Nos Queda La Palabra

Octubre 30, 2009

…escritos sobre tus labios.

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 palinuroyyo

 

LA BOCA
BOCA que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos tremendos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.
Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado,
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.
Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles, ni los campos.
¡Cuánta boca ya enterrada,
sin boca, desenterramos!
Bebo en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.
Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volver a besarte,
he de volver. Hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos enamorados.
Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.
1938

 

Fuente original

 Miguel Hernández

“Cancionero y romancero de ausencias”

Últimos poemas

© Losada . 1976. 

Octubre 16, 2009

Vientos del pueblo…

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 GuerraCivilTV2

 

 

“Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido…

…jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños”.

 

(Miguel… en los muros de la carcel de Alicante, poco antes de morir)

 

Octubre 4, 2009

mi cajita…

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Llegó con tres heridas:

la del amor,

la de la muerte,

la de la vida.

 

Con tres heridas viene:

la de la vida,

la del amor,

la de la muerte.

 

Con tres heridas yo:

la de la vida, 

 la de la muerte,

la del amor.

 

Miguel Hernández

 

Fuente original

Cancionero y Romancero de Ausencias. Losada. 1976.

 

 

 

Septiembre 12, 2009

…y la inmovilidad.

 

TIERRA, la despedida
siempre es una agonía.
 
Ayer nos despedimos,
ayer agonizamos.

Tierra, en medio morimos.

Por eso las estaciones
saben a muerte y los puertos.

Por eso cuando partimos
se deshojan los pañuelos.

Cadáveres vivos somos
en el horizonte lejos.

 

Miguel Hernández

Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941)

 

Fuente Original

Miguel Hernández. “Cancionero y romancero de ausencias. Losada .1976. 

Vivir, claro está, es un poco lo contrario de expresar. Si he de creer a los grandes maestros toscanos, es testimoniar tres veces: en el silencio, la llama y la inmovilidad.  Se necesita mucho tiempo para reconocer que a los personajes de sus cuadros se los encuentra uno todos los días en las calles de Florencia o de Pisa. Pero, del mismo modo, tampoco sabemos ver los auténticos rostros de quienes nos rodean. No miramos ya a nuestros contemporáneos, ávidos solamente de lo que en ellos sirve a nuestra orientación y norma nuestra conducta. Pero Giotto o Piero della Francesca saben muy bien que la sensibilidad de un hombre no es nada. Y corazón, a decir verdad, tiene todo el mundo. 

Albert Camus. El Desierto. Bodas.

 

Texto completo de Bodas. Albert Camus  (en pdf)

 

…serán también de barro los pies de los ídolos de los hijos que no tengamos.

 

Julio 6, 2009

…un sentido a todo esto.

  

 
“Dinos cómo es un árbol para que no dudemos de que algo en el mundo, fuera de estos muros, sigue luchando contra la infamia, contra la mentira, contra la crueldad demencial de los enemigos de la vida, dinos cómo es y dónde está la justicia para que le arranquemos la venda de los ojos y así pueda ver, por fin, a quienquiera que, de verdad, ha estado sirviendo, pero no nos digan cómo es la dignidad porque ya lo sabemos, porque incluso cuando parecía que no eran nada más que una palabra, comprendimos que era la pura esencia de la libertad en su sentido más profundo, ése que nos permite decir contra la propia evidencia de los hechos, que estábamos presos, pero éramos libres.”

                                                 

 José Saramago. (Prólogo del libro “Decidme cómo es un árbol” de Marcos Ana)

DECIDME-COMO-ES-UN-ARBOL-i0n1200127

http://es.wikipedia.org/wiki/Marcos_Ana

http://decidmecomoesmarcos.blogspot.com/

Marcos Ana (grupo en facebook)

http://marcos-ana.blogspot.com/

http://www.unpremioparamarcosana.org/

 

Ángel y Marina me regalaron el viernes pasado el libro de Marcos Ana “Decidme cómo es un árbol”. Les agradezco el regalo porque me ha permitido conocer un texto prodigioso y recuperar una parte de la historia de mi país contada en primera persona por el autor, un preso político del franquismo al que las más de dos décadas en distintas cárceles fortalecieron en su arraiga convicción del valor supremo de la libertad y la dignidad de los hombres y mujeres. El narrador opta conscientemente, sin embargo, por convertir su peripecia personal en el testimonio de toda una generación y en la voz de cientos de personas a las que les fue arrebatada.

