Nos Queda La Palabra

Enero 4, 2010

…como una tregua melancólica.

 

Vi de una ojeada que los tornillos del féretro estaban hundidos y que había cuatro hombres negros en la habitación. Oí al mismo tiempo al director decirme que el coche esperaba en la calle y al sacerdote comenzar las oraciones. A partir de ese momento todo se desarrolló muy rápidamente. Los hombres avanzaron hacia el féretro con un lienzo. El sacerdote, sus acompañantes, el director y yo salimos. Delante de la puerta estaba una señora que no conocía. «El señor Meursault», dijo el director. No oí el nombre de la señora y comprendí solamente que era la enfermera delegada. Inclinó sin una sonrisa el rostro huesudo y largo. Luego nos apartamos para dejar pasar el cuerpo. Seguimos a los hombres que lo llevaban y salimos del asilo. Delante de la puerta estaba el coche. Lustroso, oblongo y brillante, hacía pensar en una caja de lápices. A su lado estaban el empleado de la funeraria, hombrecillo de traje ridículo y un anciano de aspecto tímido. Comprendí que era Pérez. Llevaba un fieltro blando de copa redonda y alas anchas (se lo quitó cuando el féretro pasó por la puerta) un traje cuyo pantalón se arrollaba sobre los zapatos, y un lazo de género negro demasiado pequeño para la camisa de cuello blanco grande. Los labios le temblaban bajo la nariz mechada de puntos negros. Los cabellos blancos, bastante finos, dejaban pasar unas curiosas orejas, colgantes y mal orladas, cuyo color rojo sangre me sorprendió en aquella pálida fisonomía. El hombre de la funeraria nos indicó nuestros lugares. El sacerdote caminaba delante; luego el coche; en torno de él, los cuatro hombres. Detrás, el director, yo y, cerrando la marcha, la enfermera delegada y Pérez.

El cielo estaba lleno de sol. Comenzaba a pesar sobre la tierra y el calor aumentaba rápidamente. No sé por qué habíamos esperado tanto tiempo antes de ponernos en marcha. Tenía calor con mi traje oscuro El viejecito, que se había cubierto, se quitó nuevamente el sombrero. Me había vuelto un poco hacia su lado y le miraba cuando el director me habló de él. Me dijo que a menudo mi madre y Pérez iban a pasear por la tarde hasta el pueblo, acompañados por una enfermera. Miré el campo a mi alrededor. A través de las líneas de cipreses que aproximaban las colinas al cielo, de aquella tierra rojiza y verde, de aquellas casas, pocas y bien dibujadas, comprendía a mi madre. La tarde, en esta región, debía de ser como una tregua melancólica. Hoy, el sol desbordante que hacía estremecer el paisaje, lo tornaba inhumano y deprimente.

Nos pusimos en marcha. En ese momento noté que Pérez renqueaba ligeramente. Poco a poco el coche tomaba velocidad y el anciano perdía terreno. Uno de los hombres que rodeaban el coche también se había dejado pasar y caminaba ahora a mi altura. Me sorprendía la rapidez con qué el sol se elevaba en el cielo. Advertí que hacía ya tiempo que el campo resonaba con el canto de los insectos y el crujir de la hierba. El sudor me corría por las mejillas. Como no tenía sombrero, me abanicaba con el pañuelo. El empleado de pompas fúnebres me dijo entonces algo que no oí. Al mismo tiempo se enjugaba el cráneo con un pañuelo que tenía en la mano izquierda, mientras que con la derecha levantaba el borde de la gorra. Le dije: «¿Cómo?» Repitió señalando al cielo: «Está sofocante.» Dije: «Sí.» Poco después me preguntó: «¿Es su madre la que va ahí?» Otra vez dije: «Sí.» «¿Era vieja?» Respondí: «Más o menos», pues no sabía la edad exacta. En seguida se calló. Me di vuelta y vi al viejo Pérez a unos cincuenta metros detrás de nosotros. Se apresuraba columpiando el sombrero al vaivén del brazo Mire también al director. Caminaba con mucha dignidad, sin un gesto inútil. Algunas gotas de sudor le perlaban la frente pero no las enjugaba.

