Nos Queda La Palabra

agosto 31, 2009

Despedida

Dice el refrán que no hay bien que cien años dure ni mal que perdure, sentencia que le sienta como un guante al trabajo de escritura que acaba aquí y a quien lo hizo. Algo bueno se encontrará en estos textos, y por ellos, sin presunción, me felicito, algo mal habré hecho en otros y por ese defecto me disculpo, pero sólo por no hacerlos mejor, que diferentes, con perdón, no podrían ser. Es conveniente que las despedidas siempre sean breves. No es esto un aria de ópera para poner ahora un interminable adio, adio. Adiós, por tanto. ¿Hasta otro día? Sinceramente, no creo. Comencé otro libro y quiero dedicarle todo mi tiempo. Ya se verá por qué, si todo va bien. Mientras tanto, ahí tienen “Caín”.

P. S – Pensándolo mejor, no hay que ser tan radical. Si alguna vez sintiera necesidad de comentar u opinar sobre algo, llamaré a la puerta del Cuaderno, que es el lugar donde más a gusto podré expresarme.

Esta entrada fue publicada el a las Agosto 31, 2009 y está archivada bajo las categorías El cuaderno de Saramago.

Gracias…

 

Je me lève
Et je te bouscule
Tu n’te réveilles pas
Comme d’habitude

Sur toi
Je remonte le drap
J’ai peur que tu aies froid
Comme d’habitude

Ma main
Caresse tes cheveux
Presque malgré moi
Comme d’habitude

Mais toi
Tu me tournes le dos
Comme d’habitude

Alors
Je m’habille très vite
Je sors de la chambre
Comme d’habitude

Tout seul
Je bois mon café
Je suis en retard
Comme d’habitude

Sans bruit
Je quitte la maison
Tout est gris dehors
Comme d’habitude

J’ai froid
Je relève mon col
Comme d’habitude

Comme d’habitude
Toute la journée
Je vais jouer
A faire semblant
Comme d’habitude
Je vais sourire
Comme d’habitude
Je vais même rire
Comme d’habitude
Enfin je vais vivre
Comme d’habitude

Et puis
Le jour s’en ira
Moi je reviendrai
Comme d’habitude

Toi
Tu seras sortie
Pas encore rentrée
Comme d’habitude

Tout seul
J’irai me coucher
Dans ce grand lit froid
Comme d’habitude

Mes larmes
Je les cacherai
Comme d’habitude

Mais comme d’habitude
Même la nuit
Je vais jouer
A faire semblant
Comme d’habitude
Tu rentreras
Comme d’habitude
Je t’attendrai
Comme d’habitude
Tu me souriras
Comme d’habitude

Comme d’habitude
Tu te déshabilleras
Oui comme d’habitude
Tu te coucheras
Oui comme d’habitude
On s’embrassera
Comme d’habitude

Comme d’habitude
On fera semblant
Comme d’habitude
On fera l’amour
Oui comme d’habitude
On fera semblant
Comme d’habitude

 

…el veneno del hastío.

 

Charles_Baudelaire_by_Manet

De La Fanfarlo
Por Charles Baudelaire
Traducción de Nydia Lamarque 1º edición, 1961, México, Editorial Aguilar.