Mis amigos Ángel y Marina, que tuvieron ocasión de conversar con el autor tras asistir a un coloquio recientemente celebrado en La Cabrera, me trasladaron la inmensa humanidad y la fuerza de los ideales que trasmite Marcos Ana. Todo eso se transparenta con nitidez en el libro.

La lectura me ha llevado a reflexionar sobre la enorme contribución que los comunistas españoles han realizado a la historia de nuestro país y, especialmente a la larga lucha por la recuperación de las libertades. En muchas ocasiones, incluso en ámbitos progresistas, he escuchado feroces proclamas anticomunistas, de una ferocidad sólo proporcional a la abismal ignorancia que exhiben sus autores sobre el papel del PCE en la historia de nuestro país. Un partido que cargó sobre sus hombros con la mayor parte del peso de la resistencia contra el franquismo gracias a cientos de miles de hombres y mujeres que llevaron su compromiso con la libertad a sus últimas consecuencias.

Para todos aquellos que alguna vez han escuchado estas soflamas, y más aún para aquellos que las repiten y las esgrimen como arma arrojadiza, es muy aconsejable la lectura de este libro.

Por último, hay una iniciativa en marcha para que se conceda a Marcos Ana el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Si quieres sumar tu firma a esta iniciativa puedes hacerlo pinchando aquí.

 

Decidme cómo es un árbol. Nadie yerra voluntariamente.Bitácora de Manuel Granda

 

Con Marcos Ana vengo sintiendo desde hace hace tanto tiempo que la memoria se confunde. Un vez escribí que a Antonio Machado lo conocía sin conocerlo cuando, siendo un adolescente perplejo, miraba la guerra de España en un mapa que me había fabricado y en el que ponía banderitas de papel según iba avanzando el ejército de Franco, que ganaba siempre, o al menos eso decían las radios de la dictadura de mi país. Entonces también debí de conocer a Marcos Ana porque ya ambos estábamos en el mismo lugar. Luego, mucho más tarde, cuando supe que Marcos Ana preguntaba, y no a gritos, sino directamente a nuestros corazones, tal vez al mío, cómo es un árbol, he de reconocer que no pude decírselo aunque quizá él me oyera y diera por buena la respuesta de que un árbol, amigo mío, es lo que estamos haciendo para que salgas de la cárcel, para que no haya presos políticos, para poder ser, en tu país y en el mío, a pleno pulmón, militantes de todos los partidos, ya sin miedos y sin complejo, seres libres gozando de árboles que crezcan con nosotros, que nos pongan sombra al caer la tarde y nosotros los regaremos cada mañana para que el mundo no se acabe. Eso le decía a Marcos Ana y es probable que me oyera, porque lo poetas conocen lo que no se dice con palabras, pero está y ellos lo saben. Por eso cuando escriben nos hacen más humanos.
Con Marcos Ana, ya digo, vengo sintiendo hace tanto que no se mide por años. A Marcos Ana, que es nombre de hombre y de mujer juntos, le hemos oído las mejores palabras y hemos sido más buenos. ¿A Marcos Ana le falta el Premio Príncipe de Asturias? No: al Premio Príncipe de Asturias le falta Marcos Ana y ese premio nunca estará completo sin el luchador español, el hombre sin rencor que amó la libertad desde la cárcel y que hoy, desde la vida recuperada, sigue honrando la libertad, que no es un concepto sino un modo de estar en el mundo que a todos nos dignifica.
Marcos Ana, Premio Príncipe de Asturias. Cuando oigamos esa proclamación nos saludaremos en la calle, aplaudiremos en las plazas y en las casas y diremos, haciendo sonar las bocinas de nuestros coches, que hemos ganado la batalla contra el olvido y a la inercia, que somos, por fin, protagonistas de la historia, porque somos, hombres y mujeres, dueños de nuestro tiempo y tenemos voz y la usamos. Como estamos haciendo ahora.