Me pareció que el cortejo marchaba un poco mas de prisa. A mi alrededor continuaba siempre el mismo campo luminoso colmado de sol. El resplandor del cielo era insostenible. En un momento dado pasamos por una parte del camino que había sido arreglada recientemente: El sol había hecho estallar el alquitrán. Los pies se hundían en el y dejaban abierta su carne brillante. Por encima del coche, la galera luciente del cochero parecía haber sido amasada con ese fango negro. Yo estaba un poco perdido entre el cielo azul y blanco y la monotonía de aquellos colores, negro viscoso del alquitrán abierto, negro opaco de las ropas, negro lustroso del coche. Todo esto, el sol, el olor del cuero y del estiércol del coche, el del barniz y el del incienso y la fatiga de una noche de insomnio, me turbaba la mirada y las ideas. Me volví una vez más: Pérez me pareció muy lejos, perdido en una nube de calor; luego, no lo divisé más. Lo busqué con la mirada y vi que había dejado el camino y tomado a campo traviesa. Comprobé también que el camino doblaba delante de mí. Comprendí que Pérez, que conocía la región, cortaba campo para alcanzarnos. Al dar la vuelta se nos había reunido. Luego lo perdimos. Volvió a tomar a campo traviesa, y así varias veces. Yo sentía la sangre que me golpeaba en las sienes.

El Extranjero. Albert Camus.

 

Fuente l  Ciudad Seva

 

El deseo de poseer no es sino otra forma del deseo de durar; es él el que provoca el delirio impotente del amor.

El hombre rebelde. Albert Camus.

 

Noviembre 10, 2009

…dans la santé essentielle

 

raulphotographe

Conte

       Un Prince était vexé de ne s’être employé jamais qu’à la perfection des générosités vulgaires. Il prévoyait d’étonnantes révolutions de l’amour, et soupçonnait ses femmes de pouvoir mieux que cette complaisance agrémentée de ciel et de luxe. Il voulait voir la vérité, l’heure du désir et de la satisfaction essentiels. Que ce fût ou non une aberration de piété, il voulut. Il possédait au moins un assez large pouvoir humain.      Toutes les femmes qui l’avaient connu furent assassinées. Quel saccage du jardin de la beauté! Sous le sabre, elles le bénirent. Il n’en commanda point de nouvelles. – Les femmes réapparurent.      Il tua tous ceux qui le suivaient, après la chasse ou les libations. – Tous le suivaient.      Il s’amusa à égorger les bêtes de luxe. Il fit flamber les palais. Il se ruait sur les gens et les taillait en pièces. La foule, les toits d’or, les belles bêtes existaient encore.      Peut-on s’extasier dans la destruction, se rajeunir par la cruauté! Le peuple ne murmura pas. Personne n’offrit le concours de ses vues.      Un soir il galopait fièrement. Un Génie apparut, d’une beauté ineffable, inavouable même. De sa physionomie et de son maintient ressortait la promesse d’un amour multiple et complexe! d’un bonheur indicible, insupportable même! Le Prince et le Génie s’anéantirent probablement dans la santé essentielle. Comment n’auraient-ils pas pu en mourir. Ensemble donc ils moururent.      Mais ce Prince décéda, dans son palais, à un âge ordinaire. Le prince était le Génie. Le Génie était le Prince. – La musique savante manque à notre désir.

 

Les Illuminations. Arthur Rimbaud

Fuente l Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

La música sabia no acude a nuestro deseo…

 

Septiembre 26, 2009

lo que ha ardido…

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Spleen 

  

INMORTALIDAD DE LA NADA

Todo lo consumado en el amor
no será nunca gesta de gusanos.

Los despojos del mar roen apenas
los ojos que jamás
-porque te vieron-,
                    jamás
se comerá la tierra al fin del todo.

Yo he devorado tú
me has devorado
en un único incendio.

Abandona cuidados:
lo que ha ardido
ya nada tiene que temer del tiempo.

Fuente original

Muestra , corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan, de Angel González, perteneciente a la colección Beltenebros, de Ediciones Turner. 1977. Nº476.
Copyright Angel González / Ediciones Turner

 

Septiembre 21, 2009

…melancholicos esse

  

Te quiero

 
Te quiero.