(…) Nos hemos dedicado de tal manera a sofisticar nuestro corazón, hemos abusado tanto del microscopio para estudiar las repugnantes excrecencias y las vergonzosas verrugas de que está cubierto, y que agrandamos a voluntad, que es imposible que hablemos la lengua de los demás hombres. Ellos viven para vivir, y nosotros, ay de mí, vivimos para saber. En eso reside todo el misterio. La edad cambia sólo la voz, y hace caer solamente los dientes y los cabellos; nosotros hemos alterado el acento de la naturaleza, hemos extirpado uno a uno los virginales pudores que erizaban nuestro fuero íntimo de hombres decentes. Hemos hecho psicología, como los locos, que aumentan su locura esforzándose por comprenderla. Los años sólo invalidan los miembros, y nosotros hemos deformado las pasiones. Desdichados, tres veces desdichados los padres achacosos que nos hicieron raquíticos y sin suerte, ¡predestinados como estamos a no engendrar más que hijos muertos!
    —¡Más Cornejas! —contestó ella—; ¡vamos, deme el brazo y admiremos esas pobres flores a quienes hace tan felices la primavera!
    En vez de admirar las flores, Samuel Cramer, que había caído en trance de elocuencia, comenzó a poner en prosa y a declamar algunas malas estrofas compuestas en su primer estilo. La dama lo dejaba hacer.
    —¡Qué diferencia y cuán poco subsiste del mismo hombre, excepto el recuerdo! Pero el recuerdo no es más que un nuevo sufrimiento. ¡Hermoso tiempo aquel en que la mañana no despertaba jamás nuestras rodillas entumecidas o quebrantadas por la fatiga de los sueños, en que nuestros ojos claros reían a la naturaleza entera, en que nuestra alma no razonaba sino que vivía y gozaba; en que nuestros suspiros se exhalaban dulcemente, sin ruido y sin orgullo! ¡Cuántas veces, en los ocios de la imaginación, he vuelto a ver alguna de esas hermosas veladas otoñales, en las que las jóvenes almas hacen progresos comparables a los de esos árboles que crecen varios codos con la velocidad del rayo! Entonces veo, siento, entiendo; la luna despierta las grandes mariposas; el viento cálido abre las damas-de-noche y se adormece el agua de los vastos estanques. Oiga usted con el alma los valses súbitos de un piano misterioso. Los perfumes de la tormenta entran por las ventanas; es la hora en que los jardines están llenos de vestiduras rosadas y blancas que no temen mojarse. ¡Los matorrales complacientes enganchan las fugitivas faldas, los cabellos castaños y los bucles rubios se mezclan en torbellino! ¿Se acuerda usted aún, señora, de los enormes almiares de heno, por los que se bajaba tan rápidamente, de la vieja nodriza, tan lenta para perseguirla, y de la campana tan pronta a llamarla bajo la mirada de su tía, en el gran comedor?
    La señora de Cosmelly interrumpió a Samuel con un suspiro, quiso abrir la boca, para rogarle sin duda que se detuviera, pero él había retomado ya la palabra.
    —Lo más desolador —dijo— es que todo amor tiene siempre mal fin, tanto más malo, cuanto más divino, más alado fuera en sus comienzos. No hay sueño, por ideal que sea, al que no se vuelva a encontrar con un rorro glotón colgado del pecho; no hay retiro, no hay casita tan deliciosa o ignorada como para que no venga a abatirla el azadón. Y por lo menos esta destrucción es sólo material: pero hay otra, más implacable y más secreta, que ataca las cosas invisibles. Figúrese usted que en el momento en que se apoya en el ser de su elección para decirle: “¡Volemos juntos a buscar el fondo del cielo!”, una voz implacable y seria se insinúe en su oído para decirle que nuestras pasiones son mendaces, que nuestra miopía nos hace ver hermosos los rostros y nuestra ignorancia bellas las almas, y que llega fatalmente un día en que, para la mirada más clarividente, el ídolo no es ya más que un objeto, no de odio, ¡sino de desprecio y de estupor!
    —Por favor, señor —dijo la señora de Cosmelly.
    Evidentemente, estaba emocionada; Samuel advirtió que había puesto el dedo en una antigua llaga y siguió insistiendo con crueldad.
    —Señora —dijo—, los padecimientos saludables del recuerdo tienen sus encantos, y en esa embriaguez del dolor se encuentra a veces un alivio. Ante esa fúnebre advertencia, todas las almas leales exclamarán: “Señor, sácame de aquí con mi sueño intacto y puro; quiero devolver a la naturaleza mi pasión con toda su virginidad, y ostentar en otro mundo mi intocada corona.” Por lo demás, los resultados de la desilusión son terribles. Los hijos enfermizos, engendrados por el amor agonizante, son el triste libertinaje y la odiosa impotencia; el libertinaje del espíritu, la impotencia del corazón, que hacen que el uno viva sólo por curiosidad y que el otro sucumba de cansancio cada día. Todos nos parecemos más o menos a un viajero que hubiera recorrido un vastísimo país y contemplara, cada tarde el sol, que antes doraba soberbiamente los gratos detalles de ¡a ruta, ponerse en un monótono horizonte. El viajero se sienta con resignación, en sucias colinas, cubiertas de desconocidos residuos, y dice a los aromas de los brezos que es inútil que asciendan hacia un vacío; a las raras y míseras semillas, que es inútil que germinen en un suelo agostado; a los pájaros, que creen que alguien bendice sus enlaces, que yerran al construir sus nidos en una comarca azotada por fríos y violentos huracanes. Y vuelve a emprender tristemente su ruta hacia un desierto que sabe semejante al que acaba de recorrer, escoltado por el pálido fantasma que se llama Razón, que ilumina la aridez de su camino con una pálida linterna y que para aplacar la renaciente sed de pasión que de cuando en cuando lo domina, le escancia el veneno del hastío.