José Saramago

 

 José Saramago con Marcos Ana . El blog de Javier López.

 

Hay personas que parecen no pertenecer al mundo y al tiempo en que viven. Marcos Ana es una de esas personas. Como tantos de su generación, arrastrados por prisiones del fascismo español, sufrió lo indecible en el cuerpo y en el espíritu, escapó in extremis a dos condenas a muerte, es, en el mayor sentido de la expresión, un superviviente. La prisión no pudo nada contra él, y fueron 23 los años que estuvo privado de libertad. El libro que acaba de presentar en Portugal es el relato simultáneamente objetivo y apasionado de ese tiempo negro. El título de las memorias, Decidme como es un árbol, no podría ser más significativo. Con el tiempo, la dura realidad de la prisión acaba sobreponiéndose a la realidad exterior, diluyéndose en una imprecisa neblina que es preciso expulsar de la mente cada día que pasa para no perder la seguridad en uno mismo, por más frágil que se torne. Marcos Ana no sólo se salvó a sí mismo, salvó también a muchos de sus compañeros de cárcel, transmitiéndoles ánimo, solucionando problemas y conflictos, como un juez de paz de nueva especie. Firme en sus convicciones políticas, pero sin permitir que su juicio crítico sea afectado, Marcos Ana transmite a aquel que se le aproxima un irreprimible sentimiento de esperanza, como si pensásemos: “Si él es así, yo también lo puedo ser”. Recuperada la libertad, no se quedó en casa para descansar. Volvió a la lucha política, con riesgo de ser nuevamente encarcelado, y dio inicio a un notable trabajo de asistencia y ayuda a los que continuaban en prisión. En España, unos cuantos amigos y admiradores de su singular personalidad (el premio Nobel Wola Soiynka es un de ellos) lo presentamos como candidato al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Nada sería más justo. Y más necesario para mostrarle al pueblo español que la memoria histórica sigue viva.

Marcos Ana. El Cuaderno de Saramago

 

 ”En esta noche central del mundo […] aqui estoy con mi poesía y mi bandera”.

Extracto del discurso del Premio Nobel . Pablo Neruda

 

Teodulfo Lagunero: “Marcos Ana no sólo merece el premio Príncipe de Asturias, sino también el Premio Nobel de la Paz” (Javier Parra. laRepública.es)

 

“He sido testigo de una revolución, hecho la guerra,

he sido hecho prisionero, conocido el hambre,

el trabajo físico hasta el agotamiento, me he fugado,

he estado al borde de la muerte, frecuentado

tanto sacerdotes como incendiarios de iglesias,

apacibles burgueses y anarquistas, filósofos

e iletrados, compartido mi pan con bandidos, …

y sin embargo, en 72 años nunca le he encontrado un sentido a todo esto.”

Extracto del discurso del Premio Nobel. Claude Simon (1913/2005)

 

Marzo 28, 2009

Pintada, no vacía…

 

Canción última

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa
con su ruidosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave

Dejadme la esperanza.

 

Marzo 9, 2009

Para el hijo será la paz…

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Josefina_Miguel_1937

 

Canción del esposo soldado

Miguel Hernández 

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

 

Enero 11, 2009

Guerra

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Miguel Hernández

Todas las madres del mundo,
ocultan el vientre, tiemblan,
y quisieran retirarse,
a virginidades ciegas,
el origen solitario
y el pasado sin herencia.
Pálida, sobrecogida
la fecundidad se queda.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
Alarga la llama el odio
y el amor cierra las puertas.
Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.

La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.
La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
Las flores se desvanecen
devoradas por la hierba.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
desposarse, poseerse
de una terrible manera.

Desaparecer: el ansia
general, creciente, reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.
Músicas exasperadas,
duras como botas, huellan
la faz de las esperanzas
y de las entrañas tiernas.
Crepita el alma, la ira.
El llanto relampaguea.
¿Para qué quiero la luz
si tropiezo con tinieblas?

Pasiones como clarines,
coplas, trompas que aconsejan
devorarse ser a ser,
destruirse, piedra a piedra.
Relinchos. Retumbos. Truenos.
Salivazos. Besos. Ruedas.
Espuelas. Espadas locas
abren una herida inmensa.

