Semelhante aos deuses me parece
o homem que diante de ti se senta
e, tão doce, a tua voz escuta,
ou amoroso riso – que tanta agita
meu coração de súbito, pois basta ver-te
para que nem atine com o que diga,
ou a língua se me torne inerte.
Um subtil fogo me arrepia a pele,
deixam de ver meus olhos, zunem meus ouvidos,
o suor inunda-me o corpo de frio,
e tremendo toda, mais verde que as ervas,
julgo que a morte não pode tardar.
Poemas e Fragmentos de Safo
Tradução de Eugénio de Andrade
”La naturaleza está muy presente en mi poesía. En lo que se refiere al paisaje, el mío es sin duda el del sur, del Mediterráneo. No soy orgulloso ni humilde, pertenezco a ese género de seres que, como Rilke decía del poeta, odia todo lo que no sea exactitud”.
Eugénio de Andrade
Semejante a los dioses me parece
ese hombre que ahora se sienta frente a ti
y tu dulce voz a su lado escucha
mientras tu le hablas
Y siente tu amable risa. Todo esto, te lo juro,
en mi pecho hace saltar el alma a pedazos;
pues te miro, apenas, y las palabras
ya no salen de mi boca
tengo rota la lengua, y, suave, por la piel
un fuego me corre al punto,
con mis ojos ya nada veo y oigo
sólo un zumbido
Destilo un sudor frío y un temblor
me recorre entera, cual la paja amarilla soy
y mi muerte siento cercana
Pero todo habrá que sufrirlo, incluso…
All is loneliness
Loneliness here for me
Loneliness here for me.
All is loneliness
Loneliness here for me
Loneliness here for me.
All is loneliness
Loneliness here for me
Loneliness here for me.
All is loneliness
Loneliness here for me
Loneliness here for me.
All is loneliness
Loneliness here for me
Loneliness here for me
Loneliness here for me
Loneliness here for me.
Loneliness come on bother me
Want me ’round my door.
I get loneliness
I get loneliness
I get loneliness
I get loneliness
Loneliness, heck I said loneliness
Lord, loneliness, yeah, I said loneliness.
I said loneliness come on by my bed
Gonna worry me ’round on my door-mat.
I said loneliness come and found me,
I said you found me whole.
Yeah and now loneliness
Lordy lordy loneliness
Lordy lordy loneliness
Lordy lordy loneliness
Yeah, loneliness
Every day when I walk home
I see loneliness
When I waited for my baby.
You know I open my front door,
I said mr. loneliness is waiting for me at home
Lordy, lord at home, lord at home, lo-o-o-rd at home.
You know, I get home every day, lord,
There ain’t nobody waiting there, man
And I ain’t got no girlfriends, and I ain’t got no boyfriends, man.
I ain’t got no any kind of friends, man, I ain’t got no…
My tv set doesn’t work, my radio doesn’t work, man.
I come home there’s nothing
Nothing, man, there’s no animals moving,
There’s nothing, man
Walk in that door seems like I’m sitting there every day, man.
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***
”La izquierda a la que pertenezco rechazará siempre la iniquidad y todas las formas de represión: tendrá en cuenta las nuevas realidades, no sólo del hombre con el hombre, sino también del hombre con las cosas; redistribuirá con mano justa no sólo los bienes de la tierra, sino también las verdades y los poderes. A la izquierda a la que pertenezco sabrá que una de esas verdades es el cuerpo, que uno de esos poderes es el deseo. Y nunca olvidará que el hombre tiene derecho al placer”.
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallardía! …
.
A Córdoba. Luis de Góngora
*
Diez años atrás, al morir Miguel Hernández rodando por los calabozos de la crueldad falangista, ante la indiferencia de los poetas sometidos al gusano entorchado, escribí yo en México una elegía a su gloria de poeta y a su muerte de español enterizo, que después entró a formar parte de uno de mis libros. Ha pasado el tiempo, las cadenas que oprimen a España se han apretado más sobre su cuerpo, y la voz de Miguel Hernández, lejos de apagarse, sigue creciendo, creciendo, como alimentada por una savia juvenil. Vivo está el poeta como cuando cantaba desde el hondón de su sangre ribereña, y vivo está el pueblo que lo vio subir al árbol de la poesía, a pesar de los martirios que sobre él han caído. Y en esta fusión de vida, de vidas inagotables y altas, está la íntima razón de la esperanza: nuestro mañana deslumbrante, en cuyos destellos seguirá brillando, entre su pueblo liberado, la frente del poeta, como la paloma en el cielo estival.
