Nos Queda La Palabra

diciembre 10, 2009

…escrito con sangre sobre papel negro

Selma Lagerlöf
1858-1940

Por Hermann Hesse

La sueca Selma Lagerlöf nació en el año 1858 y hasta el principio de la década de los noventa no empezó a destacar literariamente. Con su primera obra “Gósta Berling”, la escritora se hizo famosa en Suecia y pronto en todo el mundo. Aquella primera obra ya era perfecta, contenía todo lo esencial del talento de Lagerlöf; la escritora se revelaba como una personalidad hecha y madura y desde entonces ha permanecido invariable en todos sus rasgos.
Quien ante lo bello sienta también la necesidad de criticar, podrá encontrar en esto la limitación de su talento. En Selma Lagerlöf no vivimos el espectáculo de una evolución, sus obras aparecen como hermanas y aparentemente coetáneas, no separadas por ningún abismo. Quizás sea este el rasgo femenino de su talento: un descansar en sí misma casi inmóvil, un echar raíces y agarrarse, un ser y crecer sin disonancias ni sobresaltos. El que quiera puede deducir de esta falta (aparente o real) de conflicto, de lucha y evolución, que Selma Lagerlöf no es un genio. Pero por otro lado posee el rasgo quizás más esencial de la persona genial, su afinidad entrañable con todo lo existente, su riqueza de relaciones con todas las cosas y criaturas del mundo, unidas a una memoria extraordinariamente viva y poderosa, sin las que ningún genio ni arte son posibles.
En la literatura moderna sueca esta escritora aparece sola y singular como un curioso anacronismo. Sólo Verner v. Heidenstam, el autor elegante y demasiado poco conocido, muestra a veces en su mejor obra “Karl XII” rasgos afines. Los autores modernos suecos, desde Strindberg hasta Geijerstam no tienen nada de épico, son artistas que trabajan de una manera sumamente subjetiva, que son muy diferenciados al sentir y nerviosos al analizar, hasta los más perspicaces y universales están desde el punto de vista temático y lingüístico estrechamente unidos a su tiempo y sus problemas, hacen sicología y establecen tesis, en una palabra, son modernos, tienen el profundo respeto típicamente moderno a la ciencia y el afán de alcanzar en sus libros un cierto nivel científico. Precisamente de todo esto está libre Selma Lagerlöf.
No sabemos y ojalá no lo sepamos nunca cuánto trabajo, cuántos experimentos y esfuerzos han precedido a “Gósta Berling”. Ya sea como fruto de intentos y ejercicios de muchos años, ya sea como obra inspirada, creada con maravillosa facilidad, “Gósta Berling” tiene a pesar del tono y enfoque cálido y personal una faceta impersonal, intemporal, mítica, nacida en las eternas profundidades de un pueblo. Sus personajes, su paisaje, sus acontecimientos son literatura, son obra de arte, tienen algo observado conscientemente, pero además tienen una realidad, una vida propia que hace que veamos al autor no como creador, sino como ser inspirado. Esto es espíritu de la tierra y del pueblo que quiso hacerse palabra y que escogió a esta escritora como instrumento. Como el pobre muchachito del cuento que se va de casa y encuentra en su camino un enano sabio y de la noche a la mañana se hace rico y poderoso y se convierte en rey y mago, Selma Lagerlöf, una maestra sueca, se encontró una vez en cualquier hora con el espíritu de su tierra y se convirtió en una gran escritora iluminada por la gracia.
Escribe con un estilo que no pertenece a ningún tiempo, cuyos matices son a veces muy femeninos, que a veces resultan casi caseros. Como en un sueño camina constantemente sobre el filo peligroso que separa la calma idílica del patetismo, la charla de la leyenda. En las narraciones más importantes se aparta del camino para coger una cuantas flores y para mostrar un amor casi femenino-sentimental por lo pequeño. Pero sólo roza el peligro que apenas imagina. Cuando el admirador angustiado teme tembloroso que abandone el ropaje mágico y que aparezca de repente ante nosotros como una pobre muchachita provinciana envuelven de nuevo aires de eternidad su frente y dice palabras que son tan seguras, jugosas y mágicas como las de las canciones populares y de la Biblia.
Lo mismo sucede con la invención. Los personajes son todos de un realismo y de una vivacidad sin igual; pero la misma maga que los ha creado ejerce sobre ellos una justicia novelesca, recompensa y castiga según una moral sólida y pedagógica, y tiene a veces un deseo optimista de sacrificar la poesía a su idea un tanto estrecha de un orden moral universal. Tendencias y errores artísticos que romperían la crisma a nuestros escritores más importantes, y que en esta extraña mujer no son más que pequeñas perturbaciones.