Después, el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirugía,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
Y un tambor enamorado,
como un vientre tenso, suena
detrás del innumerable
muerto que jamás se aleja.

 

Diciembre 16, 2008

…no perdono a la muerte enamorada.

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Añoro tanto Orihuela…, tanto. Nunca he olvidado aquellas tardes de mi infancia en las que emulaba al poeta pastor buscando las piedras sobre las que se sentara a escribir sus primeros versos. Apenas contaba once años. Entonces la casa estaba cerrada (ahora es un museo). Desde mi privilegiado otero, al pie del Pico de la Muela, dejaba pasar las horas atisbando el pequeño huerto, su higuera, la puerta trasera desvencijada que me obsesionaba… Un día me atreví a atravesar el umbral. Estaba prácticamente vacía, un pequeño arcón carcomido de madera contra una pared, restos de una silla. Una escalera se elevaba desafiante hacia el piso superior. Estaba medio derruida. Recuerdo mi corazón latiendo fuertemente y el silencio de la estancia. Recuerdo que sentía frío. Recuerdo que miré el arcón vacío evocando las veces en las que Miguel escribiera sobre aquellas tablas, quizás donde guardara su papel y sus carboncillos… Miguel, mi querido Miguel. No le callaron sus asesinos…

Octubre 9, 2008

Las Cárceles

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Miguel, arriba, señalado con una cruz

Miguel, arriba, señalado con una cruz

“Adiós, hermanos, camaradas y amigos . Despedidme del sol y de los trigos”

Miguel Hernández

“Las Cárceles”

Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo,
van por la tenebrosa vía de los juzgados;
buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,
lo absorben, se lo tragan.
No se ve, que se escucha la pena de metal,
el sollozo del hierro que atropellan y escupen:
el llanto de la espada puesta sobre los jueces
de cemento fangoso.
Allí, abajo la cárcel, la fábrica del llanto,
el telar de la lágrima que no ha de ser estéril,
el casco de los odios y de las esperanzas,
fabrican, tejen, hunden.
Cuando están las perdices más roncas y acopladas,
y el azul amoroso de fuerzas expansivas,
un hombre hace memoria de la luz, de la tierra,
húmedamente negro.
Se da contra las piedras la libertad, el día,
el paso galopante de un hombre, la cabeza,
la boca con espuma, con decisión de espuma,
la libertad , un hombre.
Un hombre que cosecha y arroja todo el viento
desde su corazón donde crece un plumaje:
un hombre que es el mismo dentro de cada frío,
de cada calabozo.
Un hombre que ha soñado con las aguas del mar,
y destroza sus alas como un rayo amarrado,
y estremece las rejas, y se clava los dientes
en los dientes del trueno.

II

Aquí no se pelea por un buey desmayado,
sino por un caballo que ve pudrir sus crines,
y siente sus galopes debajo de los cascos
pudrirse airadamente.
Limpiad el salivazo que lleva en la mejilla,
y desencadenad el corazón del mundo,
y detened las cárceles de las voraces cárceles
donde el sol retrocede.
La libertad se pudre desplumada en la lengua
de quienes son sus siervos más que sus poseedores.
Romped esas cadenas, y las otras que escucho
detrás de esos esclavos.
Esos que sólo buscan abandonar su cárcel,
su rincón, su cadena, no la de los demás,
Y en cuanto lo consiguen, descienden pluma a pluma,
enmohecen, se arrastran.
Son los encadenados por siempre desde siempre.
Ser libre es una cosa que sólo un hombre sabe:
Sólo el hombre que advierto dentro de esa mazmorra
como si yo estuviera.
Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.
Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma.
Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias:
no le atarás el alma.
Cadenas, sí: cadenas de sangre necesita.
Hierros venosos, cálidos, sanguíneos eslabones,
nudos que no rechacen a los nudos siguientes
humanamente atados.
Un hombre aguarda dentro de un pozo sin remedio,
tenso, conmocionado, con la oreja aplicada.
Porque un pueblo a gritado ¡libertad!, vuela el cielo.
Y las cárceles vuelan.

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