Fuente l  La Máquina del Tiempo

agosto 30, 2009

…un tardío beso

 

Á la Douceur...

 

Dernier voeu
Théophile Gautier  (1811-1872)

Voilà longtemps que je vous aime
– L’aveu remonte à dix-huit ans ! –
Vous êtes rose, je suis blême ;
J’ai les hivers, vous les printemps.

Des lilas blancs de cimetière
Près de mes tempes ont fleuri ;
J’aurai bientôt la touffe entière
Pour ombrager mon front flétri.

Mon soleil pâli qui décline
Va disparaître à l’horizon,
Et sur la funèbre colline
Je vois ma dernière maison.

Oh ! que de votre lèvre il tombe
Sur ma lèvre un tardif baiser,
Pour que je puisse dans ma tombe,
Le cœur tranquille, reposer !


Ultimo deseo

Hace ya tanto tiempo que te adoro,
dieciocho años atrás son muchos días…
eres de color rosa, yo soy pálido,
yo soy invierno y tú la primavera.

Lilas blancas como en un camposanto
en torno de mis sienes florecieron,
y pronto invadirán todo el cabello
enmarcando la frente ya marchita.

Mi sol descolorido que declina
al fin se perderá en el horizonte,
y en la colina fúnebre, a lo lejos,
contemplo la morada que me espera.

Deja al menos que caiga de tus labios
sobre mis labios un tardío beso,
para que así una vez esté en mi tumba,
en paz el corazón pueda dormir.

Versión de Carlos Pujol

 

Fuente l Poemas en francés

 

 

agosto 29, 2009

si te es posible…

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El tiempo que te quede libre
(Jose Angel Espinoza “Ferrusquilla”)
Maria Dolores Pradera 

El tiempo que te quede libre
si te es posible,
dedícalo a mí.
 

A cambio de mi vida entera
o lo que me queda
y que te ofrezco yo.

Atiende preferentemente
a toda esa gente
que te pide amor.

Pero el tiempo que te quede libre
si te es posible
dedícalo a mí.

El tiempo que te quede libre
si te es posible
dedícalo a mi.

No importa que sean dos minutos
o si es uno solo
yo seré feliz;
con tal de que vivamos juntos
lo mejor de todo
dedicado a mi.

Y luego cuando te reclamen
y otra vez te llamen
volveré a decir:
el tiempo que te quede libre
si te es posible dedícalo a mi.

El tiempo que te quede libre
si te es posible dedícalo a mi.

No importa que sean dos minutos
o si es uno solo
yo seré feliz;
con tal de que vivamos juntos
lo mejor de todo
dedicado a mi.

