Nos Queda La Palabra

Enero 3, 2010

passez moi le mot…

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Al volver a mi estancia, vi que Casiana, reclinando su cabeza en el respaldo del sofá, estaba como adormecida. Al llegar yo a su lado se despabiló y me dijo: «Tito, tú hablabas aquí con alguien. ¿Quién era?

-No te asustes. Era una señora, una tal Efémera, que vino a traerme un recado. -¿Cómo dices que se llama? ¿Efe…?

-Efémera, nombre que quiere decir la historia de cada día, el suceso diario, algo así como el periódico que nos cuenta el hecho de actualidad.

-¡Ah… ya! ¿De modo que esa doña Femera viene a ser un periódico vivo que no dice las cosas escritas sino habladas?

 -Justo, así es. ¡Oh, Casianilla, tú tienes mucho talento y todo lo comprendes!».

 

Cánovas. Benito Pérez Galdós.

 

Fuente l Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

 

 

Enero 1, 2010

…eso sí, es cierto.

 

rudolfo6666

Johann Strauss – Die Fledermaus – The Bat – Netopýr

(Ouvertüre, overture, předehra)

 

 

Caín no sabe dónde se encuentra, no consigue distinguir si el jumento lo está llevando por una de tantas vías del pasado o por algún estrecho sendero de futuro, o si, simplemente, va marchando por otro presente cualquiera que todavía no le ha sido dado a conocer. Mira el suelo seco, los cardos espinosos, las escasas hierbas requemadas por el sol, pero suelo seco, cardos y hierbas calcinadas es lo que más abunda por estos inhóspitos parajes. Caminos a la vista, en absoluto, desde aquí se podría llegar a todas partes o a ningún lado, como destinos que se renuevan o que tal vez hayan decidido esperar mejor ocasión para manifestarse. El jumento pisa firme, parece que él sí sabe hacia dónde se dirige, como si siguiese un rastro, ese siempre confuso ir y venir de marcas de sandalias, cascos o pies descalzos que es necesario observar con atención no vaya a ser que vuelva atrás aquel que pretende avanzar, sin desvíos, directo hasta la estrella polar. Caín, que en el pasado, aparte de incipiente agricultor, fue pisador de barro, es ahora un diligente rastreador que, incluso cuando se muestra indeciso, intenta no perder las huellas de quienes por aquí pasaron antes, hubiesen o no encontrado un lugar donde detenerse y allí decirse a sí mismos, He llegado. Buenos ojos tendrá caín, no lo dudamos, pero no tan buenos que en este momento le permiten reconocer, entre las múltiples señales, las marcas de sus propios pies, la depresión causada por un talón o el arrastramiento provocado pòr una pierna cansada. Caín pasó por aquí, eso sí, es cierto. Lo descubrirá cuando de súbito se tope con lo que queda de la casa en ruinas donde tiempo atrás se resguardó de la lluvia y donde no podría abrigarse hoy porque lo que todavía quedaba de techo se derrumbó, ahora no se ven más que unos fragmentos de muros desmoronados que, con el paso de dos o tres inviernos más, definitivamente se confundirán con el suelo de donde se levantaron, tierra que vuelve a la tierra, polvo que vuelve al polvo.

 
 

Fragmento extraído de Caín, de José Saramago.

  

 

 

 

Diciembre 25, 2009

…y sentimos muy poco.

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Diciembre 23, 2009

…ni fe, ni yerba de ayer

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gcalvo77

Yira, yira (1930)

Música y Letra: Enrique Santos Discépolo

Cuando la suerte que es grela,
fallando y fallando
te largue parao;
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol;
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar…
la indiferencia del mundo
-que es sordo y es mudo-
recién sentirás.

Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa…
¡Yira!… ¡Yira!…
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.

Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao…
Cuando te dejen tirao
después de cinchar
lo mismo que a mí.
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar…
Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
¡se puso a ladrar!

 

Diciembre 22, 2009

Acción y experiencia…

 

RELACIONES ENTRE EL MATERIALISMO DIALECTICO Y EL MATERIALISMO HISTORICO.
ALGUNAS APORTACIONES DE LA BIOLOGÍA A LA CONCEPCIÓN CIENTÍFICA DEL MUNDO

(…)

Relación entre la teoría de los niveles de integración con el pensamiento de Marx y Engels.

Por conforme que, de hecho, esté con su pensamiento general Marx y Engels no podían comprender la organización de la realidad en niveles de integración energético-material, porque el estado de las ciencias experimentales de su época les oponía obstáculos infranqueables que vamos a considerar a continuación. El primero de estos obstáculos (que no haremos sino señalar) se refiere a los niveles inorganicos en que entienden las ciencias físicas y químicas, y el segundo que consideraremos con alguna extensión más, se refiere a los niveles biológicos.

En lo que respecta a la dificultad en que Marx y Engels estaban para concerbir los niveles inorgánicos baste recordar el prejuicio dualista y creacionista que padecía la física y la química de su época, al que evidentemente no podían sustraerse Marx y Engels. Me refiero a la distinción de la materia y energía como entidades radicalmente irreductibles y dadas la una a la otra desde el principio en cantidades que se conservan, la materia en forma de átomo (es decir, de piezas de peso definido intransmutables unas a otras y dadas desde siempre); interpretación que, no sólo oscurece el inmenso horizonte de la evolución del universo hacia el átomo, sino que impide investigar los átomos como lo que necesariamente han de ser: unidades internamente activas que han de sostenerse de una continua aportación energética del resto de la realidad y que, complementariamente, son un foco contínuo de acción. (De pasada, digamos, que Marx y Engels consideran certeramente que el movimiento es el modo de ser de la naturaleza, pero –por esta limitación de la ciencia coetánea– no pueden entender cómo el movimiento transcurre, cómo da cuenta de la realidad en su conjunto). Tal dualismo entre materia y energía y la consiguiente concepción ahistórica y sustantiva de ambas se derrumba a comienzos de este siglo con los descubrimientos –en los que, por lo demás, culminan las principales líneas de progreso de la física y de la química del siglo XIX– de la radioactividad (de la energía atómica) y de la relación cuantitativa de los cambios de materia en energía y viceversa por Einstein, sin duda uno de los hombres que más han dado a favor de la concepción monista de la realidad.