Sin embargo, no quisiera que la moralidad de la escritora se confundiese con su religiosidad. Su moralidad es escolar, pero su religiosidad es oro puro, es profundo candor e ingenuidad, es fe valiente y entrega sin reserva.
Así es Gösta Berling. No es un héroe, es más bien un pobre diablo, pero para muchas personas ha sido un héroe, ha entusiasmado muchos corazones, ha encendido muchas luces deslumbrantes, ha fascinado a muchachas y dirigido a hombres. Es la figura del héroe de una provincia convertida en mito, mitad personaje histórico con rasgos individuales, mitad símbolo. Las aventuras, heroicidades, grandes sentimientos y diversiones, acontecimientos y arte narrativo que varias generaciones de un pequeño pueblo han coleccionado, guardado y utilizado como pequeña moneda, se han convertido en este libro en una obra literaria colorida, rica y grandiosa.
“Gösta Berling” ha conquistado el mundo entero en poco tiempo. Las personas ingenuas lo leen ingenua y alegremente como un espléndido libro de historias, lectores más refinados lo disfrutan como obra de arte, las personas mayores se deleitan con sus historias, y los jóvenes lo leen conmovidos y entusiasmados. Si Selma Lagerlöf fuese solamente el recipiente casual de una revelación, si sólo hubiese desenterrado los tesoros de la tradición de su patria con inconsciencia despreocupada, si debiese la belleza y el efecto sólo al tema maravilloso, su arte estaría agotado en esta gran obra, o a lo sumo sólo le seguiría una segunda cosecha.
Sin embargo, ha seguido un nuevo libro lleno de fuego y esplendor “Antikrisrus mirakler” (“Los milagros del Anticristo”). Aquí las virtudes y los defectos son más llamativos que en Berling. La invención, la envoltura y la composición del conjunto es insignificante, casi diletante. Y sin embargo, el libro es maravilloso. Se desarrolla en Sicilia en una ciudad de montaña del Etna y está lleno de sol meridional como pocos libros nórdicos. La vida popular de esta ciudad es el verdadero tema de la obra, disuelto en una rica serie de imágenes individuales, pintado con un amor maravilloso y una claridad aún más maravillosa. Con ligereza y libertad estas historias espléndidas se suceden y confunden siguiendo el hilo suelto de un contexto apenas seguido, cada historia una joya.
Simultáneamente surgieron muchas pequeñas narraciones, algunas magistrales, y luego siguió el libro más poderoso de Selma Lagerlöf, el primer tomo de “Jerusalem”. Seguramente lo más hermoso y grande que ha producido la literatura sueca moderna, un libro sobre el alma de Suecia, polifacético y sin embargo armonioso, tierno e imponente, realista y visionario. En él se describe la vida del pueblo campesino sueco y no conozco ningún otro libro moderno en el que se haya expresado tan bien el alma de un pueblo. Tampoco conozco ninguna obra literaria en la que la vida religiosa y las vivencias de una comunidad estén descritas de una manera tan clara, objetiva y elegante.
La segunda parte de la gran obra que se desarrolla en Jerusalén (a donde ha seguido la comunidad dalecarlista a un sectario) no tiene ya esa perfección primitiva absoluta. Es aún hermosa y magnífica y supera a muchas novelas famosas. Pero igual que las pobres gentes de montaña venidas de Suecia se encuentran extrañas y sufren bajo el fuego del sol de la pedregosa ciudad de Palestina, aunque es la ciudad prometida, la escritora pierde algo de su inquebrantable fuerza y seguridad. La confrontación con la historia universal, la necesidad de reflexión histórica tienen más culpa que el terreno extraño. Pues tanto el paisaje como la vida ciudadana de Oriente están descritos de manera bella, característica, a veces genial.
Si no fuese por la primera parte, a nadie se le ocurriría criticar tan duramente la segunda. Pero el primer tomo es una obra tan maravillosa que el segundo se lee y juzga con exigencias infinitamente acrecentadas. Sin embargo, no olvidemos la belleza y emoción que contiene.
