Nos Queda La Palabra

octubre 4, 2009

Y todo esto es metáfora

 

sexton

 

Vive o muere

Por Ben Clark

 

Una frase ingeniosa del político rumano Valeriu Butulescu pregunta si el suicida es víctima o es verdugo. En primer lugar habría que determinar si el suicida es (ya que la condición de no ser parece inherente al mismo) pero podríamos, dejándonos llevar por los juegos fónicos, responder a Butulescu escurriendo el bulto: el suicida no es víctima ni verdugo, el suicida es poético. Hasta hoy el mundo ha ofrecido grandes suicidas de todos los sexos, tamaños, colores, orígenes y profesiones. Pero pocos han recibido la atención de los poetas suicidas. La famosa y siempre recomendable antología de José Luis Gallero ‘Antología de poetas suicidas’ (1770-1985) contiene algunas de las historias más sorprendentes y patético-poéticas protagonizadas por poetas, como la de Ángel Ganivet, que se arrojó desde un barco al Duina y que fue rescatado por los pasajeros. Tras pedir disculpas aprovechó la confusión general para volver a tirarse a las aguas heladas y cumplir así su objetivo. Tampoco habría que desdeñar el esfuerzo del poeta griego Costas Cariotakis, que la noche del 20 de julio de 1928 se dirigió al agitado Mediterráneo con la intención de acabar con su vida. Diez horas después la corriente lo devolvió sano y salvo a la playa. Entonces regresó a su casa, se cambió de ropa, salió a desayunar, compró una pistola y se disparó una bala en el corazón bajo un eucaliptus. Huelga decir que la decisión de hacerlo bajo un eucaliptus confirma su condición de poeta. La antología de José Luis Gallero (2005) da buena cuenta de todos ellos pero no puede responder a la pregunta fundamental: ¿Por qué se matan los poetas? Es posible que los poetas se maten por las mismas razones que llevan a todo el mundo (que se mata) a matarse. Pero es inevitable que surja, al tratarse de poetas, cierta fascinación que lleve a buscar motivos más cercanos al sujeto lírico. Eran demasiado bellos para este mundo, o algo por el estilo. Pero los que hemos estudiado a fondo a algún poeta suicida siempre terminamos sospechando que él o ella se mató casi por capricho, porque sí o, quién sabe, para que individuos raros como Julio Mas Alcaraz o yo terminemos dedicando parte de nuestro tiempo a explicar por qué lo hicieron. ‘Vive o muere’, con prólogo de Maxine Kumin y edición de Julio Mas Alcaraz ha sido el primer poemario entero de Anne Sexton traducido y publicado en España (Ediciones Vitruvio, octubre 2008). Anne Sexton nació en Massachusetts el 9 de noviembre de 1928 y se quitó la vida en Boston el 4 de octubre de 1974, tras encerrarse en su garaje con el coche en marcha. Fue una poeta extraña y de éxito, atormentada por fases de profunda depresión y alcohólica. Su poesía está íntimamente ligada a su biografía, razón por la cual el extenso estudio de Mas Alcaraz que acompaña el título que mereció el Premio Pulitzer de 1967 se hace casi imprescindible. Sexton, que fue muy amiga de la también poeta suicida Sylvia Plath, hubiera cumplido el pasado mes de noviembre 80 años. El éxito de Plath (cuya poesía completa está siendo un best-seller de la Editorial Bartleby) ha ayudado a que editoriales como Vitruvio o Linteo (que publicará en breve los ‘Poemas de Amor’ de Sexton) rescaten a la mujer que escandalizó a la sociedad norteamericana con poemas que hablaban de la menstruación, la masturbación o el adulterio. ¿Es editar a Sexton un suicidio editorial? No lo creo. En cualquier caso, si así lo fuera, las razones que empujaron a los editores –y a los traductores– hacia ese suicidio no son ningún misterio y sí, son absolutamente poéticas.

 

Fuente l Dos libros de Anne Sexton. La Miranda

 

El toque

Meses permaneció mi mano aislada
en una lata. No había nada allí salvo rejas de metro.
Quizá esté magullada, pensé,
y es por eso que la han encerrado.
Pero cuando miré yacía en silencio.
Se podría medir con esto el tiempo, pensé,
como con un reloj, por sus cinco nudillos
y las finas venas subterráneas.
Allí yacía, como una mujer inconsciente,
alimentada por tubos que no conoce.

La mano se había colapsado,
diminuta paloma salvaje
entrada en reclusión.
Le di la vuelta y la palma era vieja,
con líneas finamente bordadas
y puntadas subiendo por los dedos.
Era gruesa y blanda y ciega en algunos sitios.
Tan solo vulnerable.

Y todo esto es metáfora.
Una mano corriente, sólo que añorando
tocar algo que pueda devolver
el toque.
La perra no lo hará.
Mueve el rabo en la ciénaga mientras busca una rana.
No soy mejor que una lata de comida de perro.
Ella es dueña de su propia hambre.
No lo harán mis hermanas.
Viven en la escuela, salvo para botones
y lágrimas que corren como la limonada.
Mi padre no lo hará.
Él viene con la casa e incluso de noche
habita una máquina que fabricó mi madre
y bien engrasada por su trabajo, su trabajo.

El problema es
que dejé que mis gestos se congelaran.
El problema no estaba
en la cocina ni en los tulipanes,
tan sólo en mi cabeza, mi cabeza.

Después todo fue historia.
Tu mano se encontró la mía.
La vida corrió hasta mis dedos como un coágulo.
Oh, carpintero mío,
ya están reconstruidos esos dedos.
Bailan junto a los tuyos.
Danzan ya en el desván y en Viena.
Mi mano vive sobre toda América.
No podrá detenerla ni la muerte,
la muerte derramando su sangre.
Nada la detendrá, pues es éste el reino
y el juicio final.

  

del libro, Poemas de amor (1969)
Editado por Editorial Linteo. 2009
© de la traducción, Ben Clark. 2009.
 
 
Fuentel DelVersoYLoAdverso .  ( Bitácora de Ben Clark)
 
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