… al pueblo tunecino, egipcio, al pueblo árabe, por habernos hecho ver y creer…
” Pero, en otros momentos, no puedo dejar de reivindicar el orgullo de vivir que el mundo entero conspira a darme. En Tipasa, el ver equivale a creer y no me obstino en negar lo que pueden tocar mis manos y acariciar mis ojos. No siento la necesidad de hacer de ello una obra de arte, pero sí de contar lo que es diferente. Tipasa se me antoja como esos personajes que describimos para expresar indirectamente una opinión sobre el mundo. Como ellos, da testimonio; y lo da virilmente. Ella es hoy mi personaje, y me parece que acariciándola, mi embriaguez no tendrá fin. Hay un tiempo para vivir y un tiempo para testimoniar la vida. Hay también un tiempo para crear, lo que es menos natural. Me basta vivir con todo mi cuerpo y testimoniar con todo mi corazón. Vivir a Tipasa, testimoniar, y la obra de arte vendrá luego.Hay en esto una libertad.”
En mi memoria, al regresar a los días que compartimos, no pude evitar recordarle conversando; él ayer hubiera sabido contagiarnos la alegría, con sus palabras, su música, su arte y su maestría, en tan significativo día…
La orquesta West Eastern Divan dirigida por Daniel Barenboim interpretando la Sinfonía nº 7 en La mayor de Beethoven en la Mezquita de Córdoba…
***
Con la llegada de la democracia Pepín pudo reanudar la relación con amigos muy queridos de los años de la Residencia, como Luis Buñuel, Rafael Alberti, Jesús Val y Gay, Rosita García Ascot…Siguió acudiendo a tertulias en los cafés Lyon, Teide, Gijón…Viajó a Toledo para ver a Fernando Chueca en su casa-museo de Muñárriz; y se vio a menudo con Juan Benet.
A partir de la recuperación de la Residencia, el nombre de Pepín comenzó a sonar como uno de los pocos que vivió intensamente la época dorada de La Colina de los Chopos, cuando a ella iban a hacer música Francis Poulene, Ricardo Viñes, Darius Milhaud, Manuel de Falla, Wanda Landowska, Maurice Ravel, Igor Stravinsky, Joaquín Turina, Conrado del Campo, Ernesto y Rodolfo Halffter, Julián Bautista, Rafael Benedito, Gustavo Durán, Salvador Bacarisse, Gustavo Pittaluga, Jesús Corvino, Sedano, Martínez Torner, Lola de la Torre…Cuando allí daban cursos Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso y conferencias Unamuno, Azorín, Ortega, D´Ors, Díez-Canedo, Federico de Onís o Luis de Zulueta. Donde había un laboratorio de fisiología y de anatomía patológica con científicos como Juan Negrín, Hernández Guerra, Corral, García Valdecasas, Rafael Méndez, Severo Ochoa, Grande, Blas Cabrera, Achúcarro, Abelardo Gallego o Pío del Río Ortega y su discípulo Leopoldo López García. En aquellos años uno podía encontrarse en el comedor a Antonio Machado, Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Rafael Lapesa, Eugenio D´Ors, Paul Valéry, G.K. Chesterton, Marie Sklodowska (Madame Curie), incluso al mismísimo Albert Einstein, cuya visita llevó a Blas Cabrera a publicar Principios de la relatividad.
Fueron residentes, entre muchos otros, el cardiólogo Luis Calandre, el filólogo Antonio G. Solainde, el geólogo Pedro Castro, el psiquiatra Miguel Prados, el químico J. Renedo. Y el educadísismo, escéptico, amigo de sus amigos, irreductible en su ejemplar sentido moral, agitador del surrealismo, noctámbulo impenitente, bebedor de buena cerveza, inventor de neologismos, wagneriano de pro y admirador incondicional de Beethoven, es decir, José Bello Lasierra, autor, entre otros escritos, del primero y del último de los capítulos de la novela dadaísta Lucas Grupo o el héroe andorrano, hasta ahora perdidos. Su escasa y desconocida obra llevó a Bergamín a considerarlo “padre extraliterario” de los surrealistas españoles, y en cierto modo lo fue.
Introducción a un texto surrealista de Pepín Bello.
Andrés Ruiz Tarazona
Burgos, 22 de Mayo de 1952
Querido Alfonso: el miércoles llegó Wagner. Con anterioridad me había escrito anunciándome su llegada y su estancia aquí conmigo durante unos días. Excuso decirte mi alegría. Bajé a esperarle. Vino en el mixto de Miranda a las tres y media de la madrugada. El encuentro en la estación puedes imaginarte que no carecía de emoción para mí. Él no me conocía. Yo a él… ¡quién desconoce al gran Ricardo Wagner! En cuanto le vi en la ventanilla me acerqué con el corazón palpitante.