Miguel fue entre nosotros el mejor. Y, al decir nosotros, me refiero a los poetas y escritores españoles de mi generación. El más entrañable, el más sincero, el más heroico también. Distante del señoritismo poético, que abrevábase, entonces como ahora, en las virtuosidades de la técnica y no en el latido del hombre, lo genuino de España afloraba en su verso con una violencia y una diafanidad de borbotón serrano, y la experiencia subjetiva, que en él era íntima comunión con la naturaleza y con los humildes hombres del terrón, se volcaba generosamente hacia afuera buscando la ronda de manos fraternales.
De la mano áurea de nuestros grandes clásicos -Garcilaso, Lope, Góngora, Quevedo- llegó Miguel a la poesía. Era en la edad rural de su iniciación, en la natal y levantina Orihuela. Lecturas y rebaños. El despertar a un mundo mágico, desde el aciago mundo del trabajo, con la raíz hincada en la soledad vegetal. Un sosegado y verde río llenaba de esmeraldas errátiles sus pupilas. “Lo fugitivo permanece y dura”, que dijo transido de eternidad el otro gran poeta de la Torre de Juan Abad. Al fondo unos montes como descarnados por amarillos desgarrones, montes secos y violentos…
Juan Rejano. El Nacional, (México), 14 de diciembre 1952
(Fragmento) Biblioteca Hernandiana , documento 5. pág.116, recopilación de Alberto Enrique Perea.
Escribe Rejano “…escribí yo en México una elegía a su gloria de poeta y a su muerte de español enterizo, que después entró a formar parte de uno de mis libros”. aquí la elegía:
AL MORIR EL POETA MIGUEL HERNÁNDEZ
(1942)
DOS TIEMPOS DE LLANTO
1
Como un terrón que escapa del surco hacia los cielos,
cargado de asperezas y fragancias,
apareciste, hermano.
Contigo se elevaron la espiga y la paloma,
el íntimo perfume del romero,
el balido inocente de la oveja más tierna.
Te recuerdo invadido de rumores
como un olivar triste,
con la frente combada hacia la aurora
y un clavel horadándote las manos.
Te recuerdo de miel y espino seco.
En tus abarcas de pastor llevabas
todo el rocío virgen, todo el fuego
increado del alba;
en tu zamarra un áspero rumor de encinas graves
y más adentro,
sobre tu corazón, la voz del río
donde, embriagado ruiseñor, creciste.
Oh, cantor milagroso de la ternura agreste,
un mastín te guardaba la osamenta
y a la puerta encrespada de tus venas
suspiraba una alondra.
Eras una raíz tan amorosa,
erguida con tal furia entre los hombres,
que se te oía correr la sangre hermosa
como un galope de caballos jóvenes
sujetos por un freno de alhelíes.
Un temblor de amapolas y trigales maduros
se asomaba a tus ojos
y una violenta sed te rodeaba,
una sed escondida
en los siglos de llanto,
en el hombre, en la piedra, en las retamas
que a nuestros campos dieron
su inmemorial tristeza.
Tierra tú mismo te nombraste, tierra,
y de la tierra fuiste a despertar al pueblo,
a ceñirle coronas,
a restañarle heridas
cuando la soledad y la agonía
como rosas de espanto a su sien se asomaban.
Ay, tu gloria fue entonces,
tus matinales nupcias con lo eterno.
Nadie puede decir cuándo morimos
para nacer al alba perdurable,
pero en aquella unión de sangre y tierra
te brotaron entrañas en la entraña,
alas crecieron de la pana honrada
que tu cuerpo vestía,
y tu canción se alzó sobre la muerte,
heroica, deslumbrante,
porque a la muerte misma se ofrendaba.