Pasemos al segundo obstáculo, ahora el ofrecido por la biología, que el estado científico coetáneo oponía a que Marx y Engels concibieran con suficiente claridad los niveles de integración biológicos; a saber, en sus tiempos existía una total confusión (que persiste hasta hoy) en lo que respecta a los distintos niveles de seres vivos, de la que penosamente estamos procurando salir. Baste recordar que, en 1859, se enuncia la teoría celular, pero se remite la cualidad de ser vivo a la célula y se reduce el animal a una mera asociación de células y la célula sólo es enfocada en su vinculación originaria con las demás células, lo que, dentro de su limitación, constituye ciertamente una aportación del más alto valor científico ya que, de hecho, diseña a la célula como un nivel de la realidad (2). Podemos decir que Virchow descubre empíricamente el nivel celular pero sin aprender a actuar experimentalmente sobre las células (3). Y, sobre todo descubre el nivel celular (como los grandes químicos de fines del siglo XVIII habían descubierto el atómico) sin ser conciente de ello, esto es sin comprender que las células constituyen un nivel energéticomaterial de la realidad, es decir unidades originadas por la actividad cooperante de unidades del nivel inferior y originantes, a su vez, de unidades del nivel inmediato superior (el animal). Virchow y desde entonces los citólogos consideran de modo ahistórico e idealista la célula como el sustrato “esencial” de toda vida, y, en consecuencia, por una parte, hacen caso omiso de su origen t relación permanentes con el nivel inmediato inferior (ante todo por el desconocimiento de la existencia de seres vivos de nivel intermedio entre la célula y las moléculas: los individuos protoplásmicos); y, por otra parte, niegan su carácter de ser vivo genuino, de individualidad del nivel supracelular, al animal (no obstante lo obvio que este carácter es para nosotros en cuanto animales que somos) y reduce el individuo animal, como si fuese una planta, a una mera asociación de células a las que considera portadoras exclusivas –yo diría mágicamente exclusivas– de la cualidad abstracta de la vida (4). Teniendo en cuenta esta incapacidad de la biología de establecer ni siquiera empíricamente –ni menos experimentalmente– los diversos niveles de ser vivo (por lo que siguen inextrincablemente enmarañados fenómenos procedentes de tres niveles de integración distintos) explica que los biólogos con voluntad de elevar la biología desde el conocimiento puramente empírico (la descripción y clasificación de los seres vivos) al conocimiento experimental (operar sobre ellos conforme a la previsión teórica) hayan tendido a apartarse del objeto del conocimiento propio de la biología y a remitir los problemas del ser vivo al nivel inorgánico superior, tal como este se presenta en los seres vivos, nivel este que sí, desde mucho antes de Marx, era objeto de conocimiento experimental: el propio de la química. De esta tendencia, que ha desviado de la biología de su objetivo genuino aunque ha conquistado (por la bioquímica y la genética) un gran acervo de datos, inestimable si se interpreta debidamente, no puede escapar Engels cuando afirma, en La dialéctica de la naturaleza que la vida es la química de la albúmina.

Pues bien, a pesar de la imposibilidad en que Marx y Engels estaban de distinguir los niveles de integración de la naturaleza, y muy en particular los biólogos, y por tanto de plantearse los problemas científicos (propios de la ciencia evolucionista) que son planteados por esta existencia, a saber, las relaciones de origen y de sostenimientos de unos niveles con otros, me parece que este tipo de problemas está, en cierto modo en germen en el materialismo histórico. En efecto, dentro del amplio marco de la evolución biológica, Marx se ciñe al estudio de una fase de la evolución interna de un nivel (la evolución del animal culminante, el hombre, en términos de su medio genuino, la sociedad), y prescinde del estudio del origen del hombre a partir de la evolución conjunta de los animales y, aún más, del origen y naturaleza de los animales incluyendo al hombre (5); ahora bien, tiene en cambio Marx el mérito inmarcesible de haber estudiado –el primero– la fase evolutiva humana en su conjunto, analizando cómo la acumulación de pequeños cambios provoca inflexiones bruscas del proceso de todo el nivel (de la sociedad en su conjunto). No hay duda de que su genial enfoque, integrador, dinámico e histórico, debe considerarse ya ciencia evolucionista en acción ante un primer problema que, si no corresponde aún a los de mayor profundidad de la etapa de la ciencia (6) sí es de máxima importancia y urgencia.

Para comprender este gran salto en la problemática que da Marx (desde la ciencia experimental a la evolucionista) podemos comparar el tipo de problemas que aborda Marx con el de los problemas que acucian a Darwin y que este genialmente pero sin rebasar aún los límites de la ciencia experimental (7). Para plantearnos con claridad las diferencias de profundidad con que Darwin y Marx atacan sus respectivos campos de estudio conviene que nos pongamos en claro la relación objetiva que existe entre uno y otro campo. Ante todo, desde el marco general de la evolución biológica, hay que decir que los eminentes científicos se ocupan de una misma gran etapa de la evolución biológica. La etapa presidida por la evolución de los seres vivos de nivel superior, los animales. En esta etapa como en las dos precedentes (la de la evolución del nivel protoplásmico y la de la evolución del nivel celular (8), se distinguen dos grandes subetapas: la subetapa de la evolución de los heterótrofos del nivel (en nuestro caso, la evolución conjunta de las especies animales hasta la aparición del hombre) y la subetapa presidida por la evolución del autótrofo del nivel (en nuestro caso, la evolución biológica presidida por el hombre). Los dos grandes científicos que nos ocupan se plantean coetáneamente de modo riguroso el estudio, respectivamente, de una y de otra subetapa: Darwin, la de la evolución de los animales y Marx la de la evolución del hombre. Ambos hicieron conquistas definitivas, señeras, en sus respectivos campos; ahora bien, como hemos anunciado, entre el tipo, y es más entre la altura de los problemas de uno y otro científico, existe una clara diferencia que vamos a señalar sucintamente.