(…)
Visita de Richard Wagner a Burgos. José “Pepín” Bello.
Las hierbas.
Yo me cortaré la mano derecha.
…Espera.
Las hierbas.
Tengo un guante de mercurio y otro de seda.
Espera.
¡Las hierbas!
No solloces. Silencio, que no nos sientan.
Espera.
¡Las hierbas!
Se cayeron las estatuas
al abrirse la gran puerta.
¡¡Las hierbaaas!!
…prefiero escribir las palabras solas
solas palabras
que han de cantar tu nombre.
...y dime tú que lo sabes dime si
puede ser que esta tarde aún
llueva en mí el recuerdo
húmedo de su cara y se deshaga el
gris del cielo en el verde
del árboly dime si además podré
coger un día los dedos que el sol pasará
a través de la persiana por la
mañana al despertar cerca del mar
mediterráneo y el olor del café y el pan tostado que aunque vengo de lejos soy niño y tengo ganas de comer y de nadar en agua salada sobre el cuadro pintado en tela transparente que se expone al peligro en medio de la sala en el techo moviente de su red de luz cuando pasa la barca se dibuja vivo en su expansión de cariño asesinando la cortina sobre la alfombra que una ola de sábanas rodilla en el suelo el espejo se trae prisionera al ángulo del cuarto visto desde la puerta abierta escondida en el negro del pasillo y haciendo añicos al abanico patas abiertas en la butaca de seda que esconde su calor debajo de la cama el brazo tapándose la cara y poniendo cada cosa en su sitio otra vez a la medida de los golpes de su pulso en el silencio de la alcoba cantando las campanas y los mirlos rascando ahora por la tarde a las seis que ya no puedo más de este milagro que es el no saber nada en este mundo y no haber aprendido nada sino a querer las cosas y comérmelas vivas y escuchar sus adiós cuando suenan las horas desde lejos y se van jugando al horizonte (…)
Granada, no tengas miedo
de que el mundo sea tan grande,
…de que el mar sea tan inmenso.
Tú eres la novia del aire.
La de la sombra de plata,
…la del almendro, la que parece de nieve
y por dentro es fuego.
Estrella Morente cantó a su padre Enrique la “Habanera imposible” de Carlos Cano, y “La Guitarra” de Lorca, en el teatro Isabel la Católica de Granada en la tarde del 15 de diciembre de 2010, momentos antes de partir hacia el cementerio de San José.
Empieza el llanto
…de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible
callarla.
Con las guitarras de Juan y Pepe Habichuela, los tangos de Morente, en una actuación el la Plaza de los Aljibes de La Alhambra de Granada (1994), adaptación del poema “La fonte que mane y corre” de San Juan de la Cruz.
La fonte que mane y corre
San Juan de la Cruz
.
Aquella eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche
Su origen no lo sé, pues no le tiene, mas sé que todo origen de ella tiene, aunque es de noche.
Sé que no puede ser cosa tan bella, y que cielos y tierra beben de ella, aunque es de noche.
Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.
Su claridad nunca es oscurecida, y sé que toda luz de ella es venida, aunque es de noche.
Sé ser tan caudalosos sus corrientes. que infiernos, cielos riegan y las gentes, aunque es de noche.
El corriente que nace de esta fuente
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.
El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.
Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.
Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras
porque es de noche.
Aquesta viva fuente que deseo, en este pan de vida yo la veo, aunque es de noche.
El 1 de agosto de 1970, en la página 41 de la revista Triunfo, Paco Almazán daba noticia de un homenaje que se le tributaría al cantaor Pepe de la Matrona, con motivo de la celebración de la 1ª Porra de Archidona, festival flamenco que creara ese año José Luis Ortiz Nuevo. En ese homenaje participaban Morente y Menese. El 16 de agosto, en el 600 familiar llegamos a Archidona mi mujer y yo.
Hace mes y medio tuvimos a Ortiz Nuevo en el curso sobre flamenco en la Sede de la Universidad y hoy el Aula de la CAM nos gratifica con la actuación Morente. Se inscriben en el registro 37 años. ¿Qué ha pasado desde entonces? Pues que Enrique Morente es la levadura que fermenta, la bisagra desde la que gira el desarrollo del cante flamenco. Y esto dicho con palabras inmediatas, con metáforas de signo muy sencillo y legible.
