Nos Queda La Palabra

septiembre 10, 2010

¡Ay!, dura ley de amor…

 

” El corazón humano es más severo que el cruel corazón de Neptuno.”

Las Sirenas. Khalil Gibrán

 

 

                                              XIII

EPÍSTOLA A UNA DAMA CUYO PRINCIPIO FALTA.

………………………………………….

¡Ay!, dura ley de amor, que así me obliga

a no tener más voluntad de aquella

que me ordena el rigor de mi enemiga ¡

    Navío que en alto mar perdió la estrella

es tan de rico don desnuda el alma

siendo la voluntad nueva alma della.

     Tiene de mí la victoriosa palma

otro querer, cual suele otro elemento

distribuir al mar tormenta o calma;

    es el incontrastable mandamiento

de mi Señora, rayo presuroso

a quien se humilla y tiembla el firmamento.

    Perder la voluntad, caso es lloroso;

mas, ¿ cómo llora aquel que para el llanto

sin ajeno poder no es poderoso ?

   ¡Extrañeza de amor digna de espanto,

que tras tan largo mal sin resentirme

quiere que el mismo mal no sienta tanto ¡

    Y no sólo me impide el descubrirme,

mas quiere que no pueda y que no quiera;

poderme anticipar con la obediencia

al mandamiento, aunque más duro fuera.

     Y pues desnudo estoy de la potencia

para negar, conviértase mi vida

en alta execución de la sentencia,

    que aquella voluntad ya reducida

en otra espero yo que el tiempo vea

negociarme piedad, nueva y crecida.

    ¿ Mas cómo podrá ser que así no sea,

pues forzosa piedad me tiene y debe

la voluntad que allá se está y emplea ?

   No es corazón humano tan de nieve,

o duro pecho fuerte y de diamante

a quien tanto penar no le conmueve.

    ¡ Ay, que el que vee a un miserable amante

vivir, morir y amar, luego se inflama

de celo en tanto amor firme y constante ¡

    Mas nueva voz me acude y me reclama,

dentro del más secreto pensamiento

que rompedor de fe me nombra y llama

    diciendo: El mandamiento y juramento

rompes, de no escribir antes ni agora

la causa y ocasión de tu tormento.

   Entiende, pues  (hermosa usurpadora

de mi albedrío), cuán libre sin mentirte

está de culpa el alma que te adora,

  pues si te escribo es sólo por decirte

que ella obedecerá cuanto quisieres,

y no por ofenderte o escribirte;

   sola una cosa no querría, si quieres

( y no podrá querer ), que es el no amarte,

lo cual no está en poder siendo quien eres.

   Y así de nuevo torno a consagrarte

la dada fe, que nunca desconcierte

del punto donde está por observarte.

   Puede muy bien la inexorable muerte

romper la nueva estambre de mi vida,

mas no [el ] deseo de siempre obedecerte;

   y no pienses que agora obedecida

dejas de ser, porque te escribo, siendo

tu voluntad de mí tan bien cumplida:

pues juro por los ojos do me enciendo

que solamente escribo porque veas

con cuántas fes fundar mi fe pretendo;

    y sólo porque tengas y poseas

con más seguridad mi fe firmada

y lo que en lengua oíste en carta leas;

    no por duda o temor que quebrantada

será jamás de mí ( ni jamás ha sido ),

mas sólo por razón bien ordenada.

     Y porque no la cubra ciego olvido

de vil costumbre, bien será que quede

esto por ley de amor establecido,

     pues siempre renovar se me concede

la escrita fe, que en el discurso humano

tanto con Dios y en ti tan poco puede;

   y tú también con más piadoso y llano

trato me escribirás, que yo confirme

la nueva obligación de propia mano.

   Y no te agraviarás por escribirme

( si escribes  ), por usar tu cetro y mando

siendo lo ya mandado repetirme.

    De nuevo yo mi fe saldré obligando

de jamás escribirte, aunque escribiendo

uno y otro escribir fuese alcanzando;

     Y así la fe y el mando repitiendo,

imposible será después quebrarse

tan alta convención cual voy tejiendo.

     No porque el fuerte pino al comenarse [sic]

de su nueva raíz, si un brazo extiende

deja con mil raíces de arrigarse,

     con quien después se ampara y se defiende

del riguroso y descortés invierno,

que apenas hoja dél daña y ofende.

     Tu mandamiento, así, pues, blando y tierno,

dentro de mi pecho está cual niño en cuna,

conservando el poder largo y eterno

   para que el tiempo al fin, muerte y fortuna,

caso, destino, providencia y arte,

no me puedan entrar en suerte alguna.

    Aquí verás quien tanto sabe amarte

si es bien que de Boscán robe el subjeto

para mejor sus males declarate;

    así como al más noble y alto efeto

excede amor, del cielo y de natura,

así es más alto y noble mi conceto.

    No tiene mi verdad, sincera y pura,

cierta, abundante y de sí misma llena,

necesidad de ajena compostura:

    sería de Libia a la quemada arena

agua pedir el húmido Océano,

y a la ortiga su olor el azucena;

    del seco invierno el dulce abril temprano

flores coger, y la desierta cumbre

de hierba enriquecer al fértil llano;

   robar el claro Sol belleza [y] lumbre

a la noche, sería más triste y fea

y el mundo renovar suerte y costumbre.

    Permita Amor que esta verdad sea lea

de ti, que siendo así no dudo cierto

que con más alta luz se entienda y crea.

    A pecho que es de Amor guarida y puerto,

a frente de valor tan rica y llena

cualquier cerrado abismo es aire abierto;

     a ojos cuya luz viva y serena

al mismo Sol, según los alza y mueve,

toda niebla de error se le enajena;

     a púrpura tan fina y fresca nieve,

tan largo oro sotil, tan ondeado,

esle cualquier secreto cierto y breve;

    a encendido coral, tan bien cortado

entre el claro marfil muy liso y puro,

todo le debe ser claro y tratado;

     a cuello de cristal ( columna y muro

de todo bien ), a mano tan hermosa

será lo más incierto lo más seguro.

    Quédese, pues, aquí mi dolorosa

y baja pluma solo con decirte

que mientras no mandares otra cosa

siempre te serviré de no escribirte.

 

 Segunda parte, Madrid, 1591.

                       Epistolario Poético. Francisco de Aldana.

 

A mi padre

 

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