Y luego cuando te reclamen
y otra vez te llamen
volveré a decir:
el tiempo que te quede libre
si te es posible dedícalo a mi.

El tiempo que te quede libre
si te es posible dedícalo a mi.

 

Tu bolero…

 

agosto 28, 2009

¿Entonces?

 

“El trabajo es un castigo. La Biblia lo dice. Lo impuso Dios y, que sepamos, no lo ha levantado.”

Fernando Fernán Gómez

 
Caín: un misterio.
Lord Byron
ACTO I. ESCENA I.
(Fragmento)
 

Caín. ¿Tú tentaste a mi madre?
Lucifer. No tiento a nadie, sino con la verdad: ¿no fue aquel árbol el árbol del saber? ¿Y no era el árbol de la vida siempre fértil? ¿Fui yo quien le dijo que no comiera de él ?¿fui yo quien plantó lo prohibido al alcance de seres inocentes, curiosos por su propia inocencia? Yo os hubiera hecho dioses y el que os echó, fue porque no debías comer el fruto de la vida, y “llegar a ser dioses como nosotros”. ¿Fue eso lo que les dijo?
Caín. Eso fue, según dicen lo que oyeron entre truenos.
Lucifer. ¿Entonces quién fue el demonio?

 

Leer  Caín: un misterio, de Lord Byron (en inglés)

 

 …

Toda poesía –y la canción es una poesía ayudada- refleja lo que el alma no tiene. Por eso la canción de los pueblos tristes es alegre y la canción de los pueblos alegres es triste.

El fado, sin embargo, no es alegre ni triste. Es un episodio de intervalo. Lo formó el alma portuguesa cuando no existía y deseaba todo sin tener fuerza para desearlo.

El fado es el cansancio del alma fuerte, la mirada de desprecio de Portugal al Dios en que creyó y también lo abandonó.

En el fado los Dioses regresan legítimos y lejanos. Es ese el segundo sentido de la figura del Rey Don Sebastián.

 
El fado y el alma portuguesa. Publicado en Noticias Ilustrado, 2º serie, nº 44, 14/4/1929

 

Fuente l Ensayo Pessoa. Bitácora de  Carlos H. Rasines  

 

Gracias, José.

 

agosto 27, 2009

…sino la palabra

24 de abril

Es preciso haber sentido la manía de la autodestrucción. No hablo del suicidio: gente como nosotros, enamorada de la vida, de lo imprevisto, del placer de “contarla”, sólo puede llegar al suicidio por imprudencia. Y además, el suicidio aparece ya como uno de esos heroísmos míticos, de esas fabulosas afirmaciones de una dignidad del hombre ante el destino, que interesan estatuariamente, pero que nos dejan abandonados a nosotros mismos.
El autodestructor es un tipo más desesperado y utilitario al tiempo. El autodestructor se esfuerza por descubrir en su interior cualquier lacra, cualquier cobardía, y por favorecer estas disposiciones a la anulación, buscándolas, embriagándose con ellas, disfrutándolas. El autodestructor está en definitiva más seguro de sí que cualquier vencedor del pasado, sabe que el hilo del apego al mañana, a lo posible, al prodigioso futuro, es un cable más fuerte -tratándose del último empujón- que no sé cuál fe o integridad.
El autodestructor es sobre todo un comediante y un dueño de sí. No desperdicia ninguna oportunidad de sentirse y de probarse. Es un optimista. Lo espera todo de la vida, y se va afinando para producir bajo las manos del caso futuro los sonidos más agudos o significativos.
El autodestructor no puede soportar la soledad. Pero vive en un continuo peligro: que lo sorprenda una manía de construcción, de ordenación, un imperativo moral. Entonces sufre sin remisión, y podría incluso matarse.