Solitario cabrero del verbo apasionado,
allí sigues viviendo, en ese instante
conmovido respiras,
sueñas,
cantas.
No has muerto, no pudieron
matarle los que a golpes de rencor te mataron.
La tierra no perece, y tú eres tierra,
toda la noble tierra de España que ahora cubre
tantos sueños tronchados.
Tú eres, niño de fuego, la esperanza.
2
Como un lucero herido que a la tierra desciende
después de dar su luz al mundo ciego,
partiste hacia las sombras.
Mírame aquí cantando con mis lágrimas
tu ausencia irreparable,
los enlutados ecos de tu canto.
Entre mis manos guardo su fulgor que no cesa :
España, tu gemido de fruto desangrado.
Juan Rejano 1942.
(Tambien en el Nacional el 29-XI-42, en “Libro de los homenajes” 1961, y otras ediciones)
Del Archivo Histórico de Radio España Independiente, fue entregada en los 80 en el Archivo Central del P.C.E.: en ella y precedida de unas palabras de Juan Rejano figura la voz de Miguel Hernández recitando la Canción del esposo soldado.
BIBLIOGRAFIA DE JUAN REJANO
1921 “Pandereta andaluza”.
1928 “El Modernísmo en la literatura y en el arte” (ensayo).
1943 “Fidelidad del Sueño”.
1944 “El poeta y su pueblo”.
1944 “El Genil y los Olivos”.
1944 “El poeta y su pueblo. Un símbolo Andaluz: Federico García Lorca”.
1945 “La esfinge Mestiza. Crónica menor de México”.
1947 “Víspera heroica. Canto a las guerrillas de España”.
1948 “El Oscuro límite”.
1949 “Noche adentro”.
1949 “Oda Española”.
1950 “Constelación menor”.
1953 “Poemas de la Nueva Polonia”.
1953 “Poemas de Adam Mickewicz”.
1955 “Canciones de la Paz”.
1956 “La respuesta. En memoria de Antonio Machado”.
1958 Prologa” EL CIERVO”, de León Felipe.
1959 “Diario de China”.
1960 “El Río y la Paloma”.
1961 “Libro de los homenajes”.
1963 “Elegía rota para un himno. En la muerte de Julián Grimau”.
1966 “El Jazmín y la Llama”.
1971 “Antonio Rodríguez Luna”.
1975 “Alas de Tierra” (selección antológica).
1976 “Antología” (póstuma).
1976 “La tarde” (póstuma).
1977 “Elegías Mexicanas” (póstuma).
1977 “Poesías” (póstuma).
1978 “La Mirada del Hombre” (Antología póstuma).
1983 “Antología de la ausencia” (póstuma).
1987 “Poemas” (póstuma).
1988 “La mirada del hombre” (póstuma).
1989 “Siete poemas inéditos” (póstuma).
1989 “Acordes. Las cuatro estaciones” (póstuma).
1991 “Antología poética” (póstuma).
1991 “Diario de China” (póstuma).
1993 “Entre dos reinos”(contiene los poemas “Entre dos reinos”, “El Genil”,
“Los olivos” y “Plenitud”). (póstuma).
NOTAS
1) -La edición del libro homenaje a Juan Rejano de Litoral y el Ayuntamiento de Málaga, deja mucho que desear. No le consta año de publicación,no tiene Depósito Legal, carece de índice de poemas y nombres de personas que participaron en este homenaje, nombres que en justo reconocimiento me permito recoger.
Nombres para un homenaje a Juan Rejano [1980].
Textos:
Pablo Neruda
José Herrera Petere
Rafael Alberti
Dolores Ibarruri
Jorge Guillén
Francisco Ayala
Manuel Andújar
Jacinto Luis Guereña
Javier Villán
Simón García Montero
Francisco Giner de los Ríos
María Teresa Hernández
José Luis Cano
Etelvina Astrada
Aurora de Albornoz
Mariano Roldán
Alfonso Yuste Alvarez
Enrique de Rivas
Teresinka Pereisa
Antonio Rodríguez Jiménez.