Analicemos, primero, la contribución imperecedera de Darwin a la biología, la teoría de la selección natural. Esta teoría significa el descubrimiento del modo de producirse cada uno de los cambios ínfimos que, sumamos a los largo del tiempo, determinan la evolución lentísima de todas y cada una de las especies animales –y vegetales– (la mínima diferencia que normalmente ha de producirse entre los individuos de una generación y los de la siguiente). Como es sabido por todos, Darwin induce que, a semejanza de lo que ocurre con las razas de animales domésticos (que se modifican por la selección ejercida por el hombre que escoge para progenitores de los ejemplares más convenientes para los objetivos del criador), los animales de cualquier especie se van modificando lentísimamente, de generación a generación, por selección natural de los individuos más aptos para subsistir en sus convicciones peculiares de vida.

Lo anterior significa que Darwin se limita a considerar cómo se produce el cambio cuántico o elemental (la unidad de cambio) dentro de todas y cada una de las especies; pero, en cambio, a pesar del título de su obra fundamental –El origen de las especies por selección natural–, queda fuera de su sistema de preguntas comprender de qué modo la acumulación de numerosos cambios cuánticos (generacionales) así producidos desemboca, de tarde en tarde, en el hecho de que una especie experimente un notorio cambio cualitativo, a saber, su desdoblamiento en dos especies nuevas y distintas (de desdoblamiento de lo que contituía una comunidad de reproducción en dos comunidades aisladas, una de otra, en la reproducción) (9).

Con la imposibilidad con que Darwin (la biología de su época) tropezaba de plantearse cómo el cambio cualitativo se produce sobre la modificación contínua paulatina está muy relacionada su incapacidad de diferenciar cualitativamente el ambiente en medios específicos (propios de las diferentes especies): para Darwin una misma naturaleza indiferenciada selecciona el león y la gacela, el cangrejo y la avispa y, es más, simultáneamente las especies vegetales además de las animales (10). No se plantea, pues, qué es lo que realmente selecciona a cada especie con la tremenda continuidad de modo que permanezca progresando en unas direcciones invariables: no procura diferenciar cualitativamente el ambiente en diferentes medios específicos. Ni que decir tiene, que todavía más lejos del horizonte conceptual de Darwin está el problema de cómo s originan y se mantienen los seres vivos de un nivel sobre la coordinación de nivel inmediato inferior (cómo, por ejemplo, ha surgido, en la filogénesis, la primera conciencia animal y, en la ontogénesis, toda conciencia animal, de la evolución conjunta de células). Esto en cuanto a Darwin.

Pasemos a considerar como enfoca Marx su campo peculiar de estudio, que, como hemos dicho, es, en términos biológicos, la evolución del animal autótrofo, del hombre. Claro es que Marx –análogamente a Darwin en el suyo– no deja de descubrir y analizar, en la evolución humana, el correspondiente cambio elemental, cuántico, que, en todo momento y con intensidad creciente, determina el progreso de la actividad humana: a saber, los avances de la actividad productiva realizada siempre en cooperación, socialmente (11). Pero Marx da una nueva proyección a este análisis elemental suyo: por una parte, considera cada cambio concreto, no aisladamente, sino en el marco de toda la sociedad a la que comprende como la totalidad interdependientemente que indudablemente es, sujeta a leyes generales (a tenciones interna muy distintas de las que presiden la vida conjunta de los animales), que él estudia y que condicionan los cambios cuánticos, particulares; y, por otra parte, descubre la ley fundamental (las relaciones económicas) que determinan que este conjunto –la sociedad humana– esté sometida a un cambio sostenido, global, en una dirección determinada –que esté sujeta a evolución–; cambio en el que la transformación paulatina provoca de tarde en tarde, en periodos cortos señeros, la sustitución de una modalidad de relaciones generales humanas ante la producción (básica de las demás relaciones) por una nueva; por ejemplo, la sustitución de la relaciones de producción esclavistas por las feudales y las de éstas por las capitalistas.

De este modo, en lo que respecta al tema propuesto de los niveles de integración de la realidad, Marx es el primero que enfoca el estudio de un nivel –en concreto, la segunda etapa del nivel animal presidida por el hombre– de un modo que supera el propio de la ciencia experimental clásica y que, apoyado en los datos de esta, es el propio ya de la ciencia evolucionista (12). Marx percibe, por una parte, que el conjunto de todo el nivel influye sobre lo que acontece en cada unidad o punto en él, de modo que el nivel que él investiga –la sociedad humana– aparece como un todo integrado, y, por otra parte, observa que este conjunto, y, en función de él cada uno de sus elementos se va modificando paulatinamente de modo que tiene una historia en la que cabe percibir direcciones principales de cambio, es decir, es un conjunto sujeto a evolución. Descubre también que la acumulación de estos pequeños cambios en una misma dirección provoca, de tarde en tarde, el surgimiento de algo nuevo, superior; de cambios de estructuras que afectan al conjunto y que determinan la modificación irreversible de lo particular. Tal es el tipo de problemas con que se enfrenta Marx en su investigación de la sociedad humana que se caracteriza por dos rasgos: 1) por ser genuinamente científico en cuanto se apoya en el conocimiento aportado por la ciencia experimental de procesos elementales, cuantitativos, reversibles dentro de su nivel, y 2) por elevar este conocimiento a un nuevo tipo de problemas y de conceptos: la dinámica del conjunto y su evolución conjunta que culmina en cambios irreversibles. Con toda razón hay que afirmar que Marx es el científico que logra el acceso a la ciencia evolucionista que, con él, inicia una nueva etapa en el desarrollo de la acción y experiencia humanas (13).

Claro que para hacer avanzar el pensamiento evolucionista sobre el gran legado de Marx hay que esforzarse en precisar el significado y alcance de sus conquistas lo que equivale a comprender sus limitaciones y, así, a ponerse en situación de superarlas. Según hemos visto, dentro del marco general de la realidad estructurada en niveles de integración energéticomateriles, Marx estudia, de hecho, la evolución conjunta del nivel biológico superior –del nivel animal– en su segunda etapa, la conducida por la actividad humana. En este nivel, Marx estudia las leyes comunes a todos los hechos particulares del campo (por ejemplo, la primacía en ellos de lo económico), es decir, estudia su campo hasta el nivel experimental de la ciencia; investiga luego la coordinación general de la sociedad en su estado actual (el capitalismo); y, en fin, el origen y evolución del capitalismo y, es más, las leyes generales del cambio integrado de la sociedad a lo largo de la historia.