Es preciso observar bien esto: en nuestros tiempos el suicidio es un modo de desaparecer, se comete tímidamente, silenciosamente, chatamente. No es ya un hacer, es un padecer.
¿Quién sabe si volverá aún al mundo el suicidio optimista?

Expresar en forma de arte, con finalidad catártica, una tragedia interior, sólo puede hacerlo el artista que a través de la tragedia vivida estaba ya tendiendo sutilmente sus hilos constructivos, desarrollaba una incubación creadora, en suma. No existe la tempestad sufrida locamente y después liberación a través de la obra, so pena de suicidio. Tan cierto es esto que los artistas que se han matado de veras por sus trágicos casos, suelen ser ligeros cantores, aficionados a sensaciones, que nada insinuaron jamás en sus cancioneros del profundo cáncer que los roía. De lo cual se aprende que el único modo de huir del abismo es mirarlo y medirlo y sondearlo y bajar a él.

Es de una desolación tonificante -como una mañana invernal- el padecer una injusticia. Eso hace retoñar, según nuestros más celosos deseos, la fascinación de la vida; devuelve el sentido de nuestro valor frente a las cosas; adula. Mientras que sufrir por puro azar, por una desgracia, es envilecedor. Lo he probado, y quisiera que la injusticia que la ingratitud hubieran sido mayores. Esto llama vivir y, a los veintiocho años, no ser precoces.

Para la humildad. Es tan raro, sin embargo, sufrir una hermosa y total injusticia. Son tan tortuosos nuestros actos. En general, siempre encontramos que un poco de culpa la tenemos también nosotros, y adiós mañana invernal.

 

El oficio de vivir. Cesare Pavese

 

Eres como una tierra
que ninguno ha nombrado.
Ya nada esperas
sino la palabra
que brotará de lo hondo
como un fruto entre ramas.
Hay un viento que te alcanza.
Cosas secas y muertas
te abruman y andan en el viento.
Cuerpos, voces antiguas.
Tiemblas en el verano.  

 

Cesare Pavese . Eres como una tierra…  Versión de Rodolfo Alonso
 

 

Te has asomado a la balaustra. Has arrojado tus sueños fortalecidos al pie del precipicio y te has lanzado al abismo.
Nadie de quién te observa te alcanza a ver más allá de su mirada.
(…)
No dulcifiques el gesto. Endurece la verdad.
El abismo, no permitas que lo olvide, está, aquí en la balaustra, siempre a nuestra espalda.

 

De Silencios. Madrid. Julio, 2001.

 

…no sé más quién soy

.
Malevaje
Roberto “Polaco”  Goyeneche

(Enrique Santos Discépolo – Juan de Dios Filiberto)

Decí, por Dios, ¿qué me has da’o,
que estoy tan cambia’o,
no sé más quién soy?
El malevaje extraña’o,
me mira sin comprender…
Me ve perdiendo el cartel
de guapo que ayer
brillaba en la acción…
¿No ves que estoy embreta’o,
vencido y mania’o
en tu corazón?

Te vi pasar tangueando altanera
con un compás tan hondo y sensual
que no fue más que verte y perder
la fe, el coraje,
el ansia ‘e guapear.
No me has deja’o ni el pucho en la oreja
de aquel pasa’o malevo y feroz…
¡Ya no me falta pa’ completar
más que ir a misa e hincarme a rezar!

Ayer, de miedo a matar,
en vez de pelear
me puse a correr…
Me vi a la sombra o fina’o;
pensé en no verte y temblé…
¡Si yo –que nunca aflojé–
de noche angustia’o
me encierro a llorar!…
Decí, por Dios, ¿qué me has da’o,
que estoy tan cambia’o,
no sé más quién soy?

 

Letra l Cancioneros

agosto 26, 2009

¡Come chocolatinas!