Te lo he dicho con el viento
jugueteando tal un animalillo en la arena
o iracundo como órgano tempestuoso;
              
te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;
              
te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;
              
te lo he dicho con las plantas,
leves caricias transparentes
que se cubren de rubor repentino;
              
te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
              
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta;
más allá de la vida
quiero decírtelo con la muerte,
más allá del amor
quiero decírtelo con el olvido.

 

La realidad y el deseo. Luis Cernuda

 

Fuente l A media voz

  

Aristóteles ait: omnes ingeniosos melancholicos esse .

 

Fuente l Lecciones sobre metafísica de lo bello.   Arthur Schopenhauer

 

Septiembre 15, 2009

…no todo fue un sueño

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Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.
Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.

 

Una bruja hermosa y  un lobito bueno…

entonces,  no todo fue un sueño.

 

In Memoriam

 

Agosto 30, 2009

…un tardío beso

 

Á la Douceur...

 

Dernier voeu
Théophile Gautier  (1811-1872)

Voilà longtemps que je vous aime
- L’aveu remonte à dix-huit ans ! -
Vous êtes rose, je suis blême ;
J’ai les hivers, vous les printemps.

Des lilas blancs de cimetière
Près de mes tempes ont fleuri ;
J’aurai bientôt la touffe entière
Pour ombrager mon front flétri.

Mon soleil pâli qui décline
Va disparaître à l’horizon,
Et sur la funèbre colline
Je vois ma dernière maison.

Oh ! que de votre lèvre il tombe
Sur ma lèvre un tardif baiser,
Pour que je puisse dans ma tombe,
Le cœur tranquille, reposer !


Ultimo deseo

Hace ya tanto tiempo que te adoro,
dieciocho años atrás son muchos días…
eres de color rosa, yo soy pálido,
yo soy invierno y tú la primavera.

Lilas blancas como en un camposanto
en torno de mis sienes florecieron,
y pronto invadirán todo el cabello
enmarcando la frente ya marchita.

Mi sol descolorido que declina
al fin se perderá en el horizonte,
y en la colina fúnebre, a lo lejos,
contemplo la morada que me espera.

Deja al menos que caiga de tus labios
sobre mis labios un tardío beso,
para que así una vez esté en mi tumba,
en paz el corazón pueda dormir.

Versión de Carlos Pujol

 

Fuente l Poemas en francés

 

 

Agosto 29, 2009

si te es posible…

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El tiempo que te quede libre
(Jose Angel Espinoza “Ferrusquilla”)
Maria Dolores Pradera 

El tiempo que te quede libre
si te es posible,
dedícalo a mí.
 

A cambio de mi vida entera
o lo que me queda
y que te ofrezco yo.

Atiende preferentemente
a toda esa gente
que te pide amor.

Pero el tiempo que te quede libre
si te es posible
dedícalo a mí.

El tiempo que te quede libre
si te es posible
dedícalo a mi.

No importa que sean dos minutos
o si es uno solo
yo seré feliz;
con tal de que vivamos juntos
lo mejor de todo
dedicado a mi.

Y luego cuando te reclamen
y otra vez te llamen
volveré a decir:
el tiempo que te quede libre
si te es posible dedícalo a mi.

El tiempo que te quede libre
si te es posible dedícalo a mi.

No importa que sean dos minutos
o si es uno solo
yo seré feliz;
con tal de que vivamos juntos
lo mejor de todo
dedicado a mi.

Y luego cuando te reclamen
y otra vez te llamen
volveré a decir:
el tiempo que te quede libre
si te es posible dedícalo a mi.

El tiempo que te quede libre
si te es posible dedícalo a mi.

 

Tu bolero…

 

Agosto 25, 2009

En torno a Galileo…

 

Tenemos miedo a nuestra vida que es soledad y huimos de ella, de su auténtica realidad, del esfuerzo que reclama, y escamoteamos nuestro auténtico ser por el de los otros, por la sociedad. Pero esta sociedad no es la compañía efectiva de que en otra jornada hablé: aquélla, por ejemplo, la compañía o sociedad que intenta ser el amor, que era el ensayo de unir mi soledad, la autenticidad de mi vida, a la soledad de otro -que era fundir dos soledades como tales en una como soledad de dos. Mas esta sociedad a que me entrego implica que previamente he renunciado a mi soledad, que me he embotado y cegado para ella , que huyo de ella y de mi mismo para hacerme “los otros”.