Ahora bien, este enfoque científico evolucionista de la investigación marxista del nivel animal en su fase humana plantea de inmediato nuevos problemas que Marx no podía plantearse, ni menos resolverlo, por limitaciones de su época, como son: el origen del modo de acción y experiencia humana sobre la evolución conjunta de la acción y experiencia animal, y, por tanto, la cualidad diferencial entre la conciencia humana y la de los demás animales; en qué consiste (cómo se origina y se mantiene) cada individuo humano (y, en general, animal), problema de máximo alcance evolucionista porque, por una parte, remite a comprender estas unidades en términos de fuente de energía (de acumulaciones de alimentos) ambientales, y, por otra, exige comprender cómo cada una de ellas surge sobre la evolución conjunta del nivel inmediato inferior (el celular) y, escalonadamente, las unidades celulares sobre las inmediatas inferiores, etc., lo que, en una palabra, obliga a plantearse el conocimiento de lo individual sobre la comprensión científica del todo y de la evolución de éste.

 Faustino Cordón. La biología evolucionista y la dialéctica.

http://www.nodo50.org/ciencia_popular/articulos/faustinocordon.htm

 

Coincidiendo con el centenario de la muerte de Charles Robert Darwin, quien no sólo impulsó enérgicamente la biología, sino que influyó decisivamente en el pensamiento general, en homenaje a su memoria, el eminente biólogo Faustino Cordón ofreció en tres artículos una serie de reflexiones sobre los siguientes temas:

1) Darwin como modelo de hombre de ciencia. El País, 2 abril 1982.
2) La aportación de Darwin a la biología. El País, 3 abril 1982.
3) Los problemas de la biología actual y Darwin. El País, 4 abril 1982.

 

Fuente l http://faustinocordon.org

 

Ciclo de Krebs
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 «La vida es un foco unitario de acción y experiencia, es decir, lo que distingue a un ser vivo de una máquina electrónica es algo que toma noticia del entorno; toma noticia de esa acción y vuelve a ejercer otra acción corrigiéndola. Esa cadena de acciones y experiencias es lo que distingue al ser vivo, desde el protoplasma al animal. Difieren unos y otros profundamente en lo que consiste esa acción y esa experiencia. Explicar cómo sucede esto es mi tema, qué son esos focos, lo que implica entender el universo, porque eso es su última consecuencia. Yo soy materialista y, por tanto, creo que eso es una consecuencia de la evolución conjunta de la realidad. Este problema no está visto en la ciencia actual. Nadie se preocupa de eso; y a mí me parece que es el tema más importante»

 

Faustino Cordón

 

Fuentel  l  Rafael Jerez Mir: Faustino Cordón Bonet (1909-1999): el hombre y el científico

                 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=39203

 

 

Faustino Cordón (1909-1999)

In Memorian

 

Diciembre 21, 2009

Hermosas amigas…

 

  Giovanni Boccaccio

(1313 –1375)

 Lamporecchio

Masetto de Lamporecchio, fingiéndose mudo, se hace hortelano de un convento de monjas que porfían por acostarse con él.

GIOVANNI BOCACCIO

Hermosas amigas, son muchos los hombres y mujeres majaderos que suponen que, por vestir a una moza con una blanca toca y una oscura vestidura, ha dejado de sentir apetitos femeninos, y de ser mujer, como si en roca la convirtieran al hacerla monja. Y si escuchan algo contrario a su convicción, se azoran como si algún gran y avieso mal se hubiese perpetrado contra la naturaleza, no pensando ni pretendiendo pensar en si mismos, que poseen licencia completa para obrar como deseen hasta saciarse, ni reflexionando en el inmenso poder de la soledad y el ocio. Y muchos de aquellos también imaginan que el azadón y la pala, las comidas toscas, y las fatigas quitan por completo los deseos conscupiscentes a los trabajadores del campo y les hacen de ingenio y sagacidad muy romos.

Y, como los que así creen se engañan mucho, deseo aclarárselo con un relato, según la reina me ha mandado. Existía y aún subsiste en nuestro país un convento de religiosas muy famoso por su santidad, del cual su nombre no mencionaré para no mermar esa reputación. En el que, no hace mucho, residían ocho mujeres y una superiora, jóvenes todas, y vivía un hombre humilde que era hortelano de un hermosísimo jardín. Y él, no contento con su paga, solicitó la cuenta a las mujeres y se regresó a Lamporecchio, de donde era originario. Y entre quienes con alegría le acogieron, había un labriego joven, corpulento, vigoroso y de buen semblante como de persona de aldea. Masetto se llamaba quien preguntó al recién llegado dónde había permanecido tanto tiempo. El hombre, que se llamaba Nuto, se lo contó, y Masetto le preguntó en qué servía en el convento. A lo cual Nuto respondió:

-Trabajaba yo en un amplio y hermoso jardín, y además iba a buscar leña por el bosque, y traía agua y realizaba oficios semejantes, pero me pagaban con tan poco jornal que ni para calzas me alcanzaba. Además, todas las monjas son jóvenes, y parecen que tienen el diablo en el cuerpo, de modo que nada se hace a su gusto, sino que, cuando en el plantío trabajaba yo, alguna llegaba y me decía: “Aquí coloca esto”, y otra: “Aquello ponlo aquí”, y otra, arrebatándome la azada, decía: “No está bien eso”; y tanto enfado me daba, que abandonando yo la faena me salí del huerto; así, entre una y otra cosa, no quise continuar más allí y me vine. Su administrador en cuanto partí, me rogó que si a alguien conocía de este oficio, se lo mandara, y se lo prometí; pero así Dios le haga tan sano de los riñones no pienso enviarle a nadie. Oyendo Masetto las palabras de Nuto, sintió vivo deseo de estar con aquellas monjas, suponiendo que él podría cumplir allí sus deseos. Y, presumiendo que ello no ocurriría si decía algo a Nuto, le dijo:

-Bien has hecho en venir. ¿Qué hace un hombre entre mujeres? Mejor estaría con diablos, porque ellas, seis veces de cada siete, ni lo que quieren saben. Y, acabados estos razonamientos, empezó Masetto a pensar cómo debía presentarse a ellas. Entendía el oficio de que Nuto le habló, pero temió que no le recibieran al verle demasiado mozo y bien parecido. Y, figurándose entre sí muchas cosas, imaginó: “El lugar es harto lejano de aquí y nadie me conoce. Si finjo ser mudo, de fijo me recibirán”. Y, aferrándose a esta imaginación, echóse la segur al hombro y, sin decir a nadie dónde iba, a guisa de pobre hombre entró en el convento, en el cual, al llegar, casualmente halló al administrador en el patio y, por señas, cual mudo, pidióle de comer por amor de Dios y ofrecióle, si quería, partir leña.

