Nos Queda La Palabra

febrero 29, 2012

…e all’assalto tornerà!

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«Todos trabajamos por tres cosas: la fama, el oro y el placer. Tengo fama, no necesito oro, y los placeres de antaño me aburren…».

Gioachino Rossini

*

(…)

“Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.”

Palabras para Julia.  José A.  Goytisolo.

*

rubenmsk

Cecilia Bartoli & James Levine (piano) 


La Danza (Tarantella napoletana)

Soirées musicales

– Gioachino Rossini-Carlo Pepoli-

Già la luna è in mezzo al mare,

mamma mia, si salterà!
L’ora è bella per danzare,
chi è in amor non mancherà.
Già la luna è in mezzo al mare,
mamma mia, si salterà!
L’ora è bella per danzare,
chi è in amor non mancherà.
Già la luna è in mezzo al mare,
mamma mia, si salterà!

Presto in danza a tondo, a tondo,
donne mie venite qua,
un garzon bello e giocondo
a ciascuna toccherà,
finchè in ciel brilla una stella
e la luna splenderà.
Il più bel con la più bella
tutta notte danzerà.

Mamma mia, mamma mia,
già la luna è in mezzo al mare,
mamma mia, mamma mia,
mamma mia, si salterà.
Frinche, frinche, frinche,
frinche, frinche, frinche,
mamma mia, si salterà.
Frinche, frinche, frinche,
frinche, frinche, frinche,
mamma mia, si salterà.

La la ra la ra
la ra la la ra la…

Salta, salta, gira, gira,
ogni coppia a cerchio va,
già s’avanza, si ritira
e all’assalto tornerà.
Salta, salta, gira, gira,
ogni coppia a cerchio va,
già s’avanza, si ritira
e all’assalto tornerà.
Già s’avanza, si ritira
e all’assalto tornerà!

Sera, sera, colla bionda,
colla bruna và quà e là
colla rosa và a seconda,
colla smorta fermo sta.
Viva il ballo a tondo a tondo,
sono un Re, sono un Pascià,
è il più bel piacer del mondo
la più cara voluttà.

Mamma mia, mamma mia,
già la luna è in mezzo al mare,
mamma mia, mamma mia,
mamma mia, si salterà.
Frinche, frinche, frinche,
frinche, frinche, frinche,
mamma mia, si salterà.
Frinche, frinche, frinche,
frinche, frinche, frinche,
mamma mia, si salterà.

La la ra la ra
la ra la la ra la….

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Cita     l  Wikiquote

Cita     l Poesía en español- Spanish poetry

Letra  l  Rossini – Liszt, La Danza (Tarantella napoletana)

                                        Blog de música clásica y para la música clásica
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julio 1, 2010

…“en el país de las sagradas maravillas!”

 

Amad. Es el único bien que hay en la vida.

George Sand

 