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Tabaquería*

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe
quién es
(Y si supiesen, ¿qué sabrían?),
Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
A una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
Con la muerte que mancha de humedad las paredes y hace
blancos los cabellos de los hombres,
Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de
nada.
Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad.
Estoy hoy lúcido, como si estuviese por morir,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que la de una despedida, tornándose esta casa a este lado de la
calle
La hilera de vagones de un tren, y el silbido de una partida
Dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al arrancar.
Estoy hoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó.
Estoy hoy dividido entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fallé en todo.
Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
El aprendizaje que me dieron,
Descendí por la ventana trasera de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos.
Pero allí sólo encontré yerbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Me retiro de la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de
pensar?
¿Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tanta cosa!
¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber
tantos!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se piensan en sueños genios como yo,
Y la historia no señalará, ¿quién sabe? ni a uno,
No habrá sino un muladar para tantas futuras conquistas.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay tantos locos deschavetados con
tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí…
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
No están en esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas—
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas—,
Y quién sabe si realizables,
¿Nunca verán la luz del sol real ni hallaran oídos de nadie?
El mundo es de quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga
razón.
He soñado más que Napoleón.
He abrazado contra el pecho hipotético más humanidades que
Cristo.
Hice filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para esto,
Seré siempre sólo el que tenía cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie
de una pared sin puerta,
Y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
Y escuchó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Que me derrame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me despeina,
Y lo demás que venga si viene o que tenga que venir, o que no
venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Pero nos despertamos y él es opaco,
Nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolates, niña;
¡Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de los
chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, niña sucia, come!
¡Si pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que tú
los comes!
Pero yo pienso y, al quitarles el papel plateado, que es de estaño,
Arrojo todo al suelo, como tiré la vida.)
Pero queda al menos de la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico hendido hacia lo Imposible.
Pero al menos dedico a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos por el gesto amplio con que arrojo
La ropa sucia que soy, sin motivo, para el decurso de las cosas,
Y me quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua con vida,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
O no sé qué moderno —no concibo bien qué—,
Todo eso, sea lo que fuera, lo que sea, si puede inspirar ¡qué
inspire!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco
Me invoco a mí mismo y nada encuentro.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan.
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como un condena al destierro,
Y todo esto es extranjero, como todo.)
Viví, estudié, amé y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
En cada uno miro los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni
creído
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer
nada de eso);
Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan
la cola
Y que es cola más acá del lagarto que se retuerce.
Hice de mí lo que no supe,
Y lo que pude hacer de mí no lo hice.
Vestí un disfraz equivocado.
Me tomaron enseguida por quien no era, y no lo desmentí, y me
perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la arrojé y me vi en el espejo,
Ya había envejecido.
Estaba borracho, y no sabía vestir el disfraz que no me había
quitado.
Arrojé la mascara y dormí en el vestidor
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como cosas que yo hice,
Y no quedarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
Pisoteando la conciencia de estar existiendo,
Como un tapete con el que tropieza un borracho
O la esterilla que los gitanos roban y no vale nada.
Pero el Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta y se quedó
en ella.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza torcida
Y con la incomodidad de una alma que mal entiende.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, yo dejaré versos.
Y un día morirá el letrero y también mis versos.
Después morirá la calle donde estuvo el letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como nosotros
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de las
cosas como letreros,
Siempre una cosa frente a otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra.
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del
misterio de la superficie,
Siempre ésta o aquella cosa o ni una ni la otra cosa.
Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿a comprar tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me incorporo a medias enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como mi camino,
Y gozo, en un momento sensitivo y adecuado,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es la consecuencia de una
indisposición.
Después me reclino en la silla
Y sigo fumando.
Seguiré fumando hasta que el Destino me lo permita.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez sería feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Me acerco a la ventana.
El hombre salió de la Tabaquería (¿guarda el cambio en el bolsillo
del pantalón?).
Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino, Esteves se volvió y me vio.
Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la
Tabaquería sonrió.