Mis opiniones consisten en repetir lo que oigo decir a otros. Pero ¿quién es ese o esos otros a quienes encargo de ser yo? ¡Ah! , nadie determinado: ¿ quién es el que dice lo que se dice? ¿Quién es el sujeto responsable de ese decir social, el sujeto impersonal del se dice? ¡Ah!, pues…la gente. Y la gente no es éste ni aquél- la gente es siempre el otro que no es precisamente éste ni áquél-, es el puro otro, el que no es nadie. La gente es un yo irresponsable, el yo de la sociedad- o social. Y al vivir yo de lo que se dice, y llenar con ello mi vida, he sustituido el yo mismo que soy en mi soledad por el yo-gente  – me he hecho “gente”- en vez de ser mi auténtica vida me la desvivo alterándola.

 

Leer texto completo En torno a Galileo. José Ortega y Gasset

Agosto 23, 2009

…es de hoy

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Callos a la manera de Oporto
Álvaro de Campos

Un día, en un restaurante, fuera del espacio y del tiempo,
me sirvieron el amor como callos fríos.
Dije delicadamente al jefe de la cocina
que los prefería calientes,
que los callos (y eran a la portuguesa) nunca se comen fríos.

Se impacientaron conmigo.
Nunca se puede tener razón, ni en el restaurante.
No corrí, no pedí otra cosa, pagué la cuenta
y me fui a pasear por la calle.

¿Quién sabe lo que esto quiere decir?
Yo no lo sé y a mí me pasó…
(Sé muy bien que en la infancia toda la gente tuvo un jardín,
particular o público o del vecino.
Sé muy bien que jugar era nuestro único mandamiento
y que la tristeza es de hoy.)

Esto lo sé de sobra,
pero, si pedí amor, ¿por qué me trajeron,
a la portuguesa, callos fríos?

No es un plato que se pueda comer frío
y me lo trajeron frío.
No me quejé, pero estaba frío,
no se puede comer frío pero llegó frío.

 

Mayo 26, 2009

Contad mi triste historia a los niños que pasen.

 

Figurín_Mariana Pineda_Dalí 

Figurín de “Mariana Pineda” diseñado por Salvador Dalí

…oooOOOooo…

Carmen:
Porque has amado mucho, Dios te abrirá su puerta.
¡Ay, triste Marianita! ¡Rosa de los rosales!

Novicia 1: (Arrodillándose.)
Ya no verán tus ojos las naranjas de luz
que pondrá en los tejados de Granada la tarde.
(Fuera empieza un lejano campaneo.)

Monja 1: (Arrodillándose.)
Ni sentirás la dulce brisa de primavera
pasar de madrugada tocando tus cristales.

Novicia 2: (Arrodillándose y besando la orla del vestido de Mariana.)
¡Clavellina de mayo! ¡Rosa de Andalucía!,
que en las altas barandas tu novio está esperándote.

Carmen:
¡Mariana, Marianita, de bello y triste nombre,
que los niños lamenten tu dolor por la calle!

Mariana: (Saliendo.)
¡Yo soy la Libertad porque el amor lo quiso!
¡Pedro! La Libertad, por la cual me dejaste.
¡Yo soy la Libertad, herida por los hombres!
¡Amor, amor, amor, y eternas soledades!

(Un campaneo vivo y solemne invade la escena, y un coro de niños empieza, lejano, el romance. Mariana se va, saliendo lentamente, apoyada en Sor Carmen. Todas las demás monjas están arrodilladas. Una luz maravillosa y delirante invade la escena. Al fondo, los niños cantan.)

¡Oh, qué día triste en Granada,
que a las piedras hacía llorar,
al ver que Marianita se muere
en cadalso por no declarar!
(No cesa el campaneo.)

 
Telón lento

Granada, 8 de enero de 1925.

 

  Mariana Pineda. 1925. Romance popular en tres estampas. Federico García Lorca.

 

mariana_pineda_Lorca
Decorado extraído del libro “García Lorca. Vida y obra de un poeta” de José Monleón

 

El recuerdo de mi suplicio hará más por nuestra causa que todas las banderas del mundo.

Mariana Pineda

Imágenes extraídas de  Margarita Xirgu.

 

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