Muerte de George Sand

Por Fiodor Dostoievsky

El último número del Diario, correspondiente a mayo, estaba ya compuesto y en prensa cuando me enteré por los diarios de la muerte de George Sand (murió el 27 de mayo-8 de junio de 1876). De este modo no alcancé a decir siquiera una palabra acerca de esta muerte. Pero había bastado que leyera esa noticia para comprender cuánto significó en mi vida aquel nombre, cuánto correspondió en una época a ese poeta, de mi entusiasmo, de mi admiración, y todo lo que me dio entonces de alegría, de felicidad. Sin temor escribo cada una de estas palabras, porque así fue literalmente. Ella fue una de nuestras contemporáneas (quiero decir, nuestras) que más plenamente realizó el tipo de idealista de los años treinta y cuarenta. Es uno de los nombres de nuestro poderoso siglo, presuntuoso y al mismo tiempo doloroso, pleno de ideales inexpresados, de los más indefinidos deseos, nombre que surgió allá lejos, “en el país de las sagradas maravillas!”, que nos atraía quitando a lo nuestro, nuestra Rusia siempre en gestación, mucho pensar, mucho amor, la fuerza de santos y nobles impulsos, vivísima vida y caras convicciones. Pero no debemos lamentarlo: exaltando tales nombres y admirándolos, los rusos sirvieron y sirven a su más verdadera misión. Que no se asombren de estas palabras mías, y sobre todo en relación a George Sand, acerca de quien puede hasta hoy discutirse y a quien la mitad de nosotros, si no las nueve décimas partes, ya alcanzaron a olvidar; pero ella a pesar de todo desempeñó un papel entre nosotros en su tiempo, ¿y quién estará más dispuesto a recordarla sobre su tumba que nosotros, sus contemporáneos de todo el mundo? Nosotros, los rusos, tenemos dos patrias: nuestra Rusia y Europa, aun en el caso de llamarnos eslavófilos (que ellos no me guarden enojo por esto). No es preciso disputar sobre ello. La más alta entre las altas misiones que los rusos reconocen como un deber asumir en el futuro, es la misión de reunir la humanidad en un solo haz, es el universal servicio a la humanidad; no sólo a Rusia, no al mundo eslavo, sino a la humanidad toda. Reflexionadlo, y también vosotros aceptaréis que los eslavófilos reconocieron eso mismo -por eso nos exhortaban a ser más estrictamente rusos, a serlo más firme y responsablemente-, comprendiendo precisamente que esa tendencia a unificar la humanidad es el más importante rasgo de la personalidad rusa, así como su misión. Por otra parte, todo esto exige todavía muchas explicaciones, por lo menos la de que el servicio de un ideal universalmente humano y un aturdido vagabundear por Europa, abandonando voluntariamente la patria, son dos cosas diametralmente opuestas, aunque hasta ahora se las confunda. Por el contrario, mucho, mucho de lo que tomamos de Europa y trasplantamos entre nosotros no se limitó a la copia servil, como indispensablemente lo exigen los Potuguin, sino que lo incorporamos a nuestro organismo, a nuestra carne y nuestra sangre; hemos sobrellevado y hasta padecimos con independencia punto por punto, como en el Occidente, otras cosas que allá eran familiares. Esto es lo que los europeos no quieren admitir por nada del mundo; lo que ha sido mejor, por el momento. De ese modo se cumplirá más imperceptible y tranquilamente un proceso indispensable que asombrará al mundo en sus consecuencias, proceso que puede seguirse del modo más claro y palpable en la actitud que observamos con respecto a la literatura de los demás pueblos. Sus poetas son para nosotros, al menos para la mayoría de nuestras gentes cultivadas, igualmente familiares que los suyos en sus países de Occidente. Yo afirmo y repito que todo poeta, pensador, filántropo europeo, aparte de su propia tierra, en ninguna otra parte del mundo es tan íntimamente comprendido y más aceptado como en Rusia. Shakespeare, Byron, Walter Scott, Dickens, nos son más familiares y comprensibles que, por ejemplo, a los alemanes, si bien por supuesto circula entre nosotros sólo la décima parte de los ejemplares, en su traducción rusa, que en la libresca Alemania. La Convención francesa del año 93 al otorgar una credencial de ciudadano “au poète allemand Schiller, l’ami de l’humanité”, a pesar de haber hecho con ello un gesto hermoso, soberbio, profético, no sospechaba siquiera que en el otro extremo de Europa, en la bárbara Rusia, ese mismo Schiller era bastante más nacional y bastante más caro a los bárbaros rusos, no sólo que a Francia, la de aquel tiempo, sino a la de más tarde, en todo nuestro siglo, durante el cual Schiller, ciudadano francés y “l’ami de l’humanité”, sólo era conocido en Francia por los profesores de literatura y eso no por todos. Entre nosotros en cambio, junto con Yukovsky, se introdujo en el alma rusa, dejó en ella una señal, significó por sí mismo casi un período en la historia de nuestra cultura. Esta actitud rusa respecto a la literatura universal es un fenómeno que casi no se ha repetido en otros pueblos en tal medida a lo largo de toda la historia, y si esta característica es realmente nuestra particularidad nacional rusa, ¿qué susceptible patriotismo, qué chauvinismo tendría derecho a protestar contra este fenómeno y no querría ver por el contrario un hecho pleno de promesas y claramente profético para la adivinación de nuestro porvenir?
¡Oh!, por supuesto, muchos sonreirán, tal vez, al leer más arriba la importancia que yo atribuyo a George Sand; pero los que rían serán injustos: ya ha transcurrido bastante tiempo de estos hechos pasados y hasta la misma George Sand ha muerto viejita, a los setenta años, habiendo tal vez sobrevivido en mucho a su gloria. Pero todo aquello que en la aparición de ese poeta significó una “nueva palabra”, todo lo que tuvo valor universal, todo eso suscitó en el mismo instante en nuestra Rusia fuerte y profunda impresión, no pasó inadvertido, demostrándose con ello que todo poeta que surgiera en Europa, que se levantara allá para enunciar un pensamiento y manifestar una fuerza nueva, no podía dejar de convertirse de ¡inmediato en un poeta ruso, no podía evadirse al pensamiento ruso, y no convertirse casi en una fuerza rusa. Por lo demás, de ningún modo aspiro a escribir un artículo crítico sobre George Sand, sino simplemente decir unas palabras de adiós a la que se ha ido, ante su tumba todavía fresca.

 

Fuente l La Máquina del Tiempo

 

139steven

Chopin 
Preludio en Re bemol mayor, op. 28 No. 15 — Sostenuto
-Valentina Igoshina-
 

There is one that came to him through an evening of dismal rain—it casts the soul into a terrible dejection. Maurice and I had left him in good health one morning to go shopping in Palma for things we needed at our “encampment.” The rain came in overflowing torrents. We made three leagues in six hours, only to return in the middle of a flood. We got back in absolute dark, shoeless, having been abandoned by our driver to cross unheard of perils. We hurried, knowing how our sick one would worry. Indeed he had, but now was as though congealed in a kind of quiet desperation, and, weeping, he was playing his wonderful prelude. Seeing us come in, he got up with a cry, then said with a bewildered air and a strange tone, “Ah, I was sure that you were dead.” When he recovered his spirits and saw the state we were in, he was ill, picturing the dangers we had been through, but he confessed to me that while waiting for us he had seen it all in a dream, and no longer distinguishing the dream from reality, he became calm and drowsy. While playing the piano, persuaded that he was dead himself, he saw himself drown in a lake. Heavy drops of icy water fell in a regular rhythm on his breast, and when I made him listen to the sound of the drops of water indeed falling in rhythm on the roof, he denied having heard it. He was even angry that I should interpret this in terms of imitative sounds. He protested with all his might—and he was right to—against the childishness of such aural imitations. His genius was filled with the mysterious sounds of nature, but transformed into sublime equivalents in musical thought, and not through slavish imitation of the actual external sounds. His composition of that night was surely filled with raindrops, resounding clearly on the tiles of the Charterhouse, but it had been transformed in his imagination and in his song into tears falling upon his heart from the sky.

George Sand
 

Fuente l Chopin Music

 

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