El otro dióle de comer de buen grado y le puso ante unos troncos que Nuto no había podido partir, pero que el joven, que muy robusto era, en pocas horas cortó. El mayordomo, que necesitaba ir al bosque, le llevó consigo y, luego de hacerle cortar más leña, le puso el asno delante y por signos le indicó que lo llevara al monasterio.

Cumpliólo todo bien el joven. y el mayordomo, para que le sirviese en algunas cosas que le eran precisas, le tuvo consigo más días. Y, viéndole una vez la abadesa, preguntó quién era, y el otro repuso:

-Un pobre sordomudo, señora, que vino a pedir limosna y a quien he encargado algunas cosas que nos eran necesarias. Si supiese trabajar el huerto y quisiera quedarse, creo que nos prestaría buenos servicios, porque anda necesitado, y es fuerte, y podría hacer lo que quisiera. Y, además, no existiría peligro de que platicase con vuestras jóvenes.

A lo que dijo la abadesa: -A fe de Dios que hablas en verdad. Mira si sabe labrar e ingéniate para retenerle. Regálale un par de zapatos y algún vestido viejo, halágale y dale bien de comer.

El hombre prometió hacerlo. Masetto, que estaba barriendo el patio, lo oyó todo y díjose, contento: “Si aquí me ponéis, yo os labraré el huerto como no os lo habrán labrado nunca”. Viendo el administrador que el mozo labraba óptimamente, por señas le preguntó si quería quedarse allí. Y con señas respondióle Masetto que haría lo que a él le pluguiese, y el hombre, aceptándolo, le impuso la tarea de cuidar el huerto y le mostró sus otras obligaciones, y luego, yendo a otras faenas del monasterio, le dejó. Y, trabajando un día tras otro, comenzaron las monjas a molestarle e importunarle y, como a menudo pasa con los mudos, le decían, no creyendo ser atendidas, las más injuriosas palabras imaginables. De lo cual la abadesa se curaba poco o nada, creyéndolo privado de oído como de habla. Y una vez que él había trabajado mucho y descansaba, dos monjas jovenzuelas que andaban por el jardín llegáronse a donde estaba y, creyéndole dormido, le miraron. Una, que era más atrevida, dijo a la otra:

-Si pensase que callabas, te diría un pensamiento que muchas veces se me ha ocurrido y del que tú también podrías aprovecharte. La otra respondió: -Habla, que nada diré a nadie. Y la arrojada comenzó: -No sé si habrás parado mientes en lo estrictamente que vivimos, y en que aquí ningún hombre osa entrar, salvo el mayordomo, por viejo, y éste por mudo. Y yo muchas veces a mujeres que nos han visitado les he oído decir que todas las dulzuras del mundo son una burla por comparación a la que siente la mujer con el hombre. Por lo que muchas veces he determinado que, si con otros no puedo, con este mudo me he de ensayar, y más que es para el caso el mejor del mundo, puesto que nada puede ni sabría decir. Ya ves que es un mozallón estúpido, más crecido que sensato. Con oiré tu parecer.

-iOh, lo que dices! -exclamó la otra-. ¿No sabes que prometido a Dios nuestra virginidad? -iOh -dijo la primera-, cuántas cosas que no se cumplen se le prometen todos los días! Si le hemos eso prometido, busca otra u otras que lo cumplan. La compañera le dijo: ¿Y si quedásemos embarazadas? Su amiga alegó:

-Ya estás pensando en el mal antes de que llegue. Cuando se produzca, se podrá pensar. Mil modos habrá de arreglarse sin que nada se sepa, siempre que nosotras no lo digamos. La otra, al oír esto, tuvo aún más ganas que la primera de probar qué animal es el hombre, y dijo: -¿Y qué haremos? La otra respondió: -Ya ves que es sobre la nona. Creo que todas las monjas duermen menos nosotras. Miremos si hay alguien en el huerto y. si no, ¿qué otra cosa tenemos que hacer sino echar mano a éste y llevarlo a esa cabaña junto al manantial? Una puede estar con él y la otra estar al cuidado. Y como él es necio se plegará a lo que queramos.

Masetto oía este razonamiento y, presto a obedecer, no esperaba sino que le tomase una de ellas. Y habiendo las dos examinádolo todo y comprobado que de nadie podían ser vistas, la que había propuesto el lance, fue a Masetto y le despertó y él incorporóse y ella, con obras lisonjeras, le tomó la mano, y mientras él reía neciamente, llevóle a la cabaña, donde Masetto, sin hacerse rogar mucho, accedió a lo que ella quería. Y la monja, como leal compañera, una vez satisfecha, llamó a ]a otra y también Masetto se plegó a lo que ella quiso, sin dejar de mostrarse un entero simple.

Y así, antes de partirse, otra vez cada una quisieron saber cómo el mudo cabalgaba, y luego, departiendo entre sí, decíanse que aquello era tan dulce y más que lo que se hablaba. Y desde entonces, escogiendo horas adecuadas, iban a retozar con el mudo. Ocurrió que, un día, una compañera suya las vio desde la ventanilla de su celda y se las mostró a dos compañeras más. Tuvieron ante todo razonamientos encaminados a acusarlas ante la abadesa, pero luego, cambiando de opinión, de consenso empezaron a participar también de Masetto, al cual, por diversos accidentes, las otras tres también hicieron compañía en varios casos.