 

*Álvaro de Campos
Versión de Miguel Ángel Flores
 
Fuente l A Media Voz

 

…et je les pleure

 

J’ai eu le courage de regarder en arrière

Guillaume Apollinaire (1880-1918)

 
J’ai eu le courage de regarder en arrière
Les cadavres de mes jours
Marquent ma route et je les pleure
Les uns pourrissent dans les églises italiennes
Ou bien dans de petits bois de citronniers
Qui fleurissent et fructifient
En même temps et en toute saison
D’autres jours ont pleuré avant de mourir dans des tavernes
Où d’ardents bouquets rouaient
Aux yeux d’une mulâtresse qui inventait la poésie
Et les roses de l’électricité s’ouvrent encore
Dans le jardin de ma mémoire

 

Tuve el valor de mirar hacia atrás…

Tuve el valor de mirar hacia atrás
Los cadáveres de mis días
Marcan mi camino y les voy llorando
Unos se pudren en las iglesias italianas
O en pequeños bosques de limoneros
Que florecen y fructifican
Al mismo tiempo y en todas las estaciones
Otros días lloraron antes de morir en las tabernas
Donde ardientes ramos rodaban
Ante los ojos de una mulata que inventaba la poesía
Y las rosas de la electricidad se abren aún
En el jardín de mi memoria

 

Versión de Claire Deloupy

 

Fuente l Poemas en francés

agosto 25, 2009

“jugar y valorar”

 

 Nietzsche y la expresión vital de la danza. Otra forma de lenguaje.

Por Luis Enrique de Santiago Guervós
Facultad de Filosofía. Universidad de Málaga

Desde sus primeros escritos Nietzsche se sirvió de la manifestación artística de la danza como un recurso estético para describir, en un primer momento, el espíritu dionisíaco, y posteriormente las connotaciones del espíritu de la ligereza que se perfilaban de una manera paradigmática en la música del sur. En realidad, esa insistencia en utilizar el simbolismo de la danza en sus escritos, es otra manera de glorificar y reivindicar el valor del cuerpo. Además, resultaría difícil entender las figuras de Dioniso, el coro, el sátiro, el espíritu libre o Zaratustra sin hacer referencia a su modo de expresión más peculiar: la danza.  También podemos observar cómo en su última época Nietzsche ya no busca un arte que no sea expresión de la vida, ni palabras que no canten, ni música que no sirva para bailar, pues sólo el espíritu bailarín y ligero puede abrir el camino que conduce al superhombre. Por eso, sólo  “un arte bailarín”,  con su levedad y ligereza, puede elevar al hombre hacia lo más alto. Y Nietzsche cree que ese arte, del que lo espera todo, es necesario, fundamentalmente, para poder disfrutar de la “libertad sobre las cosas”, puesto que el arte que se propone como alternativa es un “arte ligero”, ascendente, que se ha liberado de las determinaciones asfixiantes del espíritu de la pesadez, que impide al hombre ser libre. Frente a la moral y sus rígidos preceptos, no sólo hay que estar por encima de ellos, sino danzar, “jugar y valorar” por encima de la propia moral.

Leer texto completo….

 
en Danza Ballet

Nietzsche y la danza II parte
   
ZARATUSTRA, EL CANTO DE LA DANZA

La danza, una tradición en evolución constante

Los Ballets de Igor Stravinski

Perspectivas en Danza: Lo posmoderno en el candelero

 

¿Por qué la persona afligida está más inclinada a abandonarse ciegamente a los placeres de los sentidos? ¿Es el aturdimiento que producen lo que ella apetece? ¿O una necesidad de emoción a cualquier precio? -Sancho Panza dice «Si los hombres sienten demasiado las tristezas, se vuelven bestias.»

Friedrich Nietzsche, Aforismos (de Fragmentos póstumos, 1877)

 

Fuente l  Biblioteca Quijotesca

 

Otras lecturas l

Sociedad Española de Estudios sobre Friedrich Nietzsche
 
ESTUDIOS NIETZSCHE – Revista Internacional de Filosofía
 
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