERMA.-No sufre. Lo que pasa es que él no ansía hijos.

VIEJA 1ª-¡No digas eso!

YERMA.-Se lo conozco en la mirada, y como no los ansía no me los da. No lo quiero, no lo quiero y, sin embargo, es mi única salvación. Por honra y por casta. Mi única salvación.

  Tercer Acto,Yerma,de Federico García Lorca  

 

 “ Federico García Lorca no fue fusilado, fue asesinado. Naturalmente nadie podría pensar que le matarían alguna vez. De todos los poetas de España era el más amado, el más querido, y el más semejante a un niño por su maravillosa alegría. ¿Quién pudiera creer que hubiera sobre la tierra, y sobre su tierra, monstruos capaces de un crimen tan inexplicable?”

Pablo Neruda

 

Fuente l Neruda y los poestas andaluces. Andalucia Comunidad Cultural

 

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.