Últimamente, la abadesa, andando un día de gran calor sola por el jardín, encontró a Masetto, el cual, durante el día, por la fatiga del mucho cabalgar por la noche, se había tendido a dormir a la sombra de un árbol. ‘Y habiéndole el viento alzado las ropas, hallábase todo él descubierto. Lo que, mirándolo la mujer y hallándose sola, hízola caer en igual apetito que sus monjitas y, despertando a Masetto. se lo llevó a su cámara, donde le tuvo varios días, con gran desolación de las monjas al ver que su hortelano no salía a labrarles el huerto.

Y la abadesa probó y reprobó aquella dulzura que usualmente ante las otras solía censurar. En fin, mandóle a su aposento y buscóle otras veces, y como las demás le buscaban también, no pudiendo el hombre satisfacer a tantas, pensó que el seguir siendo mudo podría arrojarle gran daño, y una noche, estando con la abadesa, al separarse de ella, comenzó a decir:

He oído, señora, que un gallo se basta para diez gallinas, pero que ni aun diez hombres se bastan para satisfacer a una mujer, de suerte que a mí me conviene servir a nueve. Por nada del mundo podría perseverar en ello, y aun con lo hecho, he venido a tal extremo, que ya no puedo hacer ni poco ni mucho, por lo que, o me dejáis ir con Dios, o buscáis remedio a este caso.

La mujer, oyendo hablar al que tenía por mudo, pasmóse y dijo: ¿Cómo es esto? Te creía mudo. -Señora -dijo Masetto-, lo era, pero no por naturaleza, sino por una enfermedad que me privó del habla, la cual solamente desde esta noche me ha sido restituida, por lo que alabo a Dios en cuanto puedo.

Creyólo la mujer y le preguntó qué significaba aquello de haber de servir a nueve mujeres. Lo contó todo Masetto, y la abadesa, advirtiendo que no había monja que no fuera más experta que ella, como discreta, y aunque sin dejar partir a Masetto, convino buscar remedio al mal con sus monjas, para que por Masetto no fuese el monasterio vituperado.

Y como en aquellos días había muerto el administrador, ellas, de común acuerdo, y revelándose entre sí lo hasta entonces hecho a escondidas, convinieron, con placer de Masetto, en hacer creer a las gentes del contorno que sus oraciones y los méritos del santo bajo cuya advocación estaba el monasterio habían restituido a Masetto el habla tan largamente perdida: y le hicieron administrador, y tan hábilmente se distribuyeron entre todas las fatigas del hombre, que él pudo fácilmente soportarlas. Y entre ellas, aunque bastantes monjitos el buen hombre generoso, tan diestramente se llevó la cosa que nada se supo hasta después de la muerte de la abadesa. Siendo ya Masetto viejo, padre y rico, sin el trabajo de nutrir a sus hijos y costear sus gastos, habiendo con su agudeza sabido manejarse bien en la mocedad, volvió al sitio de donde había salido con la segur al hombro, afirmando que así trataba Cristo a quien le ponía cuernos en la cabeza.

 

Fuente l Bibliotecas Virtuales (Educar.org)

Diciembre 17, 2009

queestasleyendo

 

queestasleyendo

León está leyendo un libro de Marcos Ana sobre la guerra civil española, las poesías de Bob Dylan y de Olga Orozco.

 

EN EL UMBRAL

Deseché las respuestas
para quedarme sin preguntas.
Estoy golpeando las puertas del cielo.

Daniel Chirón. ”Candelabros”, 1994.

 