En esta segunda parte de “Jerusalén” se evoca en algunas imágenes bellas y sorprendentes la relación de la escritora con Cristo, que en una obra posterior, las “Kristuslegender” (“Leyendas de Cristo”), encuentra finalmente su plena expresión. Esta relación es algo delicioso, bueno y refrescante. El Cristo de Selma Lagerlöf no es histórico ni dogmático, sino el querido y popular Salvador germánico, al que hay que querer como se quiere el sol, cuyos rasgos han conservado del dolor sólo la gloria. De él nos cuenta sencilla e inagotablemente como una madre piadosa a sus hijos, las historias del Salvador, y para poder contar muchas cosas con detalle, ha leído todas las leyendas antiguas que pudo encontrar. Y las vuelve a contar, conocidas y lejanas, orientales e italianas o latinas, y de sus labios de narradora brotan frescas y entrañables, aplacan la tormenta y la duda en el oyente y despiertan en su alma todo lo que desde la infancia es puro, sincero y áureo.
Aunque alguien me hablara de manera crítica de Selma Lagerlöf y al leerla pequeños detalles me suscitaran dudas, fui siempre agradecido creyente. Y ¿dónde hay en todo el mundo actual un autor que pueda atreverse a contarnos historias de Jesús? No simbólicamente con alusiones sociales, no históricamente con detalles críticos, tampoco haciendo propaganda a la manera del Ejército de Salvación, sino con naturalidad, como si el tema no tuviese dificultades y abismos? Selma Lagerlöf se atrevió.
De los demás libros de Lagerlöf -todos me resultan hermosos e insustituibles para mí- “Herr Arnes penningar” (“El tesoro del señor Arne”) me merece aún especial atención. Una novela corta dentro del estilo grande y severo de las baladas, imponente e impresionante como una auténtica leyenda antigua. El señor Arne de Solberga es asesinado con su mujer, su hijo y sus criados por mercenarios vagabundos que le roban su tesoro de oro. El crimen se cometió de noche, y se salvó una hija adoptiva de la casa que después encuentra cobijo en casa de un pobre pescadero. Seguramente no sería capaz de reconocer a los malhechores y tampoco se siente llamada ni capaz para ayudar a esclarecer y vengar el crimen. También parece que los asesinos se han ahogado con el tesoro robado en su huida sobre el hielo de la bahía. Pero las víctimas inocentes no encuentran la paz, visible e invisiblemente actúan, crean sueños y buscan colaboradores, aquí despiertan espanto y allí compasión, tejen a los asesinos huidos una red invisible de trampas. La huérfana Elsalill que se había puesto a salvo y que entretanto ha iniciado sin sospechar nada un juego amoroso aún vacilante con uno de los asesinos, ayuda a descubrir sin querer, casi a la fuerza las pruebas, hasta que se encuentra a los ladrones y ella muere. Los criminales perseguidos logran refugiarse en un barco que de momento está atrapado en el hielo, pero espera de un momento a otro el deshielo y la deseada posibilidad de partir. El destino es inevitable. Todas las ensenadas de la costa quedan libres y navegables, por todas partes las barcas y los barcos salen al mar, sólo una ensenada y un barco están bloqueados por un muro de hielo y los que se habían escapado varias veces astutamente pagan en el último momento su culpa. Esto es de un efecto poderoso, sencillo y puro e implacable como una gran tragedia, lleno del imperio de fuerzas legendariamente sobrenaturales y a pesar de todo consecuente y evidente.
Se podrían decir aún muchas frases agradecidas y elogiosas sobre la extraordinaria “En Herrgártsságen”, el encantador “Niels Holgersson”, pero para qué. El que se haya dedicado una vez seriamente a una obra de Lagerlöf y se halla hecho amigo suyo tendrá que desear y deseará leer más de ella.

(1908)

 

Fuente l La Máquina del Tiempo

 

Era un documento escrito con sangre sobre papel negro.

Y la comandanta, postrada, leyó que, en vista de que ella era una bruja que enviaba al infierno las almas de los pobres caballeros, se la condenaba a la pérdida de Ekeby. Examinó el documento y las firmas, y debajo del nombre de Gösta leyó la siguiente inscripción: “Por haberse aprovechado la comandanta  de mi debilidad, por haberme apartado del trabajo honrado haciéndome caballero de Ekeby y por haberme convertido en asesino de Ebba Dohna, diciéndole que yo era un cura renegado, firmo yo también.”

 

La leyenda de Gösta Berling. Selma Lagerllöf

 

 “Si nos mantenemos en silencio, nos odiamos a nosotros mismos. Si hablamos, nos volvemos ridículos”.

La bestia del corazón. Herta Müller

 

Cita extraída de ELPAÍS.com

 

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: