Nos Queda La Palabra

septiembre 15, 2009

…digamos, entreactos

 

 

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares

 

Bioy según Borges

 
Jorge Luis Borges tuvo una oportunidad de expresar en público lo que sentía por su amigo y admirado escritor. Y no la desaprovechó. El viernes 13 de junio de 1975, la Sociedad Argentina de Escritores (Sade) le concedió el Gran Premio de Honor 1975 a Adolfo Bioy Casares – Nota del 1 del 4 de 1996 – Jorge Luis Borges
 
Buenos Aires cuenta con un curioso habitante que, ciertamente, no es longevo, ya que su máximo plazo de vida será tal vez de cinco o seis horas, nada más. Ese personaje aparece y desaparece. Se llama, diversamente, Bustos Domecq o Suárez Lynch, viejos nombres de Córdoba, de Buenos Aires y de Holanda. Este personaje sólo existe cuando estamos juntos Bioy Casares y yo.
Ese personaje nos impone su estética, nos hace escribir cuentos y crónicas que no nos gustan pero cuyo dictado debemos obedecer. Ese personaje nació en una casa de avenida Quintana, una mañana. Escribió el cuento Las doce figuras del mundo, desde entonces ha seguido escribiendo, de tarde en tarde.
Desde luego, podrán decir que yo soy una de las dos hipóstasis de ese personaje. Bioy Casares es la otra y -lo sospecho – la más importante, ya que cuando encuentro algún acierto en los libros que hemos escrito juntos, recuerdo que ese acierto se debe a Bioy, a quien quiero tanto que considero, paradójicamente (paradoja quiere decir lo que es cierto, pero que no parece cierto), como un hermano mayor.
Siempre que dos escritores colaboran, siempre que son amigos se supone que es el mayor el que ejerce influencia sobre el menor. Pero sé que en nuestro caso no es así. Sé que le debo mucho a mi joven maestro -podría ser mi hijo- Adolfo Bioy Casares. Él me ha enseñado muchas cosas. No directamente, porque nada se enseña directamente, sino por medio del ejemplo, cortésmente, disimulando.
Yo, por ejemplo, tiendo al énfasis, a lo sentencioso, a cifrar todo en una sentencia, en una palabra. Él me ha enseñado que más eficaz es diluir un poco las cosas, que el escritor más eficaz es aquel que no parece serlo, aquel que incluso puede parecer un poco torpe.
Voy a invocar el gran ejemplo de Cervantes, cuando dice: “Alonso Quijano dio el espíritu, quiero decir que se murió”. Eso, para un académico sería una torpeza; pero no lo es, ya que vemos ahí la emoción que sintió Cervantes al despedirse de su viejo amigo, de nuestro viejo amigo Alonso Quijano; y la torpeza de la frase corresponde a un balbuceo que nació de la emoción.
¿Qué diré de la obra de Bioy Casares? Hay tantos libros… Yo, si tuviera que elegir -felizmente no tengo que elegir- elegiría dos: El sueño de los héroes y el Diario de la guerra del cerdo; dos libros sobre nuestra orilla, las orillas de Buenos Aires. Uno transcurre en Saavedra, el otro en un conventillo de Barrio Norte. Las orillas están vistas con escepticismo, desde luego, pero con un escepticismo bondadoso también. El autor se burla de los héroes y se burla de sí mismo.
Ya que yo tengo el privilegio de ser amigo personal de Bioy Casares, quiero hablar de sus principales, esenciales pasiones. Una es, desde luego, el ejercicio de las letras.
El oficio de escritor es un oficio continuo, ya que no tiene, digamos, entreactos; ya que estamos continuamente pensando en la palabra justa, soñando personajes imaginarios. Vivimos en un oficio que no tiene un horario. El horario es la vida del escritor. Y Bioy Casares se ha dedicado a ese oficio plenamente. Quiero decir que ha leído, que ha escrito, que ha roto, que ha corregido y que, finalmente, con bastante desgano, ha publicado. Ha publicado, como decía Alfonso Reyes, para no pasarse la vida corrigiendo. Por eso publicamos los escritores, para cambiar de tema, para pasar a otra cosa. Pero los libros de Bioy Casares, ciertamente, no pasarán.
Sé, además, que Bioy Casares ejerce o es arrebatado por esa pasión argentina que es la amistad. Conmigo ha sido de una nobleza ejemplar, me ha ayudado muchísimas veces, en general sin decírmelo, de un modo indirecto.
Bioy Casares es uno de los máximos escritores argentinos. Esto es un lugar común, pero los lugares comunes suelen ser verdades evidentes y por eso conviene repetirlos. Al pensar en la obra de Bioy Casares pienso no sólo en lo que él nos ha dado ya, sino en sus libros futuros, en lo que sin duda está imaginando ahora, mientras nosotros estamos reunidos aquí honrándolo.
Él está lejos de lo que nosotros hablamos, él está en otros sueños, en otras invenciones tan prodigiosas como aquella de Morel, que yo prologué hace tantos años y que mi hermana Norah ilustró. Y ahora, ya que he declarado que a pesar de ser una hipóstasis de Suárez Lynch, no puedo agradecer este premio porque no soy -desgraciadamente para mí Bioy Casares, quiero afirmar lo que todos ustedes, sin duda, piensan conmigo. Que no se habrá otorgado nunca un premio más justo que éste, que ahora otorga la Sade. Muchas gracias.

 

 

Fuente l Avizora . Copyright © 2001 m. Avizora.com

 

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