 Por mucho que nos duela

a  Josefina Susana Fragueiro

¿Y ahora dónde estás,
expulsada de todos los paraísos de este mundo,
sin haber encontrado tu lugar ni en el bosque de la cigarra ni en la torre de la hormiga,
y ni siquiera en un páramo de soledad que se amoldara como un hecho resignado a tu cuerpo,
como una almohada de renunciamiento a tu cabeza?
Ya habrás cruzado lúcida, con tus ojos de lámpara votiva,
ese punto de fuga del que hablabas,
donde empieza a invertirse la distancia y a ensancharse la tierra de la promisión.
Ahora, cuando podrías enseñarme todos los subterfugios del camino,
simularás sin duda no saberlos para exaltar las orgullosas tentativas de mis pies
y erigirme un sitial de reina en mis errores,
igual que de este lado.
¡Hemos andado juntas tantos años palpando las costuras que nos unieron a este trama!
Tú cortaste los nudos y soltaste de un golpe todas las puntadas,
con ese mismo exceso con que repartías tu pan y te precipitabas en el abismo y en la hoguera
-sí, el desmedido amor, la pasión desmedida,
la desmedida inercia frente al rito vampiro de la fatalidad-.
Te arrancaste tu bolsa de intemperies, tu ropaje de huesos,
el puñado de grises piedrecitas adheridas al último pliegue del destino,
la mordaza de arena,
y huíste por las vertiginosas galerías sin otro sol que tu alma
ni más abrigo que dos o tres nombres apretujados contra tu desnudez
igual que relicarios.
¿Y no podremos ya entreabrir otra vez los bordes de las sombras
como los de una brecha por donde vida y muerte intercambian piadosas sus rehenes
en forma de fantasmas?
¿Alguna vez podríamos tomarnos de la mano,
cuando estemos muy solas,
cuando el pavor recubra con pelambre de tigre todas las ventanas?
Mi mano, al encuentro de la tuya, no recibe respuesta,
como si resbalara por la desnuda y ciega superficie de un espejo que borra.
Mis ojos sólo registran el ardor de una inmersión sin fin en el vacío inexorable.
Mis palabras son como vidrios transparentes trizados contra el muro.
¿Puede ser que no vengas, tú, que siempre acudías antes de ser llamada,
tú, que te adelantabas como un atajo a la necesidad
y que volabas como un pájaro blanco atraído por el sahumerio de un deseo?
¿Puede ser, mensajera de los desayunos, vigía en la epidemia y la tormenta?
Quizás te hayas confundido otra vez el lugar y las horas
y antes como viajera perdida nuevamente entre dunas errantes y encrucijadas circulares,
con ese aire confuso de los que no se sienten esperados,
de los que van hacia ninguna parte.
Acaso te detengas en esos sitios como catedrales en los que resonó tu voz de Piaf,
ese grito subiendo en borbotones desde el amor herido hasta la desagarrada garganta el perdón:
o en esas habitaciones miserables que aspiraban tu vida en un negro bostezo
y te arrojaban al azar y al desorden como a dos ventisqueros;
o junto a esas mesas en las que bebías tu alcohol a grandes llamaradas,
no para ver el mundo a través de una fiesta, sino para quemarle la pial al infortunio;
o en ese altillo donde me dejaste un árbol de alucinada Navidad
como un angel posado para siempre sobre cualquier rincón inhóspito del año;
o allá mucho más lejos, en casas que hoy son nubes,
donde podías extraer la dicha de un perfume, una cabeza de una piedra,
cuando aún no tenías esa doble visión de los que perfeccionan el fracaso como un huecograbado,
cuando aún no asfixiabas con rejas los retratos,
cuando te arrebujabas en el porvenir bajo el manto de Donatello y Miguel Ángel,
y aún era temprano.
¿Y estarás ajustando más las cuentas,
borroneando tu torturada biografía con tachaduras que son un signo menos?
¿O te retienen por un ala desde arriba,
mientras pugnas por desasirte con esos tormentosos aleteos,
con esa fuerza de bestezuela exasperada con que te resistías a las jaulas de cualquier ordenanza,
acumulando sólo lastimaduras y castigos, con extraña paciencia?
¿O aún no has logrado entrar y no puedes adelantarte a la salida?
No puedo suponer que estás sentada en tu silla de Van Gogh haciendo otra durísima antesala,
repasando los agujeros de tu historia en busca de las llaves,
como si no estuvieran estampadas con fuego en tus dos manos,
como si fueran necesarias;
o que esperas entre celestes agapantos soñando que te despiertas en el alba harapienta,
de cara a la pared,
donde había una puerta que acaban de tapiar y una cortina que se desvanece,
y giras la cabeza y no aciertas a distinguir tus pobres pertenencias,
la exigua certidumbre que te amparaba cada día.
No puedo soportar que veles suspendida de un reflejo, acorralada en lo imposible.
Soy yo quien anda a tientas sin hallar la consigna,
o quien fragua visiones con el humo que exhalan sus propias pesadillas.
¡Tanto velo ilusorio para cubrir los huecos de tu ausencia!
No, no te esfuerces más por hacerte visible probándote los vendajes de la niebla,
no trates de secarme cada lágrima con un soplo de invierno,
no intentes susurrar con el chisporroteo de los leños las viejas melodías.
Tú y yo no precisamos más evidencia que la sed
para saber que en algún lado gorgotean las aguas subterráneas.
¡Hemos andado juntas tantos años bajo estas pavorosas ruedas fulgurantes esperando un milagro!
Ahora donde quiera que estés está el milagro:
ésa es “la tierra de ninguna parte, tu verdadera patria”.
Allá está la flor de oro, la corona de luz,
el corazón secreto de la joya que late con tu corazón y alumbra las tinieblas.
No mires hacia atrás.
Asciende, asciende hasta perdernos de vista como a las migraciones de este último otoño,
como a los huesos que se disgregan en la playa.
Y olvídanos junto a la loza rota, los calendarios muertos, los zapatos;
olvídanos tiernamente, con esa fervorosa obstinacion que tú sabes,
pero olvídanos, por mucho que te cueste,
por mucho que nos duela todavía.

 

Olga Orozco. Por mucho que nos duela. Num. 15 de La noche a la deriva (1984)

 
.

Las chicas habían hecho que le cayera el pañuelo sobre un ojo y tenía problemas para ver por dónde caminaba.

-Ustedes, gentes destempladas, apenas conseguiran votos de los electores.

Le empujaron a través del portón a la acera. Las pitas de la entrada le picotearon dolorosamente las pantorrillas  y dió un traspiés hacia adelante.

- Bueno, compadre- dijo Frieda desde el otro lado de la puerta, mientras la cerraba-. Te damos diez minutos de ventaja. Luego, empezamos a peinar el Barrio Francés.

- Y mejor será que no demos con ese culo gordo- dijo Liz.

-Desparece gordinflón- añadió Betty-. Hace mucho que no tenemos una buena pelea. Estamos deseando tener una.

-Vuestro movimiento está condenado-balbuceó Ignatius a las chicas, que se empujaban entre sí desandando por el camino-. ¿Me oís? Con-de-na-do. No sabéis nada de política ni de cómo hay que convencer a los electores. No ganaréis ni en un sólo distrito del país. ¡Ni siquiera en el Barrio Francés!

La puerta se cerró de golpe y las chicas volvieron a la fiesta, que parecía haber recuperado impulso. Sonaba la música de nuevo e Ignatius oyó gritos y chillidos aún más estrepitosos que antes. Golpeó las persiansas negras con el sable, gritando: “¡Perdereis!”.

Respondieron a su grito los taconazos de muchos pies danzantes.

 

La conjura de los necios. John Kennedy Toole.

 
 

Fuente original

Título de la edición original:

A Confederacy of Dunces

Lousiana State University Press

Baton Rouge, 1980

© Thelmna D. Toole, 1980

© EDITORIAL ANAGRAMA, 1982

ISBN: 84-339-3014-1

 
.
 
El sabio es sabio de acuerdo con la prudencia que lo exorne, se dice… 

 

José Saramago. Todos los nombres. 

 
 
 

Diciembre 16, 2009

…y es bastante si se sabe

A RAFAEL ALBERTI

A veces-lo confieso-, como un niño

lloro a solas y pienso en el fracaso:

Esta vida gastada en calderilla,

la espuma de unas olas de aparato.

.

Llorar es no entender. Sí. Lo comprendo.

Pero yo estoy mirando el precipicio

de los años que pasan y no cuentan,

y  todo ante este horror se vuelve grito.

.

Puede ser cualquier gesto no explicable

o llanto y risa juntos: El gemido

de una hiena en la noche. Y el recuerdo

que entra por la espiral en el abismo.

.

Me han dicho que tú lloras fácilmente.

Yo lloro sin saber lo que me digo.

Y río como creo que tú ríes

en el trueno de un vino con amigos.

.

La desesperación de la alegría,

el caer y caer en la nostalgia,

los hipnóticos giros de los buitres

en torno a una carroña que así imantan.

.

De todo lo intentado,  ¿qué nos queda?

Una tranquilidad hasta la muerte.