Juvenal Soto
Juan Carlos Millán Rejano
Francisco Peinado
Ilustradores:
Picasso
José Bergamín
Miguel Prieto
Lorenzo Saval
Rafael Pérez Estrada
Santiago
Elvira Gascón
Manuel Ángeles Gascón
Santarén
José Antonio Díaz del Teixidor
Darío Carmona
Ana Casals
López de Moral
2).- Nombres que aparecen en el diario “El Sol”, correspondiente al 19 de noviembre de 1936: José Bergamín, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Miguel Prieto, Alberto Sánchez, Salvador Bacarisse, Gabriel García Maroto, María Teresa León, Rafael Dieste, Arturo Souto, Arturo Serrano Plaja, Felipe Camarero, Rafael Alberti y Emilio Prados.
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La luna gira en el cielo
sobre las tierras sin agua
mientras el verano siembra
rumores de tigre y llama.
Por encima de los techos
nervios de metal sonaban.
Aire rizado venía
con los balidos de lana.
La tierra se ofrece llena
de heridas cicatrizadas,
o estremecida de agudos
cauterios de luces blancas.
Thamar estaba soñando
pájaros en su garganta,
al son de panderos fríos
y cítaras enlunadas.
Su desnudo en el alero,
agudo norte de palma,
pide copos a su vientre
y granizo a sus espaldas. Thamar estaba cantando
desnuda por la terraza.
Alrededor de sus pies,
cinco palomas heladas.
Amnón delgado y concreto,
en la torre la miraba,
llenas las ingles de espuma
y oscilaciones la barba.
Su desnudo iluminado
se tendía en la terraza,
con un rumor entre dientes
de flecha recién clavada.
Amnón estaba mirando
la luna redonda y baja,
y vio en la luna los pechos
durísimos de su hermana.
Amnón a las tres y media
se tendió sobre la cama. Toda la alcoba sufría
con sus ojos llenos de alas.
La luz maciza, sepulta
pueblos en la arena parda,
o descubre transitorio
coral de rosas y dalias.
Linfa de pozo oprimida
brota silencio en las jarras.
En el musgo de los troncos
la cobra tendida canta.
Amnón gime por la tela
fresquísima de la cama. Yedra del escalofrío
cubre su carne quemada.
Thamar entró silenciosa
en la alcoba silenciada,
color de vena y Danubio,
turbia de huellas lejanas.
-Thamar, bórrame los ojos
con tu fija madrugada.
Mis hilos de sangre tejen
volantes sobre tu falda. -Déjame tranquila, hermano.
Son tus besos en mi espalda
avispas y vientecillos
en doble enjambre de flautas. -Thamar, en tus pechos altos
hay dos peces que me llaman
y en las yemas de tus dedos
rumor de rosa encerrada.
Los cien caballos del rey
en el patio relinchaban.
Sol en cubos resistía
la delgadez de la parra. Ya la coge del cabello,
ya la camisa le rasga.
Corales tibios dibujan
arroyos en rubio mapa.
¡Oh, qué gritos se sentían
por encima de las casas!
Qué espesura de puñales
y túnicas desgarradas.
Por las escaleras tristes
esclavos suben y bajan.
Émbolos y muslos juegan
bajo las nubes paradas. Alrededor de Thamar
gritan vírgenes gitanas
y otras recogen las gotas
de su flor martirizada. Paños blancos, enrojecen
en las alcobas cerradas.
Rumores de tibia aurora
pámpanos y peces cambian.
Violador enfurecido,
Amnón huye con su jaca.
Negros le dirigen flechas
en los muros y atalayas.
Y cuando los cuatro cascos
eran cuatro resonancias,
David con unas tijeras
cortó las cuerdas del arpa.
Interpretado por: Camarón de la Isla, Paco de Lucía y Tomatito.
Romance de la luna, luna
(Romancero gitano)
Federico García Lorca
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye, luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene sus ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
“No olvidemos que los “garcilasistas” desconocían todas las lenguas extranjeras, y creían -en serio- que Aleixandre era un camelo.”