Le trajimos a cantar a Alicante, en la calle San Fernando, en 1973, cuando le acompañaba a la guitarra Manzanita, para seguir muy afecto a esta ciudad hasta en cinco ocasiones, bien en los Encuentros de Flamenco en el Aula de Cultura, bien cantando saetas en el Barrio de Santa Cruz, bien interpretando la misa flamenca en Santa María. En todas esas ocasiones, un referente nuevo había incorporado a la masa constitutiva del flamenco. Cantó en el 71 al oriolano Miguel antes que lo hiciera Serrat; en el 77 sustituyó a la guitarra por órgano sintético para entonar la siguiriya al tiempo que le premiaban con el Nacional de Música por su ortodoxia para con Chacón; paseó por los teatros y el cine, musicó desde Bergamín a Lope de Vega y en el 96 hizo temblar las murallas del templo viajando con el Federico neoyorkino hacia un hito revolucionario en el flamenco: “OMEGA”.
El flamenco, como universo de signos donde la música se convierte en un “medio de unión simbólica y un acontecimiento social de identificación” permeable desde que, a mediados del siglo XIX se hiciera luz visible, nos parece a muchos protagonista de “modelo comunicativo en proceso abierto , en el que el mensaje varía según los códigos, los códigos entran en acción según las ideologías y las circunstancias, y todo el sistema de signos se va reestructurando continuamente sobre la base de la experiencia de descodificación que el proceso instituye” (Umberto Eco).
Pues bien, con motivo de una intervención de Morente en el III Encuentro de Flamenco (1975) en el Aula de Cultura (de la entonces Caja de Ahorros del Sureste de España) dejamos constancia de que era el tiempo de “la conjunción más fructífera que se le ha dado pasar al cante: con situaciones objetivas radicalmente nuevas en el ámbito de la estructura social; el inicio de una clarificación y transparencia en la misión de los aparatos ideológicos y, finalmente, la práctica introductoria de una creativa artística en gestación, que se atreve a la remodelación de las formas expresivas”, concluyendo que la factura creativa de Enrique Morente participaba de esos tres principios sustentadores del cante jondo.
En ese universo de signos, Morente ha incidido en los valores conceptuales incorporando condiciones de reconocimiento a fórmulas personales para diversos cantes (materia que precisamente está analizando Balbino Gutiérrez, a quien tendremos la semana próxima en el curso de la Sede), dejando obsoleta la falacia sobre pureza-heterodoxia, manejando la argumentación persuasiva del buscador, del curioso hipersensible avanzando los tiempos, (recuerdo la ocasión en que -hace ya muchos años- mi hijo Pablo le enfrascó con Tom Waits y Van Morrison). Enrique Morente es hoy el activo obligado para quienes vemos el flamenco como arte.
José A. Martínez Bernicola es profesor de la Universidad de Alicante.
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
El próximo miércoles, día 6, se presentará en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Elche (20 h) el libro El otro sumarísimo contra Miguel Hernández, de Enrique Cerdán Tato, autor que cuenta con un espacio propio en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Coincidiendo con el centenario del nacimiento del poeta oriolano, Cerdán Tato indaga en el procedimiento sumarísimo 4.487 que, según el autor, “pone de manifiesto que a Miguel Hernández se le abrió un juicio paralelo por adhesión a la rebelión lleno de irregularidades, no sólo ilegítimo, sino también ilegal, y que sólo se archivó tras su muerte”.
La obra, editada por el Ayuntamiento de Elche, combina las reproducciones de los documentos descubiertos con los comentarios del autor, así como con otras referencias al proceso 21.001 y correspondencia. El libro también ayuda a esclarecer algunos datos biográficos de los últimos años del poeta, como la fecha de la detención de Miguel Hernández.
Hay libros que nos acompañarán siempre con sus secretos. Perito en lunas de Miguel Hernández es uno de ellos. Lo escribió el poeta de Orihuela en su primera juventud. Fue su obra inicial y no tuvo el impacto que él esperaba y el texto merecía. En 1932, un joven se lanzó por los caminos que el hermetismo gongorino le señalaba. Hizo una obra tardía, que apareció en enero de 1933, en el marco todavía de la conmemoración del tercer centenario de Góngora en 1927. La mímesis hermética se situaba a veces en lo incomprensible y el propio Miguel tuvo que poner títulos en un ejemplar de Federico Andreu Riera para que éste entendiese los poemas.
(…)
El libro de Ramón Fernández se sitúa por tanto en la interpretación minuciosa del hermetismo gongorista hernandiano y es un ejercicio de honestidad intelectual manifiesta. Ha leído mucho de lo que se ha escrito sobre aquel libro, ha reflexionado sobre cada poema y el resultado es la interpretación nueva, a veces arriesgada, pero siempre posible, de sus significados ocultos. Me cabe por tanto felicitar al autor de esta interpretación y animar a su lectura.