Hicimos cuanto estuvo a nuestro alcance

y  hoy va, bien afluido, en la corriente.

.

Nos quedan además unos amores

perdidos y ganados con la vida:

Amigos esparcidos y sin nombre

que un poema feliz no ganó un día.

.

Mas nos queda también una amargura,

Porque un día nacimos como dioses

y  todo lo que dimos ha quedado

en nobleza de sólo pobres hombres.

.

Entonces, renunciamos a la lucha

y  para ser felices como Lope

pedimos, y es bastante si se sabe,

“dos libros, tres pinturas, cuatro flores”.

.

(Poema no recogido en libro.)

 

Otras cartas. Las cartas boca arriba. Gabriel Celaya

 

Fuente original

LAS CARTAS BOCA ARRIBA

Gabriel Celaya

© Ediciones TURNER S.A., Madrid, 1974.

Diciembre 14, 2009

II Foro SD09

 UstreamTV

II Foro Internacional de las Sociedades Digitales

Buenos Aires 2009

El II Foro Internacional de las Sociedades Digitales es un evento impulsado por la Fundación Sociedades Digitales y la Asociación Civil Caminos Esperanza que cuenta con una edición como antecedente, realizada en el mes de noviembre de 2008 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. De aquella experiencia fueron partícipes 300 foristas presenciales y mas de 2000 foristas en modalidad virtual, desde diversos puntos del planeta a través de la IPTV y el chat.La edición 2009 se realizará el día 14 de diciembre, durante una jornada que comenzará a las 9 de la mañana y finalizará a las 19 hs, contemplándose un corte al mediodía para almorzar. 

Cronograma:

9.30 Hs – Recepción y acreditaciones.

10. 00 Hs – Apertura  del foro

1- Sebastián Lorenzo, Presidente de la Fundación Sociedades Digitales.

2- Juan Manuel Abal Medina , Secretario de Gestión Pública de Argentina.

3- Rafael Estrella Pedrola, Embajador de España en Argentina.

11. 00 Hs – Break

11.30 Hs – Mesa de ponencias: Los partidos políticos en el Siglo XXI.

1- Victor Santamaría, Presidente del Consejo del Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires.

2- Javier Noguera, Secretario Innovación y Desarrollo Tecnológico de Tucumán.

3- María González Veracruz, Secretaria de Innovación y Nuevas Tecnologías del Partido Socialista Obrero Español.

Modera: María Sol Tischik, coordinadora general del II Foro Internacional de las Sociedades Digitales

13.00 – Clase magistral: “Televisión Digital Terrestre: hardware, software y contenidos” a cargo de Osvaldo Nemirovsci, Coordinador General del Consejo de la Televisión Digital Terrestre Argentina.

Modera: Juan Izaguirre, Director de Radio LT11 General Francisco Ramírez, Concepción del Uruguay, Entre Ríos.

14.00 Hs – Break

15.30 Hs – Debate Público: Neutralidad Tecnológica en el Estado

Expresan y defienden la posición de la NO NEUTRALIDAD: 
1- Martín Olivera, Asociación Civil Software Libre de Argentina.
2- Ariel Vercelli, Presidente de la Asociación Civil Bienes Comunes.
3- Julian Somodi, General Manager, Red Hat South Region.

Expresan y defienden la posición de la NEUTRALIDAD:
1- Fernando Racca, Presidente de la Cámara de Empresas de Software Servicios Informáticos.
2- Alejandro de León, IBM.
3-

Moderan: Jorge Cabezas, Coordinador Programa Inclusión Digital INADI y Mariano Grecco, Director de Recursos Informáticos ONTI.

Presenta: Patricia Pitaluga, Programa Acercando Naciones.

16.40 Hs – Best Practice: Open Government y Administraciones 2.0. Lanzamiento formal de los proyectos “Open Government, el libro” y “Observatorio Iberoamericano de Open Government”.

Ponencia a cargo de César Calderón, Socio-Director de la empresa española AUTORITAS, impulsor del proyecto “Open Government, El Libro”,  Coordinador de la LasIdeas.es.

Modera: Daniela Vilar, Directora de PIENSA DIGITAL S.A., consultora del proyecto “Observatorio Iberoamericano de Open Government”.

17.40 Hs – Entrega de distinciones SD09 – Cierre de la Jornada

 

El registro gratuito es posible todavía hoy,  lunes, 14 de Diciembre de 2009, hasta  las 11:30 hs.

El II Foro de Sociedades Digitales dará  comienzo, una hora después,  a las 14:00 hs, hora peninsular española.

 

 El evento se podrá seguir en forma presencial o virtual.

La modalidad virtual permitirá interactuar y hacer preguntas a los panelistas en tiempo real.

 

II Foro de las Sociedades Digitales – Diciembre2009 Buenos Aires is on Facebook

II Foro de las Sociedades Digitales – Diciembre 2009 Buenos Aires is on Twitter

#SD09

 

Diciembre 13, 2009

Un loco

 

Es una tarde mustia y desabrida

de un otoño sin frutos, en la tierra

estéril  y raída

donde la sombra de un centauro yerra.

Por un camino en la árida llanura,

entre álamos marchitos,

a solas con su sombra y su locura

va el loco, hablando a gritos.

Lejos se ven sombríos estepares,

colinas con malezas y cambrones,

y ruinas de viejos encinares,

coronando los agrios serrijones.

El loco vocifera

a solas con su sombra y su quimera.

Es horrible y grotesca su figura:

flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,

ojos de calentura

iluminan su rostro demacrado.

Huye de la ciudad…Pobres maldades,

misérrimas virtudes y quehaceres

de chulos aburridos, y ruindades

de ociosos mercaderes.

Por los campos de Dios el loco avanza.

Tras la tierra esquelética y sequiza

-rojo de herrumbre y pardo de ceniza-

hay un sueño de lirio en lontananza.

Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!

-¡carne triste y espíritu villano!-.

No fue por una trágica amargura

esta alma errante desgajada y rota;

purga un pecado ajeno: la cordura,

la terrible cordura del idiota.

Campos de Castilla (1907-1917). Antonio Machado

 

Vía l  Algún día en alguna parte:  13 de diciembre 2009. Homenaje a Antonio Machado.

 

 

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