Las cartas boca arriba. Noticia. Gabriel Celaya
Al cielo
El puro azul ennoblece
mi corazón. Sólo tú, ámbito altísimo
inaccesible a mis labios, das paz y calma plenas
al agitado corazón con que estos años vivo.
Reciente la historia de mi juventud, alegre todavía
y dolorosa ya, mi sangre se agita, recorre su cárcel
y, roja de oscura hermosura, asalta el muro
débil del pecho, pidiendo tu vista,
cielo feliz que en la mañana rutilas,
que asciendes entero y majestuoso presides
mi frente clara, donde mis ojos te besan.
Luego declinas, ¡oh sereno, oh puro don de la altura!,
cielo intocable que siempre me pides, sin cansancio, mis besos,
como de cada mortal, virginal, solicitas.
Sólo por ti mi frente pervive al sucio embate de la sangre.
Interiormente combatido de la presencia dolorida y feroz,
recuerdo impío de tanto amor y de tanta belleza,
una larga espada tendida como sangre recorre
mis venas, y sólo tú, cielo agreste, intocado,
das calma a este acero sin tregua que me yergue en el mundo.
Baja, baja dulce para mí y da paz a mi vida.
Hazte blando a mi frente como una mano tangible
y oiga yo como un trueno que sea dulce una voz
que, azul, sin celajes, clame largamente en mi cabellera.
Hundido en ti, besado del azul poderoso y materno,
mis labios sumidos en tu celeste luz apurada
sientan tu roce meridiano, y mis ojos
ebrios de tu estelar pensamiento te amen,
mientras así peinado suavemente por el soplo de los astros,
mis oídos escuchan al único amor que no muere.
En esta casa, desde la que le hablo a Ud., vivo yo desde el año 1927. Siempre digo, como un recuerdo querido, que a esta casa vine siendo un poeta inédito. Después, en ella, he ido haciendo las cosas de mi vida a través de los sucesivos años.
Esta casa tiene un pequeño jardincito, donde yo por las mañanas, con un pequeño capote que tengo para esto, paseo por el jardín y leo un largo rato. Entonces aprovecho y cuido un cedro, no digamos pequeño, porque es muy grande hoy día. Pero yo lo planté hace ya 30 años, y este cedro es un arbolito que era de 30 centímetros cuando yo lo planté y hoy tiene una cantidad de metros inmensa. Lo tenemos que podar constantemente porque, si no, se come y derriba la casa.
…”Yo le evoco en aquella primera temporada como una fuerza de primavera metida en la primavera: abril, mayo, junio. Primavera de campo. En esos casi comienzos de verano, cuando han brotado los árboles y el aire brilla con potestad de cielo y la naturaleza parece poderle a la ciudad, Miguel era más Miguel que nunca. También él, al ritmo natural, semejaba arribado en esa onda de verdad que enverdecía Madrid y lo coloreaba.”
Las manos de mi cariño
te están bordando una capa
con agremán de alhelíes
y con esclavina de agua.
Cuando fuiste novio mío,
por la primavera blanca,
los cascos de tu caballo
cuatro sollozos de plata.
La luna es un pozo chico,
las flores no valen nada,
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan.
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan.
“Cuando alguien me preguntó, hace ya muchos años, ¿ piensa usted que el poeta debe escribir para el pueblo, o permanecer en su torre de marfil - era el tópico al uso de aquellos días- consagrado a una actividad aristocrática en esferas de la cultura sólo accesibles a una minoría selecta?, yo contesté con estas palabras, que a muchos le parecieron ingenuas: ” Escribir para el pueblo –decía un maestro– ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos, claro está, de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es, por de pronto, escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas inagotables que no acabamos nunca de conocer. Y es mucho más, porque escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria, escribir para los hombres de otras razas, de otras tierras, de otras lenguas. Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en España; Shakespeare, en Inglaterra; Tolstoi, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra.”
Antonio Machado
Fuente l Sobre la defensa y la difusión de la cultura